viernes, junio 30, 2006

SENTENCIA

SENTENCIA

Era media tarde.

Su caminar lento y desbalanceado evidenciaba el cansancio de aquellos reos. Iban sin más prisa que la de dar un paso después de otro. Sus miradas profundas, enconcavadas en ojos con expresión de resignación ante la suerte inminente que hoy les pesa sobre su existir, buscaban algún alivio entre las máquinas de la indiferencia que día a día enfrentaban en su andar.

Una mano llagosa extendida y abierta al cielo. Un bastón cojeando y un cuerpo lánguido fruto del abuso al falso sueño. Demencia ocular en los horizontes perdidos entre olores y fumarolas. Sangre envenenada con la rabia del químico y la paz del un gas natural.

Elíxires que nutren las venas y arterias haciendo de los latidos del corazón un desboque de sensaciones someras, ficticias…mortales.

Una cabellera rubia queda de evidencia de lo que una vez fue aquella rubia niña. Una barbilla hirsuta queda como evidencia de una sabiduría perdida en las mazmorras del espejismo de lo que pudo haber sido un gran señor. Jamás lo sabrán. El destino dictó la sentencia.

El verdugo hace tiempo la ejecutó. Ahora es que el cuerpo la sufre… el resultado final. Deambula entre autos por el día, entre zaguanes por la noche y si despierta seguir cumpliendo su sentencia de por vida…perpetua. El día que ya ese cuerpo maltrecho y maldito por los abusos de la droga ya no despierte, ya no camine, ya no mire…habrá cumplido con la sentencia y será otra vez libre. Un alma errante un alma que hoy reclama ser libre. Un alma no en pena…en un cuerpo que da pena.
¿Sentencia de muerte o sentencia de vida?

TIEMPO PERDIDO

NO DESPERDICIES TU TIEMPO

Habla ahora sin tener elementos, solo su juicio pasa el momento y enjuicia. No han pasado dos horas y de un éxito en nacimiento señala un potencial fracaso.

No es un por si acaso. Es que parece ser así. Con un ego nublado por las nubes del elevado pensar de, que es la única sapiencia.

Criticar por decreto, aún cuando no tiene derecho. Actitudes que soslayan su verdadero valor proyectando un humor que todos rechazan. Competencia laboral, no declarada la guerra. Armas de tomar, como fusil la lengua. Veneno inocuo que sólo hace efecto en su propio ser y lo envenena de intolerancia y de fastidio. No tiene descanso su búsqueda de imperfecciones y siempre las encuentra. No se da cuenta de que mientras más encuentra en los demás, más grande se evidencian las suyas. A espaldas rompe el silencio y de frente rompe la hegemonía con actitudes de soberbia y excesos de soberanía.

Su mirar sólo se ha concentrado en lo imperfecto de la perfección. Se ha olvidado del cuadro completo y he ahí la frustración. De pronto olvida lo que hoy tiene y desperdicia sus energías mirando el defecto ajeno, en un enajeno de su propia realidad. Tiene amor y salud y lo demás se adviene por que según un conocido dicho “Dios aprieta pero no ahoga”.

Aún cuando a su vida se le proyecta un camino hermoso y la senda aunque escabrosa y ardua se sabe cerca de la cima, no haya el clima que le da sosiego. Un problema del ego que le sacará úlceras más antes que luego.

Es hora de buscar tiempo para amar y amarse. Si conoces a alguien en lo que acabo de decir recuérdale que solo se vive la vida un día a la vez y que desperdiciarla mirando y criticando la vida de los demás no vale la pena ni el esfuerzo.

martes, junio 27, 2006

Encuentro XI

Una lluvia pertinaz caía incesantemente. Eran las 4:50 de la mañana y apenas quedaba penumbra. En unos cuantos minutos amanecería. Una luna casi invisible como la enigmática sonrisa de la Monalisa de Da Vinci se asomaba a través del velo de nubes.

El desvelo era obvio. Había razón, la noticia de la tragedia era fuerte. Tocaba el corazón.

- “Una prueba más”- pensó

El choque había ocurrido camino al trabajo. Temprano en la mañana y era la noticia del día. Un muerto y una herida de gravedad.

Huérfanos y viuda. Incertidumbre con la mamá. Nadie a esa hora sabía el posible desenlace. En manos de los médicos y muy Del de ALLÁ era el destino.

Un día normal para unos…un día final para otros y todavía hay quienes piensan que los días pasan en vano.

Ningún día ningún segundo de ese tiempo es vano. Vívelo como que puede ser el final. ¿De que te sirve quedar varado mirando la vida pasar por el lado? Eres parte íntegra de ese pasar. La vida…ese cuadro al que perteneces espera tu función.

Y allí estaba mirando el mar como si nada pasara pero todo pasaba tan velozmente que el tiempo parecía detenerse.

¿Qué iré a hacer hoy?, esa es la pregunta. Miré nuevamente el horizonte ahora gris ante la tormenta que se avecinaba.

-mojarme- me dije. La lluvia es parte de la vida. ¿Por qué habría de huirle?

Apenas era un rocío que mojaba el rostro refrescando la quemada piel. Lo que se avecinaba era otra cosa. Una verdadera tormenta.

Caminé lentamente por la arena mientras cavilaba sobre las cosas del destino. Un hombre en una silla de ruedas estaba justo donde las aguas acariciaban con su espuma las arenas doradas.

- Buenas tardes- me dijo. Con una sonrisa leve pero a la vez con la mirada de alguien que va a pedir algo.
- Buenas tardes- le respondí

¿Podría ayudarme?- me dijo.
¿Ayudarle?- le pregunté extrañado
¿Quiere que le ayude a salir hacia el edificio?-le pregunté

No, quiero que me ayude a sentarme en la arena justo en el agua. Respondió.

¡Pero se acerca una fuerte tormenta! Y no debería de quedarse ahí. Le advertí.

¿Tormenta?- exclamó el hombre asombrado. Tormenta…mmm, se quedó pensativo.

Todos tenemos que enfrentar algunas tormentas en la vida. Dijo al tiempo que se pasaba las manos por las piernas o más bien por lo que le quedaba de piernas.

No me había percatado que al hombre le faltaban ambas piernas a la altura del muslo.

-Una mina- me dijo, en Irak acotó.

-Lo siento-dije sin saber que otra cosa decir.

-No lo sientas- me reclamó. La vida es así. Uno elige y yo elegí ir.

¿Y se arrepiente?- me atreví a preguntar.

¿Arrepentirme?, Si me arrepiento, ¿cambiarían los hechos?, ¿me regresarían las piernas?... ¿regresarán a la vida todas esas personas que se han muerto a través de mi mano sin yo saber nunca quienes son?

Me quedé pensando en su respuesta. En parte tenía razón. De que valía arrepentirse de algo pasado.

El hombre continuó hablando. Cuando caminas por la arena dejas las huellas y aún en tu más perfecto intento por recorrerlas de vuelta jamás van a quedar iguales por que tu nuevo paso las hace más profundas y más anchas. Dijo.


Miré mis huellas y me imaginé caminando hacia atrás y seguro que no sólo sería difícil sino ridículo.

Bueno-creo que entiendo. Ahora vamos adentro que se avecina mal tiempo. Dije al tiempo que sujetaba la silla para llevarlo a donde hubiese resguardo.

Obviamente no me entendiste- me dijo el hombre. Deteniéndome las intenciones.

Sólo deseo que me ayudes a bajarme de la silla y sentarme ahí mismo en frente. Dijo mirándome seriamente.

Una enorme pared de agua se avecinaba y aquel hombre quería quedarse allí.

Hijo, me dijo. Sujeta la silla mientras me deslizo hasta el suelo.

Hice lo que me pidió.

Trabajosamente y con un gesto escondido de dolor se impulsó hacia delante. Pude notar una larga cicatriz que se le marcaba desde la axila hasta casi el codo de su brazo derecho.
El hombre sentado en el suelo me miró otra vez.

-Gracias- me dijo. Al tiempo que se adentraba al agua sin nada más que su traje de baño y una camisa sin mangas.

Yo lo miraba sin creer lo que hacía. En unos minutos una tormenta de rayos y truenos ya se nos venía encima. Podía sentir el viento aumentar su fuerza y las gotas de agua explotar en mi rostro como alfileres.


Comencé a caminar rápidamente hacia un lugar seguro, pero no dejaba de pensar en aquel hombre de la silla de ruedas.

Justo llegué al edificio de la playa cuando veo al hombre flotar boca arriba en medio de aquel vendaval.

El cielo ya estaba envuelto en llamas blancas y cañones celestiales…

Definitivamente hay que estar loco para hacer lo que ese hombre está haciendo me dije al tiempo que caminaba en contra de toda lógica hacia el mar ahora bajo aquella tremenda borrasca.

No sabía por qué pero iba hacia donde hacía un rato me negaba a permanecer.

martes, junio 13, 2006

Encuentro X

ENCUENTRO X


La risa lejana le advertía. No era una risa sana y lo presentía. Amistad en entre dicho las verdades en un cruel nicho de silencio.

Necio se decía para sus adentros. Esto es sólo un estúpido encuentro. Poco a poco la distancia se consumía. Tras sus oscuros lentes podía percibir lo que ya sabía. Aquellas miradas todo lo decían. Miradas hipócritas miradas de arpías.

Otros ojos le buscaban pero ya no les atendía. No por no ser sinceros sino por lo que ya sabía. Convertido en celoso guardián de su libertad condicionada guardó su mirada para mostrarla al desvelo. Ligero vuelo de verdad emocionante. Estrellarse contra el cielo y flotar en el suelo delirante.

Cuanto más podría seguir ocultando sus valores. Afuera un mundo de cazadores busca como hacer el revuelo. Hábil con la palabra que no se escucha. Esgrime la espada de la verdad de forma ducha y la lucha deja de ser en contra y se convierte en algo que divierte.

Fugitivo de ideas vanas, muchas de ellas sanas otras sananas. El mar más indómito le llama, es caminante de llamas y quemarse es el riesgo. Entre marejadas de maldecires se bandea, con el riesgo se codea y juega con él un mano a mano. Amor nunca será en vano si el corazón lo procrea, lo cría y se hace su albacea.

Así sin más arma que su escribir, se hace sentir silencioso de los ojos que le vigilan.
Tal vez mañana prosigan con su hablar malicioso o se habrán dado cuenta de que aunque parezca manso es feroz el oso y que con una garra de papel les puede hacer derrumbar su mundo de oropel.

Encuentros IX capitulo 5 Fin

CAPITULO V


A tientas otra vez en el oscuro fondo del bote volcado hurgó con rapidez el espacio del compartimiento. Nada, al parecer no quedaba nada más.

Comenzó a salir cuando sitió algo que se le atoraba en la pierna impidiéndole salir completamente de debajo de la superficie. Apenas podía sacar la nariz del agua lo suficiente para respirar. Se volvió a sumergir y buscó su pierna para llegar a lo que le apresaba.

Ligeramente lo fue tocando, era la correa de un bulto. El bulto donde guardaba algunas herramientas tales como cuchillo y algunos hilos de pescar así como señuelos. Se zafó a tiempo para volver a respirar y logró sacar el bulto fuera del agua.

Trabajosamente se subió a su asidero. El último lugar donde podía sostenerse fuera del agua.

La madrugada era cruelmente fría, pero él apenas lo sentía. Era el sexto día en madrugada y presentía que su suerte iba a cambiar con la salida del sol.

Se tiró sobre el casco del bote y por vez primera en tres días decidió dormirse sin importar sino despertaba.

- ¿Tanto esperar por este momento y ahora no te vas?- le dijo una voz con acento de ola.
- ¿qué vas a hacer?, cuando ya no puedas seguir. Repitió la voz.
- ¡Anda te reto a que me venzas!-volvió a exclamar con voz de espuma
- Hasta aquí llegaste eres mío y de mi mar dijo el hades…ya no puedes mas te he vencido. Mañana serás mío.

El hombre murmuraba entre sueños…

Una niña de cabellos dorados le sonreía. Sus bracitos se le enroscaron en el cuello y con su dulce vocecita le decía que la cargara al hombro y la llevara con el.

Se la montó a cuestas, “te amo” decía con voz melodiosa la pequeña. El hombre la paseaba entre risas por las arenas blancas de su isla preferida.

¿Papá me muestras las sirenas? ¡Papá…papá…papá!

Poco a poco el hombre fue abriendo los ojos. Una luz le cegaba. Ya no había agua a su alrededor…un grupo de rostros le miraban y unas manitos le agarraban las quemadas mejillas.

Sus ojos encontraron los de su niña…había regresado. Una voz le habló desde lo profundo de su cabeza.

¿Y bien?, preguntó. Ahora que estás aquí ¿qué harás?
El hombre cerró los ojos mientras abrazaba a su hijita que no dejaba de darle besos y abrazos.

Vivir- respondió y sonrió.

Pues que así sea dijo la voz…


Fin

lunes, junio 05, 2006

Encuentro IX cap 4

Encuentros IX
Capitulo 4


-Estoy cansado- sollozó el navegante. Ya no puedo más.

¿Por qué no terminas esto de una vez?- preguntó mirando el cielo lleno de estrellas.

Nada más mira hasta dónde he llegado. Y ahora después de tanto luchar, esto. Dijo señalando su bote virado cuál ballenato herido con su panza blanca expuesta e indefensa.

No me queda nada más. Una estrella surcó fugazmente el cielo… ¿Quieres que pida un deseo? Preguntó el hombre mirando el cielo.

Deseo…no sé…a punto de ver al ángel de la muerte no importa que pueda desear.

La brisa trajo un rumor…un sonido familiar en aquel ulular marino de olas y marullos acariciados por la constante presencia de las estrellas y una luna incipiente que se negaba a morir en el horizonte. El ya desfallecido náufrago sólo se negaba a soltar su asidero.

Una sombra se posó a su lado. Era una gaviota.

¿Qué haces aquí?-dijo mirando al ave que tenía un brillo especial en los ojos y no era blanca. Una gaviota negra. Tan negra que su color era parte del marco oscuro de la noche y más parecía un cuervo que una misma ave marina.


El ave sólo lo miraba. No huía ni se acercaba. Sólo estaba allí posada a unos dedos de distancia.

Solo soy un recuerdo- dijo de pronto el ave.

El hombre se quedó perplejo.
-No, no es cierto que me hablaste- le respondió el hombre

Si no es cierto entonces porque me respondes- dijo el ave y continuó diciendo.

Soy el recuerdo de todos aquellos vuelos levantados pero jamás conclusos. Soy el recuerdo de las acciones que se quedaron en intenciones y no levantaron el vuelo. Soy el recuerdo de los destinos que se quedaron esperando ser descubiertos, de las playas y las montañas que nunca serán jamás visitadas de los corazones que no volverán a latir por estos mares.

El hombre no respondió. Se limitó a ver cómo de pronto el ave levantaba vuelo hacia la negrura de la noche y se perdía en el efímero brillo de las lejanas estrellas.

-Así que así es cómo me iré, alucinando- dijo para sí el hombre.

¿Alucinando?- le preguntó una voz que de pronto salió a sus espaldas. Desde el agua.

El hombre se volteó solo para encontrarse con un enorme ojo que le miraba a través de un salado llanto.
Era una ballena. Nunca había visto una y ahora estaba tan cerca que la podía tocar.

-¡Ohhh!- Exclamó el hombre al ver al enorme animal resoplar por su orificio nasal una nube de rocío.

¿Tu también me hablas?-preguntó el hombre a la ballena

Tú también me respondiste- le dijo esta.

Lo que ves aquí es lo grande de la vida. Y lo sencillo. Todas las cosas más impresionantes tienen una sola cualidad. Son creación Divina. No importa cuán grande piensas que eres. La vida te enseña a que la humildad es la que te hace grande. Cuando me ves te das cuenta de la insignificancia de tu existencia y de lo maravillosa que es la vida en sus formas menos evolucionadas.

Hoy me verás alejarme en el horizonte. Que harás luego. No lo sé. Yo seguiré aquí surcando los mares. Finalizó la ballena al tiempo que gentilmente se sumergía con la gracia de una bailarina sin hacer el más mínimo ruido u oleaje.

El hombre que ya estaba sentado sobre el bote volcado, sólo miraba el lugar donde el cetáceo se sumergió dejando una estela de estrellas tras de sí.

Ya era más de media noche. Aún conservaba el reloj que le había regalado su mujer unos años atrás.
El tiempo ahora se le hacía increíblemente torturante. Tenía sed, pero temía que todo estuviese perdido en el fondo del mar. Entonces decidió buscar bajo el bote volcado. Tal vez no todo se había perdido.

-no quiero morir, no voy a morir sin que me venzas le dijo al cielo, al mar y a la noche.

Se zambulló en las oscuras aguas y de pronto todo era luz a su alrededor. Su cuerpo brillaba como si fuese fuego verde.

Sintió de pronto la paz en la cálida agua y se sumergió bajo el bote. Aún débil se le hizo fácil meterse debajo de su vote volcado. En la oscuridad tanteó los contornos de su nave y llegó hasta el área donde por lo general guardaba las botellas de agua. Un compartimiento pequeño pero asegurado por una cerradura.

Hurgó y encontró la puerta. Pero ya estaba sin aire. El bote no se hundía porque tenía aire en recámaras pero estaba totalmente inundado.

Regresó a la superficie, por el preciado aire y de un tiro volvió a desaparecer bajo el agua. Esta vez iba directo hacia la puerta. Aún con los ojos cerrados podía ver su camino. No necesitaba ver. Abrió la diminuta escotilla y metió la mano. Sintió el alivio más grande que hubiera imaginado. Sus dedos encontraron el asa de un botellón de agua fresca aún sellada.

Salió con su preciado tesoro y buscó donde amarrarlo al bote para no perderlo. Luego volvió bajo el agua. Algo le decía que había más…