lunes, octubre 31, 2005

El Libro de los Suenos II

El LIBRO DE LOS SUEÑOS CAP II



Los jóvenes se acomodaron en fila.

-“por favor, vamos a subir en orden” indicó la profesora Osorio.

-primero tú Rebeca- señalando a la joven con aquella barriga que duplicaba el tamaño de un balón de playa.

Una vez Rebeca subió y tomó asiento el resto del grupo hizo lo propio.

-¿Trajeron lo que les indiqué?- preguntó la profe.

Todos asintieron...

¡Aliana!, Exclamó Frankie

-¿Te vas a mudar?- preguntó en tono de asombro y de broma

Todos miraron a la chica…la imagen era única.

Vestía de zapatos de plataforma y llevaba cuatro maletas que podían guardar todas las cosas que los demás llevaban.

Apenas podía arrastrarlas…y miraba a Lorenzo con cara de súplica.

-jajajaja se rió Frankie al igual que los gemelos.

¡Va de Safari por tres días! ¡Apuesto que lleva ahí un spa portátil!

La profesora no pudo mas que contener la risa.

Aliana- dijo-

No puedes llevar todo eso. Esta actividad es lo más sencilla posible.

La cara de Aliana se tornó trágica. Nunca salía sin maquillaje y mucho menos sin el blower de las mañanas.

Protestó, pero tuvo que dejar las maletas y traer un solo bulto…que de por sí era grande.

Según se acomodaban la profesora tomaba nota de los artículos que llevaban..

- Buenos días- interrumpió una voz ronca pero fina. Era el chofer. El mismo tipo flaco que había entrado cargando los libros de Raquelín Osorio.

Nadie respondió.

-Creo que dije BUENOS DIAS- repitió en tono mas tajante y esperando una respuesta.

Buenos Diiiiiiiaaaas- todos berrearon a coro.

Javier se atrevió a preguntar- ¿A dónde nos lleva?

El chofer miró por el retrovisor y contestó,

“pónganse cómodos que el viaje será largo y sin paradas”

-¿SIN PARADAS?!!!!, respingó Rebeca al tiempo que ponía cara de urgencia…la pobre estaba con ganas de mear cada 10 minutos…

Bueno…en tu caso haremos alguna… contestó el chofer.

-Jóvenes- interrumpió Raquelín
El es el Sr. Bienvenido Gato Ladra- dijo, presentando al chofer.

Frankie y los gemelos se miraron con un brillo malvado a los ojos…

Miau,Woof Woof miau, jajajajajaj corearon juntos…

Jajaj….se empezó a reir Gloria al tiempo que se encontraba con la mirada helada y mortífera de Raquelín.

Gloria se tragó la risa, Pilar estaba a punto de reir también… pero manejo la situación lo mejor que pudo y miró para afuera, Aliana tenía la cara escondida dentro de su bulto y aparentaba estar llorando. Y Lorenzo a su lado se tapaba la cara y miraba al vacío. Era obvio que todos estaban muertos…de la risa.

¿Dónde está Néstor?, preguntó Raquelín…

Todos miraban hacia fuera de las ventanillas del autobús. No se veía rastro del joven.

-Si no llega en dos minutos está metido en DEEP SHIT- dijo la profesora en un tono que sólo escuchó Don Bienvenido.

-¡Ahí llega!- dijo Lorenzo mientras señalaba a una pareja de hombres escoltando al muchacho.

-¡Raquelín!- llamó el que parecía estar a cargo. Un tipo de mediana estatura, curtido por el sol, se veía alguien fuerte físicamente pero sus maneras y gestos eran gentiles.

-¡Hola Freddy!- respondió la profesora

-le traje a Néstor, tal como le prometí- dijo Freddy

¿!Néstor!?, dijo al tiempo en tono de pregunta, mirando seriamente al joven y dejándole saber que cumpliría su palabra.

¿y bien? ¿Qué decides? ¿vienes o vas a pasar el fin de semana en la correccional?

Néstor miró las caras en las ventanillas del autobús.
Todos atentos a su respuesta.
Pilar…por primera vez se interesó en alguien y le hizo un ademán de que subiera…sin que nadie la viera.

-“Toma hijo”- dijo el oficial al tiempo que entregaba el bulto a Néstor, que resignado se subió al autobús.

Pilar con mucho sigilo se hizo a un lado dejando el asiento del pasillo libre para que el joven se sentara.

Había algo en él que le llamaba la atención. Néstor no miraba a nadie, pero se sentó justo donde Pilar le había reservado, dejándose caer pesadamente.


-Gracias Freddy- dijo Raquelín - sabía que podía contar contigo añadió mientras le guiñaba el ojo.

- Me debes una- respondió el oficial al tiempo que devolvía el guiño.

Jaja no tienes remedio dijo Raquelín- está bien cuando regrese hablamos. Terminó diciendo.

Hecho- finalizó Freddy


Ya el chofer había encendido la marcha. El traqueteo del motor y los embragues se mezcló con el ruido del vehículo en movimiento.

Javier volvió a preguntar.

¿A dónde nos llevan?

-Como les decía, Bienvenido nos va a llevar a un lugar especial, pero no le diremos nada más. Durante el camino me gustaría que observaran el paisaje en la ruta, los detalles…

Cuando lleguemos iremos a cenar y a descansar- terminó diciendo Raquelín al tiempo que se sentaba al lado de Rebeca y se recostaba a tomar el fresco de la mañana que entraba por la ventanilla.


El autobús se movía establemente por la autopista. Javier dedujo que iban hacia algún lugar en el sur o centro de la isla…siguió mirando. Sentía la vista pesada. Al mirar a los lados observó que casi todos excepto Gloria y él estaban dormidos…

Ella se encontró con su mirada y se cambió de lugar a donde estaba él.

Hola…no tengo sueño. ¿y tú?...

.....

sábado, octubre 29, 2005

Sin Margen De Error

En lo que sale la segunda entrega del libro... un corto interludio.


SIN MARGEN DE ERROR…



Era un día cualquiera, me alejaba de los trajines diarios a mi lugar secreto. La paz y tranquilidad en la que me sumía allí no la hallaba en ninguna otra parte.

El tiempo, estando allí se detenía. Entre sueños y recuerdos permanecía atrapado en aquel solitario pero hermoso paraje.

Manantiales de aguas tibias bañaban y mojaban sus entornos. Las montañas y sus contornos siempre me llamaban a explorarlas. Una y otra vez las subía, las bajaba para luego bañarme en aquellas aguas termales donde dejaba mil suspiros pensando en ella.

Sin embargo el camino, las veredas, las aguas y sus calores encerraban sus riesgos. El lugar era elevado, siempre existía el peligro de caer. A pesar de eso nunca tuve miedo.

Iba por el camino imaginándola. ¿Cómo sería? Con aquella sonrisa hermosa, sus nobles sentimientos, su mirada sensual su boca ávida de besos.

El abismo cercano, y yo, caminando por el filo de la roca mientras la escalaba por enésima vez. Ya me conocía el camino…no me dejaba caer.

Imaginaba el fondo del acantilado…sangrado. Mientras la mirada azul del hombre aparecía en los ojos de un extraño o extraña, no estoy seguro.

Seguía subiendo, subiendo, subiendo…mis jadeos evidenciaban el esfuerzo de llegar a la cima…estar allí era el Climax, el placer entero…a punto de caer de nuevo…tu me dices…

“mi amor adentro no”…entre gemidos y latidos.

Me incorporo y me dejo caer a tu lado…he despertado…afuera todo explota…echados uno al lado del otro…se que estoy…sin margen de error.

jueves, octubre 27, 2005

El Libro de los Suenos

EL LIBRO DE LOS SUEÑOS

Capítulo I

La paciencia se agotaba…allí sentadas aquellas diez almas esperaban su tutor. El que sería en las tardes su mentor para sacarlos del marasmo, del aburrimiento, del ocio…sin trabajo…del dormir sin soñar…del insomnio despierto.

No tendrían más de 16 años y ya allí estaban…mirándose las caras con caras de indiferencia.

Néstor…era el mayor de los que estaban presentes. Joven que guardaba bien sus pensamientos, pero que andaba por malos pasos. Hacía poco las autoridades lo había sacado del punto junto con otro amigos. Su abogado le consiguió la oportunidad de estar afuera con la condición de que terminaría sus estudios. Su familia a pesar de que se preocupaba por él no había podido influir sobre las amistades, hasta aquel día que los agarraron a todos. Cada uno de sus amigos estaba preso…menos él.

Javier…era todo lo opuesto a Néstor. Un muchacho tranquilo, hábil en los números y la ciencia. Su padre se había marchado del hogar hacia ya ocho años y a pesar de que lo procuraba, Javier nunca le devolvió las llamadas ni los recados. Para él su padre no existía. En su mirada había un dejo de tristeza aunque lo disimulaba.

Rebeca…tendría unos 15 años cuando quedó embarazada. Ahora llevaba como seis meses de embarazo. Su futuro no perfilaba nada sencillo. A esa edad a punto de ser madre. El padre de la criatura en la huída. Ella estaba allí por que deseaba poder prepararse para su futuro a pesar de lo que le venía.

Lorenzo…era el atleta del grupo, no andaba en vicios y tenía fama de enamorado. Le sobraban las chicas. Era un joven con un aire de grandeza y algo arrogante. Estaba allí porque no era muy aplicado en los estudios y el entrenador lo obligó a participar o le quitaban la beca deportiva.


Siempre en los grupos hay un payaso, el que siempre anda con buen humor a pesar de que se les esté cayendo la casa encima. Esos que tienen un comentario jocoso para cada situación, no importaba la seriedad que tuvieran. Así era Frankie, necesitaba mantener su promedio…tantas bromas habían agotado la paciencia de sus maestros.


Aliana era la imagen de la chica popular. Vestía a la moda y siempre estaba bien maquillada. Le había puesto los ojos a Lorenzo desde el primer momento en que lo vio. Su actitud hacia los demás era de menosprecio. Ella era una damita de clase…aunque tampoco estaba bien el él colegio. Sus padres la matricularon en aquel curso, que a ella le pareció absurdo hasta que conoció a Lorenzo.


Pilar…la más seria, parecía de esas come libros, pero tenía problemas de atención. Se le dificultaba la lectura. Era muy inteligente pero sus notas reflejaban otra cosa. Su madre y su padre deseaban ayudarla pero no sabían cómo así que la apuntaron en aquellas tutorías que habían visto en un anuncio del dominical.


Ramón y Sigfredo…hermanos gemelos. Traviesos. Tenían el mismo problema. Ambos eran hiperactivos y volvían locos a todos sus maestros. Si uno era terrible el otro hacía el entry y el tiempo de la clase se le iba al maestro llamando a uno pensando que era el otro…terminando por sacar a ambos.


Gloria…era por decirlo así la atrevida del grupo. Como dicen por ahí…iba a todas…
Era menuda pero se le veía con una energía y unos deseos de explorar cosas nuevas. Estaba allí por su propio interés. Había visto el anuncio y decidió averiguar de qué se trataba.


Así pues estaban todos sentados en los escritorios de aquel lugar extraño. El edificio sólo tenía una sala grande. Era más bien una casona a la que le quitaron todas las paredes. Estaba ubicada al lado de varios edificios altos los cuales la ocultaban de la vista.

Era una estructura vieja, pero bien cuidada. Por fuera los jardines se observaban podados y en el patio trasero había un camino vecinal que conectaba aquel lado del vecindario con otro vecindario adyacente.

Los muchachos estaban cada cual en lo suyo…en silencio. Nada normal para esa edad.


La puerta del salón se abrió y cargad0 de libros y cuadernos…que le ocultaban el rostro venía este hombre, flaco, vestido con sudadera y mirando al piso a través de los libros para no caer.

¿Profesor?- preguntó Gloria al tiempo que todos levantaban la vista hacia la enclenque figura cargada de libros…

-no- no soy el profesor. Dijo el hombre.

El profesor es….
Y mirando hacia la puerta señaló…

Ella. Dijo para completar.

En la puerta estaba una mujer en sus 40. Muy bien arreglada. Con una cara de ángel y un cuerpo de pecado.

Lorenzo abrió la boca y casi se le salen las babas.
Aliana la miró como la contrincante. La enemiga.
Y le metió un codazo a Lorenzo…como diciéndole eres mío ¿que te crees?

Javier…la miró interesado, pero, no dijo nada. El estaba en su propio pensar. Callado se limitó a esperar que la maestra hablara.

Rebeca…se enderezó en el pupitre como mejor pudo. Su barriga abultada apenas le permitía alguna comodidad y tenía que ir al baño cada cinco minutos y la verdad era que estaba cansada. No obstante había hecho una promesa a su criatura por nacer. Terminaría sus estudios y haría el grado universitario.


Frankie bromeaba a Pilar mofándose de la apariencia de estofota de la chica. Esta lo miraba con cierto coraje, pero lo ignoraba. A veces los varones cuando están interesados en una chica actúan de las formas más estúpidas.

A los gemelos les había dado con Gloria. Y ella parecía llevarse bien con ellos. Le agradaban aunque notaba que ellos le estaban haciendo de bromas haciéndose pasar el uno por el otro.

-“buenos días”- dijo la dama
“mi nombre es Raquelín Osorio y soy la encargada de asegurarme de que puedan completar las tareas para las cuales están aquí.


La voz de aquella mujer los paralizó por un instante. Su presencia menuda…de complexión delgada cabellos ensortijados y una mirada penetrante pero a la vez receptiva.

-buenos diassss- todos dijeron como rebaño de becerros repitiendo los mugidos de la vaca.

Muy bien…Ya que estamos aquí por que no se presentan uno a uno…
Dijo la maestra


Todos y cada uno fueron levantando la mano y más o menos contaron algo de su vida.

Ella leía todos los expedientes y poco a poco iba conociendo a sus muchachos.

Las primeras semanas fueron tranquilas. Ella se mantenía ayudando a todos…y en esencia los muchachos habían hecho el trabajo, pero no se veían satisfechos. Había algo en sus semblantes de que les faltaba algo.

Una tarde luego de un día especialmente cargado; Rebeca presentaba malestares frecuentes, Javier estaba sumido en un cavilar profundo, Lorenzo y Aliana (ya se habían convertido en noviecitos) habían discutido, Néstor tenía cita con el oficial de probatoria, Pilar no se estaba quieta en su pupitre y sólo deseaba marcharse, estaba cansada. Los gemelos estaban con Frankie haciendo bromas a Gloria que al parecer estaba por esos días por que su nivel de tolerancia estaba…digamos en el fregadero…la maestra Osorio se paró a mitad de clase…

-¡BASTA YA!, le dijo a los muchachos. A ver que van a hacer con sus vidas. Continuó hablando.

Vamos a hacer algo distinto.

Todos callaron….

Mientras se cruzaban las miradas Osorio buscaba afanosamente algo en su maleta…una especie de bulto cartera con espacio para llevar toda una compra de la semana.

Buscó y rebuscó. Todos la miraban extrañados. Era como si la vida de la maestra dependiera de lo que buscaba… ¡que equivocados estaban!, era la de ellos y no lo sabían.

- Listo- dijo aliviada la profesora.

Y sacó una pequeña libreta de direcciones y teléfonos. Urgó nuevamente en aquella trampa llamada cartera. Sacó el celular y marcó rápidamente un número.

Nadie hablaba…todos la miraban…

¿Qué hacía ella? Esa era la pregunta.

¿Hola?- preguntó la profesora

Si, es la profesora Osorio ¿se acuerda?,

Muy bien ¿y usted?

Le llamo porque creo que ha llegado el momento indicado…

“momento indicado” aquellas palabras levantaron una serie de murmullos entre los jóvenes. Estaban tan absortos en la conversación de su maestra que habían dejado todo para escucharla.


-bien- continuó hablando con su interlocutor al otro lado del teléfono.

Me parece perfecto…el viernes saldremos para allá y el domingo estamos de vuelta.

Todos se miraban extrañados…de ¿qué hablaba su maestra?, ¿quienes saldrían el viernes para regresar domingo?

La profesora terminó la llamada y se dirigió a sus alumnos.

-este viernes saldremos para quedarnos en un lugar especial- ya sus padres sabían de esto. Los permisos estaban allí en la mano de la profesora. Era un acuerdo desde el principio del programa…

Y, ¿a dónde vamos? Preguntó Néstor…con rostro desafiante.

-Néstor- dijo la profesora

Irás a donde vaya el grupo o con tu oficial de probatoria.

Néstor sonrió tímidamente y se volvió a sentar…no se le escuchó ni un suspiro.

El viernes iremos a un lugar apartado…traigan ropa adecuada y vengan listos y despiertos. Todos a las ocho de la mañana para aprovechar el día…- dijo sonriendo la profesora.

¡Nadie está excusado!, ¿entendido?...

Todos asintieron a su modo…

Al otro día todos estaban presentes a la hora señalada. Cuando llegaron la profesora ya estaba allí.

¿Esta maestra duerme aquí?- preguntó Frankie bromeando

Un Autobús esperaba frente al edificio….

sábado, octubre 22, 2005

La nina en el jardin III y IV

EL PERSONAJE…LA NIÑA DEL JARDÍN III

Al otro día temprano, sábado, decidí ir al jardín para estar más tiempo. Al llegar al lugar llovía a cántaros y no había un alma en el lugar. Todo estaba enlodado y el cielo solo anunciaba un día mojado. Aún así me animé a entrar.

Caminé hasta donde estaba el vetusto edificio no se veía ningún tipo de movimiento en su interior.

-Holaaaaa- me sorprendió Esmeralda saliendo de entre medio de unos arbustos.

- ¿Qué haces ahí? Mojándote con ésta lluvia. Dije.
- Venga - ella me respondió como siempre me había dicho.
- Sígame - añadió

La seguí extrañado. Me interné entre los arbustos y noté que había una vereda, un leve rastro de un camino incipiente. Esmeralda iba de prisa adelante.

-cuidado con el agujero- indicó

¿Qué aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa…..

Grité mientras caía de bruces en medio de un lodazal adquiriendo un tono marrón en toda mi cara.
-jajajajajajaja- se rió Esmeralda jajajajajaja.

Oye…le dije.
Más despacio. Acoté

Para ser ciega se conocía al dedillo aquella diminuta vereda y apenas yo le podía seguir el paso.
Seguimos el camino hasta llegar a la orilla del río. Un remanso de aguas claras y tranquilas. Esmeralda se acercó a la orilla, se detuvo un momento y metió sus pies en el agua.

-Ven…. Métete al agua está rica. Dijo Esmeralda al tiempo que se metía en el río y se alejaba de la orilla nadando hacia la orilla opuesta. Me acerqué a la orilla…y entonces la vi….

Una figura siniestra estaba parada justo al lado opuesto de la ribera, semieoculto entre los arbustos que crecían a la orilla.

La aquella visión no me gustó y llamé a Esmeralda que nadaba sin darse cuenta en la dirección donde estaba el extraño ser.

¡Esmeraaaaaldaaaa! Le grité con la esperanza de que me oyera. La niña siguió nadando…no me escuchaba. Me lancé al agua y comencé a nadar frenéticamente hacia Esmeralda, braceaba con fuerza y rapidez pero aún así Esmeralda llegó antes a la orilla. Levanté la vista justo al tiempo que la figura le extendía el brazo a Esmeralda y la sujetaba…
-¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!- grité impotente al ver a la niña desaparecer entre el follaje junto a la siniestra figura. Un ser alto vestido con una túnica oscura y con una capucha que no permitía ver el rostro.
Llegué jadeando a la orilla y trastabillando salí del agua…corrí hacia donde los había visto por última vez. No había rastro. Ni siquiera se distinguía un camino, ni huellas…nada.

Me dejé caer aturdido por lo que pasaba. ¿Qué pasó, quién era o qué era aquel ser?, ¿cómo iba a regresar sin Esmeralda?, Era la única persona que estaba en el jardín y los demás al notar la ausencia de Esmeralda me señalarían como sospechoso.

Sólo allí entre aquellos pensamientos tenía que tomar una decisión….regresar y avisar a las autoridades o ir a buscar a la niña en aquel solitario paraje y justo ya con el anochecer encima.

















EL PERSONAJE...LA NIÑA DEL JARDÍN CAP IV



La búsqueda

Me levanté lleno de coraje decidido a encontrar a Esmeralda. Busqué entre los arbustos por alguna señal de paso….otra vez y entonces noté que los arbustos formaban un diminuto túnel que se hundía en la espesa maraña de bejucos con espinas.
Me metí y comencé la búsqueda. Iba en silencio. Sólo escuchaba mi respiración y los latidos de mi corazón. Los sonidos de la noche fueron haciendo su aparición según el velo negro extendía su alcance y sólo la luz mortecina de la luna permitía ver entre sombras, la débil silueta del camino.

La vereda se inclinaba cada vez más…iba bajando y de pronto no pude controlar la gravedad…comencé a deslizarme sin control hasta que paré encima de un montón de ramas secas. Todo machucado y rasgado con espinas hasta donde la espalda pierde el nombre…me levanté como mejor pude. El bosque se abría a un campo abierto con una hierba que llegaba a la cintura. Se podía distinguir la vereda ahora más clara por la luz de la luna.

Inicié la marcha. Iba mirando a todas partes…sólo veía hierba y los bordes del campo los marcaba una guardarraya de frondosos árboles que ocultaban cualquier atisbo a lo que estuviese detrás de ellos.

En aquella oscuridad me preguntaba ¿Qué haría si los encontraba?, ¿Qué haría aquel ser?, ¿Cómo estaría Esmeralda?...


De pronto mi vista captó un movimiento entre los árboles adelante. Un leve destello. Parecía la luz de un quinqué, un tenue farol en medio de aquella oscuridad.

Me agaché para no ser visto. Poco a poco me fui acercando al lugar.
En medio de aquel paraje se levantaba una pequeña y ruinosa choza de madera. Era un cajón de cuatro paredes y dos ventanas de puerta a cada lado de la puerta principal. La rodeé.
No tenía más entradas ni más salidas. Por lo que no podría tener la sorpresa a mi favor. Tendría que esperar. ¿Pero cuánto?


Pensaba en cómo estaría Esmeralda. Y en qué estaría haciendo la figura. Decidí acercarme a la ventana más cercana desde donde podía percibir el olor a querosén que quemaba la linterna.
Me coloqué justo al borde debajo del marco de la ventana y me asomé muy cauteloso para no ser visto.

Pude ver a Esmeralda sentada en el suelo. Aparentemente jugaba o estaba entretenida con algo. Desde donde yo estaba no podía ver que era. La figura de la túnica no se veía cerca. Al menos desde donde me encontraba.
Me agaché y pensé en el plan de acción. ¿Qué podría hacer?, decidí alejarme otra vez para vigilar y esperar por el momento oportuno para actuar.
Velaría a que la figura saliera. Si estaba con Esmeralda la seguiría y la atacaría por sorpresa para agarrar a Esmeralda y llevarla corriendo. Por supuesto que no tenía ni puta idea de para donde debía correr.

Esperé por varias horas…no había movimientos en la chocita. La luz seguía encendida y no se escuchaba nada desde adentro.


“Claro, Esmeralda no se da cuenta por ser ciega” A lo mejor está sola y la figura no está allí. Pensé a la vez que me incorporaba y me dirigía nuevamente a la casucha. Definitivamente que voy a entrar. Miré a mí alrededor buscando algo que me sirviera de arma. Un tronco pesado o una rama para golpear al secuestrador y emprender la huída.

Escuche de pronto lo que me pareció el sonido de agua en movimiento y me acerqué a ver de donde provenía.

-el río pasa por aquí también- me dije

Caminé en la dirección del sonido y llegué al río. Era un recodo estrecho, pero obviamente profundo con una caída de agua que lo alimentaba desde arriba. El agua se movía vertiginosamente en dirección del jardín.
Caminé a lo largo de la orilla buscando un punto por donde entrar al agua y poder nadar con Esmeralda río abajo.

Mientras buscaba el lugar me paré sobre una roca para auscultar mejor la ribera. La roca se movió y me hizo perder el balance…caí dentro de ella.
Me había parado en el extremo de una pequeña embarcación de madera que estaba oculta en la maleza. Tenía remos y se notaba en buen estado.
¡Había encontrado el medio de escape!...



Comencé a arrastrar la embarcación hacia el agua. La quería lista para cuando rescatara a Esmeralda. Una vez en el agua me di a la tarea de desamarrarla del cabo que la ataba, pero, el mismo estaba sumergido en el agua.

Me incliné por la borda de la embarcación y metí mis brazos en el agua agarrando la soga con todas mis fuerzas y halándola hacia fuera.

De pronto me siento bajo el agua, no puedo respirar, ¡alguien me está golpeando! , trato de zafarme pero por estar boca abajo se me hace imposible…me siento perder las fuerzas me ahogo….

¡Papá, papá!, dice la pequeña mientras trato de recuperarme, estoy jadeando y me encuentro con los ojitos y la risita de mi pequeña hijita de tres años que me acaba de vaciar un jarro de agua en la cara ¿sin querer?, trepada en mi espalda…. ¡estaba dormido!, era un sueño.

“Trick or Trick Hallowen” me dice riéndose….

- Ven- me haló por el brazo. Miro el reloj son las ocho de la noche. Afuera varios niños piden golosinas mientras van disfrazados de toda clase de personajes.


Salgo y me encuentro con todo un contingente de disfraces, y de caritas traviesas. Los invito a pasar, vienen acompañados de una mujer joven y más atrás veo una niñita vestida de blanco esperando afuera. La llamé y tímidamente se acercó. Vacilante e insegura.
-hola- le saludé
Acércate para que compartas los dulces. Más atrás un grupo de adultos vigilaba a los niños. Entre ellos había uno que me resultaba familiar. Era alto y estaba disfrazado con una túnica oscura y no se le veía el rostro.

La niñita llegó hasta la puerta y como no se atrevía a entrar con los demás niños le pregunté.

-¿Cómo te llamas?-
-Esmeralda-respondió, al tiempo que me miraba con aquellos hermosos ojos azules que no podían ver….

Fin

La Nina en el jardin II

El personaje….la niña en el jardín II

Me acosté pensando en el extraño encuentro con Esmeralda. Su carita angelical, su ceguera, su seguridad me intrigaba. ¿Qué le había sucedido?, ¿Dónde vivía, quién era su padre, su madre, podría ayudarla?

Al día siguiente muy temprano como siempre, me levanté. El día perfecto ni una nube. Un sol prometedoramente brillante ya asomaba su luminosa cresta justo al borde de azul horizonte, bañando con destellos de plata y diamantes el oriente.

Me dirigí hacia mi trabajo…esperaba poder salir más temprano y así visitar nuevamente el jardín. Ese día apenas pude llegar justo una media hora antes de la hora de cierre.

Caminé por la vereda y no ví a nadie. Sólo algunas parejas que aprovechaban las últimas y tenues luces del atardecer. Ya la noche se apoderaba del lugar.

Me resigne a no encontrar la chiquilla de ojos azules. Al ir saliendo observé a un hombre vestido con uniforme verde…parecía jardinero.

Debe de ser el padre de la chica. Pensé.

Lo ví alejarse en su carro…pero no vi señales de la niña. A lo mejor no vino hoy. Me dije.

Me marché y me dirigí hacia mi casa. Debía de tomar el tren a Bayamón y luego guiar hasta la costa donde estaba ubicada mi residencia a pasos del mar.

Al otro día aparecí de nuevo y esta vez ya la niña estaba allí. En el mismo lugar…y no había chicos de la escuela. Vestía uno de esos overoles azules con una camisa rosa y blanca y unas tenis blancas. Su pelo recogido a trenzas permitía ver la perfección de aquel rostro claro de donde resaltaban aquellos ojos azules.

-Hola- le dije
-hola- respondió ella

- No te ví ayer- añadí

Ella me miró sin verme y me extendió su mano.

-acércate- me dijo al tiempo que me tomaba de la mano.

Quiero ver como es…

Su mano entonces la colocó justo en mi frente y fue recorriendo desde el comienzo de mi cuero cabelludo primero, luego las cejas, las pestañas, los ojos, la nariz, los labios, la boca, la barba, las orejas…

-tiene como 40 años y es de tez blanca-

Si, respondí.
-tiene el cabello claro, y los ojos los imagino claros. Por lo que veo gusta de pasar mucho tiempo al aire libre.

Si, volví a responder.

Ella continuó.

Se ve que trabaja en la calle y no en oficinas. Sus manos son ásperas pero se sienten gentiles. Trabajas con personas. Eres maestro.

En este punto no pude menos que reírme.

¿Cómo puedes saber todo eso con sólo tocarme?,

No lo sé. ¿Es cierto?,

¿O sea que andas adivinando? Le pregunté.

El adivinar es parte del conocer. Muchas de las cosas que aprendemos las aprendemos por casualidad o por error. Los sentidos en especial el de la vista nos permite literalmente conocer la existencia de una cosa aunque no sepamos nada de ella.
Igual pasa con las personas. Usted las observa en la calle y por su vestimenta o apariencia puede decir como es y posiblemente a que se dedica. Pero no mira, no ve más allá.

Yo en cambio he aprendido a ver con mis manos a sentir más allá del ruido, a escuchar lo que los demás no oyen.

-mmm- eres inteligente. Tienes razón, en todo lo que has dicho. Me has descrito totalmente.

-Venga- me llamó.

Acérquese al estanque y meta la mano en el agua… ¿Qué siente?

Metí la mano en el agua. Y respondí, “está fría”.

¿Eso es todo?, volvió a preguntar la niña.

¿No siente nada más? añadió


¿Qué debo sentir? Pregunto confundido.

Ella volvió a tomar la palabra.
“Al meter la mano en el estanque siento el agua pasar a través de cada uno de mis dedos. Siento la energía de la cascada adyacente y siento la ingravidez que el agua le da a mi mano. Al sacarla puedo “ver” las gotas regresando a su punto de origen y las siento al ellas salir de las puntas de mis dedos.

Puedo sentir la resistencia del agua al mover mi mano de atrás hacia adelante y las gotas salpicar cuando rompo la superficie de forma brusca…

Ahora…usted. Cierre los ojos. Me ordenó.

Y haga lo mismo nuevamente.


Cerré mis ojos e introduje mi mano en el agua… estaba fría, pero sentí como la misma se movía a cámara lenta, pude “ver el agua pasar entre mis dedos” y la energía fluir a través de los mismos.

Abrí los ojos y la miré….

-tienes razón- dije

Que mucho se puede ver con los ojos cerrados. Añadí.






La niña continuó hablando…
¿Ve?, a veces la gente me incomoda cuando da por sentado que soy minusválida. La verdad es que hay mucha gente allá afuera que con sus cinco sentidos apenas pueden sobrevivir. Terminó diciendo.

Yo estaba totalmente asombrado con la capacidad de aquella pequeña. Su madurez me puso a pensar. Hay gentes que por condiciones menos serias se suicidan y ésta chica estaba contemplando el paisaje en monocolor…en negro.

La tarde pasó y la niña me llevó por cuanto lugar tenía el jardín y me lo describía a la perfección con lujo de detalles. Apuesto que se conocía mejor el jardín que los propios administradores del lugar, siempre metidos en sus oficinas donde sólo florecían los papeles y formularios. Donde el aire tiene un aroma a humedad artificial y los sonidos más naturales son los que genera algún extracto del cuerpo al toser u otra cosa.


Al llegar la hora de partir me despedí de la niña y le hice la misma pregunta ¿con quién andas hoy?, sonrió y me dijo adiós con su manito mientras caminaba al toque de las plantas que le servían de guía en su dirección del camino.

La miré hasta que la vi desaparecer en un recodo del camino justo donde comenzaba la entrada del viejo edificio que albergaba las oficinas.

Me quedé con el deseo de saber más de la niña y como todavía tenía algunos minutos decidí ir a conocer al progenitor del que ella me había hablado.

Llegué hasta el recodo donde la vi por última vez. Y note la estructura vieja del edificio. Más que viejo parecía ruinoso. Cubierto en su totalidad por hiedra que le daba un aire de misterio en el entorno del jardín.

Al llegar a la puerta toqué el timbre…sonó lejano. Pasaron unos segundos y la misma se abrió. Una mujer joven me atendió.

- Buenas tardes- dije.
- Buenas tardes … ¿en qué puedo servirle? La mujer respondió.

- Bueno, la verdad es que tengo curiosidad de conocer a la persona encargada de la niñita ciega que he conocido en el jardín…Esmeralda es su nombre.

Espere aquí un momento. Dijo. Y se fue. Pasó algo más de un par de minutos y ella regresó acompañada de un hombre mayor…el encargado del jardín. Me lo presentó.

El es don Facundo…el es el encargado de Esmeralda. Dijo la mujer…al tiempo que se retiraba.

Buenas tardes, dije extendiéndole la diestra en el saludo.

-Buenas Tardes- me reciprocó el gesto.

Perdone mi atrevimiento comencé a hablar. Pero quería conocer al padre de la niña ciega que conocí en el jardín. Ella me ha hablado mucho de su pasión por este lugar y de lo bien que lo cuida. Es una chica muy inteligente, y se conoce este lugar mejor que cualquiera que haya vivido aquí. Y lo más sorprendente es que sea ciega.
Sólo quise dejarle saber que la conocí y que me agradó.

-Ahh, dijo el hombre.
-así que la conoció, ella no es así con todo el mundo. Es más bien tímida y retraída. Ya que pocos son los que le hablan o la buscan. Desde el accidente, estar en este jardín es lo que la llena, la motiva a salir…

-¿qué accidente? -pregunté

¿No le contó?- me volvió a decir el hombre.

-NO- respondí,
Pero si puedo hacer algo por ella me gustaría que me lo dijera.

-Bueno, creo que el hecho de que se haya preocupado por ella es algo.- respondió el viejo.

Bueno…el accidente que tuvo…ocurrió en el estanque. Dijo, mirando en dirección al cuerpo de agua.
Fue hace unos dos años justo donde están las piedras blancas que forman el dique. Desde entonces regresa al mismo lugar todos los días en la tarde.

-Veo.- Respondí ya sin deseos de seguir abundando.

De todas formas dígale que lo conocí y que le mando mis saludos. Ah perdone…no me presenté. Me llamo Santiago.

Muy bien Santiago así lo haré. Buenas tardes entonces. Dijo don Facundo y se despidió.

Salí hacia el jardín. Ya anochecía…estaba fresco el aire nocturno. Caminé hasta el terminal del tren…y me dejé caer en el asiento. Iba pensando en la experiencia de “ver” con los ojos cerrados.

Los sonidos del tren sobre la vía, las puertas que se abrían, el ruido rebotando en las paredes de los túneles…todos tenían presencia…mientras “veía” todo…

-“¡Oiga!...ya llegó el tren a su destino”.- La voz del policía me despertó al tiempo de que me indicaba el fin de la travesía…

lunes, octubre 17, 2005

El Personaje...La Nina en el jardin Cap I

Hacía tiempo que visitaba aquel lugar. La belleza y quietud del mismo me llamaban a diario. Solía ir allí a pensar a descansar y a veces hasta echaba una siesta.

Los Árboles y las plantas llenas de flores adornaban cada rincón del amplio lugar. Un enorme estanque cubierto por jacintos y lirios de agua servía de abrevadero para las aves y demás moradores del lugar. Peces de color dorado habitaban el mismo.

Varios banquillos alrededor del mismo recibían a las parejas de enamorados que gustaban de compartir de aquella belleza en medio de la ciudad.

Por las tardes un grupo de niños acostumbraba a pasear con una joven a lo largo de las veredas que bordeaban el jardín. Iban vestidos todos iguales por lo que eran estudiantes y ella la maestra.

Una joven de unos treinta y tantos años muy atenta a sus chicos. Ella les mostraba las flores, les enseñaba a oler su aroma, a tocar las hojas sin arrancarlas a sentir su textura. Les enseñaba a respirar aquel aire limpio a sentir la frescura que apaciguaba el calor del día.

En el grupo de niños había una niña en particular que parecía más ensimismada en el lugar que los demás. Mientras los otros correteaban por los alrededores, ella caminaba acercándose a las flores por más tiempo. Se detenía a recoger las semillas que encontraba a la orilla de los árboles y las tocaba incluso se las pasaba por la boca.

La maestra no la veía hacer eso…aunque al parecer no le preocupaba la niña porque en ningún momento le oí llamarla.

Al llegar a la orilla del estanque la niña se acuclilló justo donde había una pequeña caída de agua. Se quedó un rato extasiada con el murmurar del agua y extendió la mano hacia la misma. Por un momento el agua hizo aros concéntricos que salían desde sus pequeños dedos…la niña sonreía.

Seguí cada movimiento de la niña…, estaba tan absorta en lo que hacía que se había quedado totalmente rezagada del grupo. Me levanté del banquito y caminé hasta donde estaba ella.

-hola. Le dije.

Ella me miró pero no me vió…

-hola aquí…me señalé.

Entonces me di cuenta…era ciega.

Ella me devolvió el saludo…mirando al vacío con los ojos azules más hermosos que yo haya visto.

Que pena. Pensé.
Que unos ojos tan hermosos no puedan ver todo esto.

¿Cómo te llamas? Le pregunté.

Me llamo Esmeralda. Me respondió.

¿Y tú, cómo te llamas?

Me llamo Santiago. Respondí y de inmediato le comenté…


Tu grupo esta lejos.

No es mi grupo. Respondió.

¿NO? ¿Y estás sola?, volví a preguntar al tiempo que miraba a todos lados buscando a su madre o familiar…no veía a nadie.


No, no estoy sola…mi padre trabaja aquí en el jardín. Me deja que lo recorra mientras él cuida de las plantas.

Ahhh entonces ¿es el jardinero?- dije

No, no es el jardinero es el amigo de las plantas. Ella respondió.

Veo.

Ella continuó hablando. ¿Ve el árbol de cacao que está allí de frente a usted a la derecha del abedul?

Abrí mis ojos cuanto pude. Miré a la niña y luego mire de frente donde ella me señalaba, justo donde había un árbol de Cacao al lado de un abedul y me costó trabajo identificarlos entre medio de tanto verde.

El padre de mi padre los plantó hace mucho tiempo y ahora él los cuida.

Y aquí a la derecha de donde usted está parado ¿ve las veintidós piedras blancas cubiertas de musgo? Sirven de dique para las tortuguitas y las aves acuáticas. Mi padre las puso para que este estanque tuviese un lugar donde las criaturas del jardín pudiesen refrescarse.

Es muy diestro tu padre. Dije. Y ¿dónde está él ahora?,

Ya le dije. Trabajando…respondió la pequeña que no tendría más de ocho años.

¿Quieres que te acompañe aquí mientras esperas a tu papá? Le pregunté.

Está bien…dijo ella. Y añadió.

Es la primera vez que alguien me acompaña por el jardín.


¿De veras? Que raro,
Y todos esos niños que están aquí. ¿No son tus compañeritos de escuela?

La niña sonrió y muy segura de sí me tomó por la mano. Me fue guiando por la vereda que bordeaba el jardín hasta llegar a la orilla del río. Allí se erguía un viejo puente colgante. No había nadie alrededor por lo que me preocupé algo y le dije…
Mejor regresamos...no vaya a ser que tu padre se enoje si no te ve y yo me meta en problemas.

Esmeralda estuvo de acuerdo y ambos regresamos…por la misma vereda. Al llegar al lugar donde la encontré ella se despidió de mi agitando su mano
…espero verle de nuevo…Santiago. No se preocupe por mí, mi padre me recogerá justo aquí…

Me despedí de ella…mire mi reloj, marcaba la una de la tarde. Ya debía regresar a mi trabajo también.

domingo, octubre 09, 2005

El Celador IV

El CELADOR IV CAPITULO FINAL

Justo al pie de la entrada estaba él. Me estaba esperando. Vestía nítidamente de blanco…un traje idéntico al que yo llevaba.

Hola… me dijo.

Lo miré…parecía más vivo que muerto o lo disimulaba muy bien.

Hola Mariano…dije con tono de duda.
No me parecía que le estuviera hablando a un fantasma.

Gracias por venir. Me dijo.

Hoy es el día.

Querrás decir la noche…lo corregí. Aquí en medio de la nada mientras allá afuera hay tanta celebración y algarabía.

¿La Nada?, ¿crees que es nada?,

Miré alrededor. Todo era silencio…apenas se movían las hojas de los árboles.

¿Trajiste lo que te pedí?,…

Si…aquí está todo en la computadora.

Sabía que lo harías.

¿Lo sabia? Pregunté.

¿Todavía no lo crees?

¡MARIAAAANOOOO! Se escuchó una voz a lo lejos en la oscuridad del campo santo.

Mariano me miró al tiempo que me decía. Permanece aquí y no hagas nada hasta que te llame.

Mierda…pensé, ahora para colmo me tengo que quedar aquí mientras estos….

¿Qué hace aquí? Pregunto sobresaltado al ver a la viuda acercarse a donde me encontraba.

No pude esperar...tengo que verlo. Me respondió.

¡Oiga pero no podrá regresar!, le dije.
Es mejor que se vaya.

NO. Llevo esperando por este día hace tanto tiempo…que no me voy a marchar. Hoy NO. ¿Para qué?

A lo lejos podía ver dos siluetas de frente uno al otro. Parecía como si charlaran. De pronto se dirigieron hacia donde estaba.

Mariano venía al frente…sonreía, el otro un poco más atrás no le veía bien el rostro.

Al ir acercándose, Mariano se detuvo. La vió a mi lado.

Su sonrisa desapareció e inmediatamente se volvió hacia el otro hombre que venía detrás. Este se detuvo y miró por encima del hombro de Mariano hacia donde estábamos la viuda y yo.

Lo escuché decir…por favor no te la lleves…

El hombre respondió…ese era el pacto. Sólo podías venir con el elegido, nadie más.

Entonces le diré al Elegido que se marche y jamás sabrás si ganaste la apuesta.

¿La apuesta?,
Nadie mortal me ha ganado una apuesta… dijo el hombre.

Bien...si me ganas la apuesta no sólo te dejaré ir sino que ella te acompañará por siempre a partir de hoy.

Mariano regresó a donde estábamos…era la primera vez que se miraban a los ojos desde hacía 6 años 6 meses y 6 días…y ahora estaban de frente el uno del otro…

Hola amor…dijo Mariano a la viuda. Ella lo quiso abrazar…pero pasó a través de él.

A estas alturas ya no sabía si gritar o correr o sencillamente darme un palo…igual me sentía alucinando.

El hombre en traje oscuro se acercó y entonces lo reconocí. Era el tipo alto de la barra de Bloq. El que me había dicho que yo era el ELEGIDO, y luego lo miré de nuevo y era el celador que iba a recoger ánimas, el que me dijo que hablara con la viuda.
Ambos.


Al verlo me di cuenta de que estaba ante un ser maligno pero a la vez democrático. (Cualquier parecido a un político es pura coincidencia.)


El tipo se acercó a Mariano. Y le dijo. Muéstrame lo que me prometiste.

Mariano se me acercó y me pidió que abriera la computadora y que también sacara de mi bultito las cosas que había recuperado del cofre. En especial las de la figura de madera…el Amuleto.

El hombre extendió la mano. Yo le coloqué la figura de madera en la misma…el tipo la miró detenidamente.

San Antonio…el santo de las cosas perdidas. Dijo, más bien gruñó.

Miró a su alrededor…justo sobre las lápidas que se perdían de vista. Alguien estaba ayudando a Mariano.

Luego me miró, y se dirigió hasta mí. Sentí una fuerza que me obligaba a abrir la computadora en el programa de escrituras…

Una vez abierta pudo ver en la pantalla lo que tanto temía.

Don Mariano le había ganado la apuesta. Furioso el tipo…bramó una maldición y un rayo partió el cielo al tiempo que una nube en torbellino de polvo y llamas envolvía su figura y lo desaparecía del panorama. En el suelo una pequeña llave labrada quedaba como única evidencia de que esa cosa había estado allí.
La recogí y de inmediato sentí la necesidad de arrojarla lo más lejos posible. Caminé hasta el arroyo y la lancé a las aguas que bajaban crecidas por causa de la lluvia. No tenía la más mínima intención de averiguar para qué era la llave…

Yo no había hecho absolutamente nada. Sólo estar parado allí. Apenas eran las doce y dos minutos y yo sentía que ya eran las tres de la mañana.

Busqué a Don Mariano…y a la viuda.

No los vi. A ninguno. Caminé unos pasos y entonces encima de una de las tumbas la vi. Yacía boca arriba al parecer dormida. La viuda. Me acerqué y le tomé la mano.

No tenía pulso.

¡Ohhh NO! Exclamé.

Gracias…escuché a Don Mariano decirme. Me liberaste.

¡¿Yo?, si no he hecho nada! Y su viuda ha fallecido…cuanto lo siento.

Ella está bien. Mira. Dijo él.

Al mirarlo me di cuenta de que ya no era alguien tangible…tenía forma etérea y una mujer…estaba a su lado…su esposa.

Te presento a Guadalupe mi esposa. Ella me sonrió pero no dijo nada. Se veía hermosa…llena de vida.

También la liberaste a ella y nos uniste.

Me quedé pensativo…y le pregunté.

Don Mariano… ¿Cuál era su sueño?, ¿cuál era su promesa? Y por último ¿cuál fue la apuesta?


Mi sueño fue poder escribir una historia pero morí antes de poder hacerlo.

Le prometí a Guadalupe que aún en mi estado espiritual hallaría la forma de escribirla y encontraría a alguien que tuviera ese don de poder ver con algo más que los ojos y hablar con algo más que la boca. E hice un pacto con ya tu sabes quien de que si lograba hacerlo él dejaría de molestar por estos lugares. Esa, fue tu parte.

Al aparecer Guadalupe en la escena le aposté su alma a que había logrado lo prometido.

Desde el día en que te sentaste a hablar con tu abuela me di cuenta de que eras esa persona. El cofre, las cartas, la figura del Santo…todo fue cayendo en su lugar. Terminó diciendo…ellos me ayudaron…ya que yo tenía que encontrar a esa persona aquí mismo y como sabrás no podía buscarla en otro lugar. Finalizó diciendo.

Yo estaba totalmente paralizado. No puedo creer esto…fue lo único que dije.

Si no hubiese aceptado esta misión… ¿qué hubiese pasado?...

La verdad... Respondió Mariano estarías en otro lugar teniendo un don sin poder DAR…

Ahora que has redescubierto ese don ya no necesitas de nuestra ayuda.

¿Ellos?, tardíamente caí en cuenta de las palabras de Mariano…

Al decir esto comencé a escuchar la música de danza y a ver las parejas bailar al compás de la misma. Don Mariano y Guadalupe se unieron al grupo. Allí entre ellos estaban Rosa y Eduardo…mis abuelos. Sonrientes y felices. Me hicieron señas de que me podía ir…ya había cumplido con mi misión.

Los fuegos artificiales explotaban en el cielo y acá en la tierra de las ánimas se bailaba eternamente libre.

Fin















Epílogo


¿Qué me llevó a escribir esta historia? No lo sé, tal vez Don Mariano es ese ser interno que tenemos todos y que escondemos porque pensamos que no es aceptado o nos da vergüenza.
Tal vez la viuda es la soledad que nos atrapa en secreto cuando en apariencias estamos más acompañados que una multitud.
Tal vez los abuelos…bueno ellos no…ellos sí son los recuerdos de nuestro genio indomable de la base de ser quién eres.

Tal vez sea sólo un personaje más en esta vida llena de historias. Tú también lo eres. Y hoy sólo puedo decirte…no seas sólo público…se personaje….y vive tus historias auque sean cuentos.

jueves, octubre 06, 2005

El Celador III

CAPITULO III


Eran como las 6 de la tarde de aquel el último día del año quinto del siglo veintiuno. En Seis horas (otra vez el seis) se resolvería el misterio del CELADOR.

Me encontraba frente a la casa de la viuda. Una estructura en hormigón, enclavada en un montículo no muy alto pero que la colocaba por encima de las demás casas cercanas. El frente tenía un patio llano que iba en inclinación según ascendía hacia la entrada principal de la casa. No era enorme pero sí se veía amplía y cómoda.

Las orillas de la entrada estaban adornadas de trinitarias de todos colores en los que resaltaban el anaranjado y el violeta. Muy bien cuidadas y podadas. La grama verde y los pequeños arbustos cobertores cuidados con esmero y detalle. No se distinguía la hierba mala.

Dos frondosos robles blancos vigilaban la entrada a la vez que la adornaban con su alfombra de flores níveas. Al final de cada extremo… donde estaba la Guardarraya había un seto de amapolas todas florecidas en un enardecido rojo que saltaba a todos lados de donde uno mirara.
Subí los seis peldaños que me llevaban a la puerta de entrada. Un sillón visiblemente usado estaba al lado de otro que evidenciaba ser nuevo o sin usar.

Me acerqué a la puerta…y fui a tocarla…

Se abrió de pronto…sin darme tiempo a nada más.

Buenas…pase. Dijo la mujer de unos cincuenta y tantos años ante mi cara de sorpresa.

Me quedé parado como un mismo lerdo…sin saber que hacer.
Me estaban cansando éstas presencias repentinas.

Venga. Volvió a decir la mujer.
No se quede ahí.

Entré al recibidor…todo estaba nítidamente ordenado. Una mesita con fotos antiguas a mi derecha, justo al pie de la ventana estilo francés.

Una mesa de centro con algunas velas encendidas en un envase de agua donde flotaban.

Cuadros de formas abstractas pero de vistosos colores adornaban cada pared…y más al fondo justo en la pared que daba de frente a mi…un retrato de Don Mariano.

Lo he estado esperando. Me dijo con una sonrisa.

Tenía unos cincuenta años pero se veía bien… contrastaba con la imagen de una viuda y era todo lo opuesto a Don Mariano. Ella era blanca, rubia y de tez tostada por el sol. Por lo que supe…no tenían hijos.

Siéntese por favor, dijo. Al tiempo que me extendía un vaso frío de Coca cola…

La obedecí. No estaba en ánimos de contradecir a nadie.



Hoy usted va a la media noche a verse con él.

No contesté nada. Obviaba la respuesta…

Debo advertirle no obstante que después de hoy su vida ya no será la misma.

Pero…no tenga miedo. Mariano sabe lo que hace.

¿Sabe?...pregunté.


Ella me miró. Me dijo. Hombre de poca Fe.

Le diré algo señora. La fe…mmm, me tiene en un patín. Estoy creyendo que me estoy volviendo loco.


Nada de eso. Respondió ella.

Lo que pasa es que está permitiendo que esta realidad se le salga de las manos. Y además no tiene nada que temer. Después de hoy todo regresará a la normalidad.

¿Pero no me acaba de decir que mi vida ya no será la misma?

Si. Eso dije.

Pero la normalidad no cambia.

Creo que entiendo. Respondí.


Ella prosiguió.

Mariano tenía un sueño, y justo antes de partir me juró que encontraría la manera de realizarlo aunque estuviese muerto. Por eso hizo un pacto.

¿Un pacto?,
¿Con el diablo?, pregunté sin dar mucho crédito a lo que decía.

Ella miro al suelo y luego miró a mis ojos. Su mirada me dio escalofríos y hay que ver que soy duro.

Espero que Mariano no se haya equivocado al enviarlo a usted a esta misión. Dijo.

Me incorporé y le respondí.

Yo no elegí venir…pero aquí estoy. Si he de ser el que haga el trámite pues que así sea. Pero por favor no me pida que actúe como un cura o exorcista por que no lo soy.

Mientras decía esto, sacaba de mi maletín la computadora en las cuales anoto y escribo cuanta loquera se me ocurre.

Aquí traje lo que me pidió. Permítame mostrarle.

Ella me detuvo.

No. Dijo.

Solo puedes mostrarlo al pactante y a Mariano.

¿Estás seguro de que está todo?

Si, respondo.

Me aseguré de tener todo.

Bien…dijo ella.

Ven a cambiarte de ropa. Añadió.

Me miré. Vestía un mahón y un polo, unos zapatos en cuero y estaba afeitado y acicalado.

¿Cambiarme? Pregunté.

Ella me pidió que la acompañara. Me mostró un traje blanco, uno negro, y uno azul.

Elige. Dijo.

Odio los trajes… respondí.

Elige. Volvió a repetir.


Siempre me ha gustado el azul, el negro lo encuentro muy serio y el blanco me encanta a pesar de que no uso trajes. Ese fue el que elegí.

Buena elección. No temes ser visto. Dijo la mujer.


Ahora póngaselo. Aquí lo espero.

Entré al cuarto y miré todo. Fotos por todas partes. Aquella mujer era hermosa en su juventud. Y todavía conservaba esa magia de atraer físicamente a los hombres, pero ella era de Mariano.


¿Ya esta listo?, preguntó.
A ver…


Salí del cuarto y por la mirada que me dio definitivamente le gustó como me quedaba.

La verdad que luce muy bien…para ser usted blanco.

Su comentario racista me sorprendió pero luego la vi sonreír por la broma.

Me invitó a cenar y a pasar la velada contándome de Mariano, pero no me dijo absolutamente nada de su secreto y su sueño…

En fin que resultó tal y como había dicho aquel celador.
Estaba buscando compañía para su soledad.

A las once y treinta estaba nublado y lloviznaba algo, me levanté le di las gracias y salí en dirección al Cementerio…

martes, octubre 04, 2005

El Celador II

EL CELADOR II

Llegué en horas de la tarde al Bar…Bloq estaba allí. Al verme caminar se echó a reír. Apenas podía mover una pierna…antes que la otra y estaba con la cara de alguien que se la ha pasado en la horizontal y no precisamente durmiendo.

Jajajá se rió… ¿y el monumento que salió con usted?...

Ehh ¿de qué hablas? Me hice el desentendido.

Nada, nada dijo él.

A lo que vine…carajo...dije.

Dime ¿qué es lo que pasa con eso de Don Mariano y de que mañana es el día?

Bloq ya no sonreía. A su lado estaba el otro tipo que le había hablado horas antes.

Bloq le dijo…

Este es el tipo..que vió a Don Mariano.

El hombre se volteó y me dijo solemnemente…
Usted ha sido el elegido.

¿Elegido?, pregunté con cierta preocupación. ¿Elegido para qué?

Mira. Dijo Bloq. Mostrándome un papel algo ya viejo estaba escrito por ambas partes. Era una carta. Al final la firmaba claramente Mariano Igartúa, El Celador.

Tomé el papel y comencé a leerlo…

No puede ser…No lo creo. Según iba leyendo más incredulidad sentía.

Pues créalo…interrumpió el hombre. Usted fue el elegido, y deberá estar allí a las doce de la media noche para que Don Mariano pueda entregar la llave…


¡Ah No! Eso sí que NO. Yo no voy a servir de mediador entre Don Mariano y el tipo ese…

No tienes opción. Todos te eligieron. Fue una decisión Unánime. ¿Acaso no viste cuando celebraban?...

Y usted ¿quién carajos se cree que es?, le pregunto al tipo…

¿YO?…el que me voy a asegurar de que Don Mariano pueda cumplir con su promesa y su sueño… al menos a que tenga la oportunidad.

Otra vez eso. ¿Qué promesa, qué sueño? Dije.

Lo sabrás a la media noche. Me volvió a decir.

Pero primero deberás ir a donde la viuda. Ella sabe de este día…pero aún no sabe de ti…el elegido.


Han pasado 6 años….

Seis meses y seis días….YA LO SE espeté con coraje y exasperación.

Lo único que tiene que hacer es estar allí…a la media noche y solo…de ir con otra persona…esa no regresará con usted.

domingo, octubre 02, 2005

El Celador...I

Serían como las doce. Iba camino al único lugar donde mi atribulada mente podía relajarse. Al bar de Bloq.

Después de todas las cosas que habían sucedido, sólo una dosis de alcohol y enajenación podrían al menos ayudarme a relajarme.

Al entrar noté que el bar estaba vacío. Sólo un par de comensales había llegado a la hora de almuerzo. Bloq, como siempre, recibiendo a todos con una sonrisa y algún comentario jocoso.

“Buenas Tardes”…Hoy llega temprano y por la cara que tiene parece como si hubiese estado en vela toda la noche! Jajaja, Caballero trasnochado.

Me reí por cortesía y pedí una cerveza.

¿Cerveza a esta hora?, preguntó, mientras sacaba la fría del refrigerador.

Me la trajo, al tiempo que se sentaba a mi lado, en mi mesita de la esquina.

Mira Bloq…no me jodas que no estoy para bromas. Le dije.

Bloq se rió…pero al verme serio puso cara de huevo y se quedó callado.

Llamó a la cocinera y le dijo que me trajera el especial del día y de vez le pidió una cerveza para él.

A ver…cuéntame, amigo. ¿Qué te pasó? Dijo mientras apuraba el primer trago de su fría.

Es que no sé por donde empezar. Me ha pasado esta única cosa…para pelos. Comencé a hablar y a contarle todo.

El me miraba incrédulo. Conocía bien a todos los del lugar…incluso a Don Mariano, El celador del cementerio.

¿Qué tu viste a quién? Dijo con cara de incredulidad. A un tal Don Mariano…contesté, pero ahora me dicen que está muerto…hace ya seis años…

…seis meses y seis días completa Bloq la frase.

Lo miro con asombro…

Mira…vete al carajo le digo, no me jodas…que la verdad es que esto me tiene cagao del miedo. ¿Cómo carajos sabes que iba a decir eso?

¡NO! En serio…dice Bloq…Los que conocimos a Don Mariano sabemos que hoy era un día especial.

Miré a Bloq con suspicacia. Sospechaba que aquí se desentrañaría otro misterio. ¿Qué me quieres decir con eso?, no seas maricón y no me dejes así.

Bloq soltó una carcajada y respondió…

La Verdad es que si no te escucho no lo creo…mira que Don Mariano me lo dijo antes de partir…

¿Qué coño fue lo que te dijo?...pregunté con exasperación.

El hizo una promesa antes de morir…se sentía obligado…con la vida.

¿Qué promesa? Pregunté…

Bueno…Don Mariano era una persona muy inteligente pero nunca logró su sueño.

¿Cuál sueño?...pregunté de nuevo.


La gente comenzaba a llegar. Era la hora de rush.

¡Hola Bloq! Decían al llegar y a la vez me saludaban de paso.

Bloq se levantó de la mesa y dijo.

Tengo que regresar al trabajo. Hablamos luego.

¿Qué promesa? ¿Qué sueño?, coño no seas maricón y dime algo.

Cómete eso para que puedas seguir el día. Después hablamos…dijo al tiempo que se retiraba a atender la clientela.

Lo miré con coraje pero que remedio….

Al levantar la vista otra vez…vi a mi amiga que entraba. La miré con algo de coraje…la última vez me había dejado a pie.


¡Holaaa! Dijo al verme en la mesa.

Veo que estás de buen ánimo hoy…me dijo...

No se que carajos me vio en la cara…pero le pareció que estaba de buen ánimo.

¡Hola Bloq! Saludó al gordo.
Sírveme lo mismo que él. Dijo, al tiempo que se sentaba a mi lado.
¿Puedo?, preguntó ella.

Claroooo! Ya te sentaste. Respondí irónicamente pero sonriendo. Mejor estar alegre que con la preocupación de la historia.

Ella sonrió de buena gana. Chistosito…me dijo

Y ¿Cómo está todo Camila?...pregunté. ¿Ya no ves más a Papinchulin?

No. Ahora tengo la mira puesta en alguien verdaderamente interesante…(mientras me miraba de arriba abajo). En especial desde que usa esos cortos de ciclismo que le quedan… ¿cómo digo?,mmm…interesantes.



Poco faltó para que me atragantara el pedazo de carne que tenía en la boca. EL verla allí de frente me hizo acordarme del sueño que tuve con ella…

Perdona…le dije…si te molestaste por lo de la vaca…
Me miró seria…frunció el ceño y me espetó un…

Mira una mujer no se compara con una vaca…

Pero…intenté explicarle en vano.

Ningún Ningún explicar, repitió ella.

Ni te atrevas porque te tragas el pedazo de carne por la nariz…


Ante tal amenaza decidí no volver a tocar el tema…por ahora.

Ella me gustaba demasiado aun con aquellas libras de más que nada le hacían ver como una vaca. Nada que ver.

Estábamos comiendo aún cuando entra este hombre y buscando con la mirada en dirección de Bloq.

¡Oye Bloq!… dijo en alta voz. Mañana es el día. ¿Qué harás? Preguntó.

Mañana es el día…pensé. Se terminaba el año y empezaría el sexto año del siglo.

Bloq miró al tipo e hizo un gesto con el dedo de que bajara la voz al tiempo que miraba hacia donde me encontraba…

Ajá…maldito…te atrapé. Le dije con la mirada. Ahora tendría que contarme todo…y más le valía que fuera pronto…

¿Qué pasa cariño? preguntó Camila.

Nada, nada. Respondí
Es algo entre Bloq y yo.

Ahhh ¿no puedo saber entonces?

La verdad…NO. Lo siento cosas de hombres.

Bueno…debe ser algo muy secreto… ¿mujer?,

Naaa. Dije nada de eso. Contigo me basta…me incriminé.

Ella se sonrió.
Gracias…dijo al tiempo que ponía su mano en mi muslo…muy hábilmente y sin que nadie la viera…
Sentí un corrientazo que me hizo empujar la silla hacia atrás con un escándalo que hizo a todo el mundo mirar a donde me encontraba.

Oye Bloq…llamé al gordo. Voy a estar pendiente de cuando salgas. Tenemos que hablar…

Dicho esto me dirijo a Camila…le dije finalmente…Mira linda…anoche tuve un sueño y la verdad es que estamos aquí perdiendo el tiempo mientras la miraba de arriba abajo, comiéndomela con la mirada.

Voy para mi casa. Si quieres vienes,,,

Nos levantamos de la mesa y nos marchamos cada cual por su lado en la misma dirección.

Me volteé hacia Bloq al momento en que salía por la puerta y le hice la advertencia con el dedo de que lo vendría a ver más tarde.

El miraba a las caderas de Camila…el muy Hijo de Puta no me vio, por estar mirando las nalgas palpitantes de mi amiga. Luego se encuentra con mi mirada y hace un gesto de aprobación que casi me hace mear de la risa…su cara sólo decía Coño te envidio…

El Amuleto VII

Por culpa de tecnicismos los símbolos del post anterior no salieron…

Mas adelante daré la traducción al los mismos
.

El Amuleto VII

Al otro día me levanté temprano y fui al lugar de los hechos. Al llegar a la entrada vi que el celador se dirigía a abrir el mismo, pero no era el mismo hombre.

Oiga…perdone, me acerco al que abría los portones del campo santo. ¿Dónde puedo encontrar al celador que estaba aquí ayer?

¿Ayer? Preguntó extrañado el hombre

Si…un hombre de unos 60 años de piel negra cabellera canosa que ahora que recuerdo llevaba un bastón para ayudar a una leve cojera…

El hombre me miró con cara de duda y de confusión.

No se de que está hablando yo llevo trabajando aquí desde hace ya 6 años 6 meses y 6 días.

O sea estoy desde el 23 de junio de 1999 cuando sustituí a don Mariano…ese que describe era él. Puntualizó.

666 pensé y 1999 es igual a 6661

Hoy es 29 de diciembre de 2005 en dos días será el sexto año del siglo…otro seis.

¿Y que le pasó a Don Mariano?, ¿Donde lo puedo encontrar?

Su viuda vive en la casa al final del camino, ella podría contarle la historia…esta sola y le gustan las visitas.
Yo lo dejo…tengo que recoger algunas animas.

El Amuleto VI

El Amuleto VI


El celador comenzó a hablar. La otra tarde yo lo esperaba. Ya me habían informado de su visita. De hecho me habían dicho incluso que vendría hoy.


¿Quién le dijo tal cosa?, pregunté.

Pues la Señora…la viejita de sonrisa dulce.

¡!!No estaba yo soñando. Era verdad. Era ella, eran ellos y el celador era real!!!

El celador prosiguió.

Me dijeron que vendría alguien a buscar algo y que lo dejara pasar. Me dijeron del hueco en la verja. Ni yo mismo sabía que existía hasta el mismo día que usted vino…ayer.

Hablaron del cofre y su contenido pero me dejaron esta llave para entregársela. Dijeron que sin la llave no podría encontrar lo que el cofre guarda. Terminó diciendo.

Bueno…el cofre se abrió y encontré lo que había adentro.

¿Esta seguro?, preguntó el celador.

Venga y véalo por usted mismo. Respondí.

El celador me siguió hasta la mesa de trabajo. Allí estaba, era un cofre espléndido con su labrado en plata pura y los detalles de las rosas labradas. Miré adentro y entonces noté algo que no había visto al principio. El fondo del cofre no cuadraba con la altura del mismo.
¡Tiene doble fondo! Exclame lleno de sorpresa.

Increíble. Dije.

El celador sonreía…

Tenga. Dijo extendiendo la llave.

La tomé y de inmediato me dispuse a introducirla en la cerradura. La llave también era de plata.

Clic hizo la tapa del fondo al levantarse al giro de la llave.

Una envoltura de papel encerado estaba cuidadosamente colocada de forma que cubría todo el objeto dentro de ella.

Según fui separando la envoltura (conteniéndome para no romperla como regalo de navidad por un niño) fue apareciendo una figurita de madera tallada…un Santo.

Qué santo sería pensé. Por algún lado debía de estar la respuesta. Lo levanté para que el celador lo viera.

Lindo Amuleto. Dijo.

MMM creo que no es un amuleto…mas bien parece un Santo pero cuál.

El celador miró en la caja. Yo no había visto que en una esquinita estaba un fino cordel color negro con un cierre de esos que se ponen a los collares y pendientes.

En el extremo del mismo había una diminuta medalla con una minúscula inscripción grabada en su dorso. dar seran tus iniciales y llevaras ese
don a todo aquel que conozcas

(esta la tiene que descifrar usted amigo lector)
En el frente de la medalla había otra esfinge…la de un hombre rodeado de niños…nada más había. Entonces me la puse al cuello.

Cuando miré nuevamente la medalla colgada en mi cuello…noté movimiento en los símbolos.

Cambiaban una y otra vez…y entonces pude entender lo que decían…

Comencé a leer cada texto que aparecía y lo anotaba en un papel en blanco.

“Soy...la oportunidad…la misma que has seguido por tanto tiempo y se te ha escapado…por rendirte al último momento.

Hoy soy la oportunidad de revelar este secreto. Por tantos años guardado y que es tu más preciado tesoro.”


No daba crédito a lo que veía. Agarré la medalla y sentí como ardía en mis manos. Me quemó. La solté y solo pude ver cómo se desvanecía en una mezcla de luz y calor como un fósforo que se quema en lo que uno pestañea.

¡Nooooo! Exclamé cuando ví que desaparecía el preciado objeto. ¡No puede ser!, me lamenté al ver que ya no quedaba nada de la medalla…que se haya terminado, terminé diciendo.

-No creo que termine así- intervino el celador. Es más creo que apenas comienza. Apenas comienza…

Lo miré. El tipo ya no sonreía, me miraba serio como indicándome que lo que me decía no estaba sujeto a interpretaciones.




Siguió hablando:

En sus manos tiene la herramienta que le abrirá el camino en el bosque de hojas blancas. Con su siniestra y no su diestra labrará el mismo. Terminó diciendo.

Dicho esto se marchó.

Pero, pero…espere…no se vaya…le dije al verlo pasar el umbral de la puerta hacia la noche…

Ya era de noche.

Oiga…llamé al tiempo que llegaba hasta la puerta y ver que afuera estaba lloviendo a cántaros y que el celador había desaparecido…ni rastro del mismo.
La pala estaba al lado de la puerta y una rosa roja estaba al pie de la misma.

El Amuleto V

El Amuleto V

¡Otra vez usted!, exclamé al ver frente a mi puerta pala en mano, al celador.

Hola...vine a devolverle esto.

¡Pero si le dije que se quedara con la pala!, sin preguntar como Carajos había dado conmigo.

Ahh…no es la pala, dijo. Extendiendo el brazo con el puño cerrado frente a mi.

Le vine a entregar esto. Y abrió la mano, dejándome ver una pequeña llave labrada de esas que se usan para abrir cofres…

¿¡Pero cómo supo donde vivo?!

Señor…soy celador, anoto y recuerdo números…tengo amigos.

Esta bien, esta bien no diga más…ya que se tomó la molestia venga y tómese algo.

Mientras le preparaba su bebida el celador comentó…Veo que encontró el cofre…

Me incorporé de pronto con el comentario, ¿Cómo sabía? A menos que….

De inmediato me dirigí hasta donde estaba y le espeté un “OK” ¿dígame qué quiere, quién es usted, cómo sabe del cofre?

Vamos dijo él. Siéntese que apenas comienzo…

El Amuleto IV

El Amuleto IV

Cuidadosamente coloqué el cofre, imaginando su contenido, sobre la mesa de mi taller de trabajo.

Tal vez sean los restos de alguna persona…me alarmé. Tal vez debí dejarlo en aquel lugar…no deseo profanar algo sagrado...pero no estaba dentro del recinto.

Comencé a remover el sucio que cubría la caja…con cuidado fui develando las formas labradas en su cubierta…eran rosas…labradas en la pura plata…Sí aquel metal era de plata. Y debía pesar más o menos unas 10 libras por lo que era valioso además.

La tapa del cofre estaba cerrada con llave. No tenía idea de lo que tendría dentro pero estaba decidido a averiguarlo.

Cómo lo abriría. Busqué algunas herramientas, destornilladores, pinzas presillas…nada servía. Después de estar más de una hora intentando abrirlo sin resultados me frustré y lo empujé contra la pared al final de la mesa de trabajo…

Clic…se escuchó el ruido de una cerradura abrir y la tapa quedó parcialmente levantada.

Miré asombrado ante las casualidades y me acerqué a ver el contenido…

Riiiiiing riiiiing riiiiiing…sonó el teléfono. Fui a contestarlo y…

Hello , hello, hello….

Nadie en el otro lado. Tono de ocupado. ¿Quién sería?
Regresé a la mesa del taller…tomé el cofre y lentamente fui levantando la cubierta…temeroso de lo que pudiera ver.

Poco a Poco fueron apareciendo los secretos guardados….

Una pequeña pila de papeles desintegrados, y un saquito de fieltro negro en el fondo.

Uno de los sobres tenía una fecha escrita…23 de junio de 1963…era lo único que se podía leer de aquel viejo documento antes de que se me desintegrara en las manos. Así sucedió con todos los papeles.

Tomé entonces el saquito. Tenía algo adentro. Con cuidado lo abrí y dejé deslizar su contenido sobre la mesa. Su brillo intacto me hizo ver claramente la naturaleza de aquel metal…Oro. Era la figura de un ancla de dos puntas con un pequeño crucifijo.

No puede ser…pensé. Demasiadas coincidencias. Nada tenía orden y yo allí desvariando.

¡Heyyy! Gritó una voz que me pareció familiar.
¿Hay alguien en casa?


…..

sábado, octubre 01, 2005

El Amuleto III

El Amuleto III

Ufff… mas vale que saque eso de allí ahora. No puedo arriesgarme a venir otro día aquí.

Caminé hasta el lugar, allí estaba. Era una caja, metálica. Saqué la pala que llevaba en una pequeña mochila, era de esas palitas de Niños Escuchas. Perfecta para esconder.
En pocos minutos había excavado lo suficiente y retiré la caja que ahora parecía más bien un cofre.

Tenía labradas en el metal muchas formas de flores y a pesar de que estaba toda sucia se podía ver que era de un metal brilloso, ¡Plata! Exclamé para mis adentros.

Cuidadosamente la guardé en la mochila y emprendí la marcha de regreso.

¿“Encontró lo que buscaba”? me interceptó el celador

Eh!! Si gracias…atiné a decir

¿Y la pala?...volvió a preguntar, señalando la herramienta que por no tener espacio en la mochila la traía inadvertidamente en la mano.

Ah…me la acabo de encontrar también. Tenga… se la regalo por haber sido tan amable.

Dicho esto apuré el paso hasta mi vehículo y me marché. A mi lado el misterioso cofre.

¿Qué contendría?

El Amuleto II

El Amuleto II

Al amanecer el cielo estaba diáfano, se perfilaba un día precioso.

Inventé no se que excusa para no ir a trabajar. Tendría la mañana para buscar aquel objeto. Llegué a eso de las siete. Los portones del camposanto estaban abiertos. El celador ya había llegado.
Al verme sonrió.

¿Salió tarde eh? Preguntó.

Si. Contesté…estuvo muy tranquilo.

El celador arqueó una ceja dejándome entrever que no me creyó.

¿De veras? …preguntó.

Encontré varias flores revolcadas por todos lados…

Puse cara de asombro pero no dije nada.

El continuó.

Hace tiempo vienen sucediendo cosas raras como la de las flores. Otro día veo sombras a plena luz del día y justo antes del amanecer cuando me dispongo a abrir los portones escucho música y hasta puedo jurar que alguien esta cocinando…arroz con pollo y de los buenos.

Mmm pues yo no vi nada, Mentí. De hecho se me perdió algo anoche, allá por la salida que usted me indicó. Vine a ver si lo encontraba con la luz del día.
¿Puedo?


Vaya pues…,dijo el celador… e insistió, ¿Está seguro que no vió nada?
Verá…se que usted no pudo haber sido el causante de tal desorden. Vivo cerca de aquí y lo vi alejarse una hora después. Fuí a verificar y todo estaba en orden.

De verdad no vi nada. Bueno, le dejo que quiero encontrar lo que perdí.

¿Y que fue lo que perdió? Volvió el celador a preguntar con una sonrisa maliciosa.


Se me estaban agotando los argumentos tenía que pensar y rápido.

-Perdí un pequeño bolso con unos recuerdos- inventé

AHHH…pues buena suerte. Dijo…y agregó sonriendo todavía como alguien que te oculta que sabe de tu secreto pero te lo dice con el lenguaje corporal

-espero que lo encuentre.

El Personaje...El Amuleto

EL Personaje…El Amuleto


Apenas salí del recinto me encontré con la vereda que el hombre cercana al arroyo. La oscuridad era total y solo la luz de la luna se filtraba entre el robusto follaje a través de pequeñas rendijas llegando hasta el suelo.

Iba ya casi terminando la vereda cuando algo en el suelo llamó mi atención. La luz de la luna caía directamente sobre lo que fuese aquello y lo hacía brillar.

Debe ser alguna lata o pedazo de basura que alguien debió de arrojar allí. Pensé.

Me acerqué y comencé a remover algunas hojas que lo ocultaban…intenté retirarlo de la tierra pero estaba verdaderamente enterrado. Pude sentir los lados del metal como si estuviesen grabados o labrados. Se sentía sólido y pesado.

Definitivamente no era algo normal. De hecho nada aquella noche lo era.
No me deseaba ir pero se haría tarde y la lluvia anunciada caería en cualquier momento.

Decidí volver al otro día, pala en mano. Sólo debía buscar la forma de evitar ser visto. No quería levantar sospechas….