Diabla, soledad.
Se me acercó entre dos sorbos del dulce ron. Su mirada destellaba malicia. . La miré indiferente,sin desearla. Más allá un grupo de machos babeaba lujuria. Los ojos se les iban más allá del ceñido cuero color miel que se adhería como segunda piel y llamaba al ruedo.
Sonreí, y me volví a mi trago.
-Puta, pensé.
Otro sorbo de aquel dulce néctar espiritoso, la sentía cerca. Podía percibir su aroma de flor venenosa. Su voz se escuchó entre el gentío.
- deme un vino tinto- la escuché pedir al cantinero mientras sentía que me quemaba con su mirada.
Otro sorbo y me volteé, ladeando la cabeza y la miré de reojo y regresé a mi trago con la mirada en la lima que adornaba el labio de cristal del envase.
-Solo? escuché su voz
Sonreí para mí como si hubiera sabido desde el principio que esperaba esa pregunta.
Me enderecé en la banqueta y la miré. Mi mirada se encontró por primera vez con la de ella.
Le sonreí, no sé si por cortesía o por sarcasmo. Nadie más estaba a mi lado en aquel lugar lleno de almas liberadas en alcohol.
Se me acercó al oído y me preguntó nuevamente a voz de susurro. Dónde está? Dónde está ella, la que te tiene aquí mirando el fondo de ese trago? , al tiempo que se daba un sorbo de su vino. Sus labios apenas besaban la copa y la teñían de rojo escarlata.
Miré mi trago y apuré el mismo. El calor del licor se apoderó de mi garganta al tiempo que cerraba mis ojos buscando la imagen de la respuesta.
- No está aquí- le dije sarcásticamente.
Ella me sonrío y se enderezó de forma que me dejaba ver toda su figura. La muy maldita se agarró el cabello y se hizo una cola. Como si supiera de antemano lo que me gusta y me atrae de ti.
La música se hacía eco y más allá las parejas bailaban. Ella miró hacia la pista...
-Bailas?- me dijo con voz segura mientras colocaba la copa en la barra.
-Gracias- le dije,
pero mejor no
Ella me miró sin dejar de sonreír y me dijo
-entiendo- al tiempo que ponía su mano sobre mi brazo en ademán de simpatía.
De pronto sentí al toque un escalofrío que me corrió todo el cuerpo. Allí estaba ella, el objeto de atención de todos los que estaban allí y a mi ni me movía un ápice de emoción ni deseo.
La miré fijamente, le recorrí el cuerpo con la mirada, ella se dio cuenta y no hizo nada más que dejarse mirar.
-Te conozco- le dije
Ella me sonrió de nuevo como si aceptara que había sido descubierta.
-Me conoces? me respondió con la pregunta.
-Si, te espero en mi lugar ya sabes el camino...diabla Soledad igual te quedas sin yo desearte. No me asustas, aunque me lastimes te voy a sacar de mi vida.
Apuré el último trago. Abro mis ojos aquí en la ducha, extrañando tu presencia mientras disimulo la lagrima con el agua que me baña, mientras sueño.
Sonreí, y me volví a mi trago.
-Puta, pensé.
Otro sorbo de aquel dulce néctar espiritoso, la sentía cerca. Podía percibir su aroma de flor venenosa. Su voz se escuchó entre el gentío.
- deme un vino tinto- la escuché pedir al cantinero mientras sentía que me quemaba con su mirada.
Otro sorbo y me volteé, ladeando la cabeza y la miré de reojo y regresé a mi trago con la mirada en la lima que adornaba el labio de cristal del envase.
-Solo? escuché su voz
Sonreí para mí como si hubiera sabido desde el principio que esperaba esa pregunta.
Me enderecé en la banqueta y la miré. Mi mirada se encontró por primera vez con la de ella.
Le sonreí, no sé si por cortesía o por sarcasmo. Nadie más estaba a mi lado en aquel lugar lleno de almas liberadas en alcohol.
Se me acercó al oído y me preguntó nuevamente a voz de susurro. Dónde está? Dónde está ella, la que te tiene aquí mirando el fondo de ese trago? , al tiempo que se daba un sorbo de su vino. Sus labios apenas besaban la copa y la teñían de rojo escarlata.
Miré mi trago y apuré el mismo. El calor del licor se apoderó de mi garganta al tiempo que cerraba mis ojos buscando la imagen de la respuesta.
- No está aquí- le dije sarcásticamente.
Ella me sonrío y se enderezó de forma que me dejaba ver toda su figura. La muy maldita se agarró el cabello y se hizo una cola. Como si supiera de antemano lo que me gusta y me atrae de ti.
La música se hacía eco y más allá las parejas bailaban. Ella miró hacia la pista...
-Bailas?- me dijo con voz segura mientras colocaba la copa en la barra.
-Gracias- le dije,
pero mejor no
Ella me miró sin dejar de sonreír y me dijo
-entiendo- al tiempo que ponía su mano sobre mi brazo en ademán de simpatía.
De pronto sentí al toque un escalofrío que me corrió todo el cuerpo. Allí estaba ella, el objeto de atención de todos los que estaban allí y a mi ni me movía un ápice de emoción ni deseo.
La miré fijamente, le recorrí el cuerpo con la mirada, ella se dio cuenta y no hizo nada más que dejarse mirar.
-Te conozco- le dije
Ella me sonrió de nuevo como si aceptara que había sido descubierta.
-Me conoces? me respondió con la pregunta.
-Si, te espero en mi lugar ya sabes el camino...diabla Soledad igual te quedas sin yo desearte. No me asustas, aunque me lastimes te voy a sacar de mi vida.
Apuré el último trago. Abro mis ojos aquí en la ducha, extrañando tu presencia mientras disimulo la lagrima con el agua que me baña, mientras sueño.
Me levanto, y miro tu retrato, nuestros retratos, nuestras vivencias. Nuestros hermosos recuerdos y me convenzo y se reafirma mi corazón de que eres la mujer de mi vida.

