jueves, octubre 06, 2005

El Celador III

CAPITULO III


Eran como las 6 de la tarde de aquel el último día del año quinto del siglo veintiuno. En Seis horas (otra vez el seis) se resolvería el misterio del CELADOR.

Me encontraba frente a la casa de la viuda. Una estructura en hormigón, enclavada en un montículo no muy alto pero que la colocaba por encima de las demás casas cercanas. El frente tenía un patio llano que iba en inclinación según ascendía hacia la entrada principal de la casa. No era enorme pero sí se veía amplía y cómoda.

Las orillas de la entrada estaban adornadas de trinitarias de todos colores en los que resaltaban el anaranjado y el violeta. Muy bien cuidadas y podadas. La grama verde y los pequeños arbustos cobertores cuidados con esmero y detalle. No se distinguía la hierba mala.

Dos frondosos robles blancos vigilaban la entrada a la vez que la adornaban con su alfombra de flores níveas. Al final de cada extremo… donde estaba la Guardarraya había un seto de amapolas todas florecidas en un enardecido rojo que saltaba a todos lados de donde uno mirara.
Subí los seis peldaños que me llevaban a la puerta de entrada. Un sillón visiblemente usado estaba al lado de otro que evidenciaba ser nuevo o sin usar.

Me acerqué a la puerta…y fui a tocarla…

Se abrió de pronto…sin darme tiempo a nada más.

Buenas…pase. Dijo la mujer de unos cincuenta y tantos años ante mi cara de sorpresa.

Me quedé parado como un mismo lerdo…sin saber que hacer.
Me estaban cansando éstas presencias repentinas.

Venga. Volvió a decir la mujer.
No se quede ahí.

Entré al recibidor…todo estaba nítidamente ordenado. Una mesita con fotos antiguas a mi derecha, justo al pie de la ventana estilo francés.

Una mesa de centro con algunas velas encendidas en un envase de agua donde flotaban.

Cuadros de formas abstractas pero de vistosos colores adornaban cada pared…y más al fondo justo en la pared que daba de frente a mi…un retrato de Don Mariano.

Lo he estado esperando. Me dijo con una sonrisa.

Tenía unos cincuenta años pero se veía bien… contrastaba con la imagen de una viuda y era todo lo opuesto a Don Mariano. Ella era blanca, rubia y de tez tostada por el sol. Por lo que supe…no tenían hijos.

Siéntese por favor, dijo. Al tiempo que me extendía un vaso frío de Coca cola…

La obedecí. No estaba en ánimos de contradecir a nadie.



Hoy usted va a la media noche a verse con él.

No contesté nada. Obviaba la respuesta…

Debo advertirle no obstante que después de hoy su vida ya no será la misma.

Pero…no tenga miedo. Mariano sabe lo que hace.

¿Sabe?...pregunté.


Ella me miró. Me dijo. Hombre de poca Fe.

Le diré algo señora. La fe…mmm, me tiene en un patín. Estoy creyendo que me estoy volviendo loco.


Nada de eso. Respondió ella.

Lo que pasa es que está permitiendo que esta realidad se le salga de las manos. Y además no tiene nada que temer. Después de hoy todo regresará a la normalidad.

¿Pero no me acaba de decir que mi vida ya no será la misma?

Si. Eso dije.

Pero la normalidad no cambia.

Creo que entiendo. Respondí.


Ella prosiguió.

Mariano tenía un sueño, y justo antes de partir me juró que encontraría la manera de realizarlo aunque estuviese muerto. Por eso hizo un pacto.

¿Un pacto?,
¿Con el diablo?, pregunté sin dar mucho crédito a lo que decía.

Ella miro al suelo y luego miró a mis ojos. Su mirada me dio escalofríos y hay que ver que soy duro.

Espero que Mariano no se haya equivocado al enviarlo a usted a esta misión. Dijo.

Me incorporé y le respondí.

Yo no elegí venir…pero aquí estoy. Si he de ser el que haga el trámite pues que así sea. Pero por favor no me pida que actúe como un cura o exorcista por que no lo soy.

Mientras decía esto, sacaba de mi maletín la computadora en las cuales anoto y escribo cuanta loquera se me ocurre.

Aquí traje lo que me pidió. Permítame mostrarle.

Ella me detuvo.

No. Dijo.

Solo puedes mostrarlo al pactante y a Mariano.

¿Estás seguro de que está todo?

Si, respondo.

Me aseguré de tener todo.

Bien…dijo ella.

Ven a cambiarte de ropa. Añadió.

Me miré. Vestía un mahón y un polo, unos zapatos en cuero y estaba afeitado y acicalado.

¿Cambiarme? Pregunté.

Ella me pidió que la acompañara. Me mostró un traje blanco, uno negro, y uno azul.

Elige. Dijo.

Odio los trajes… respondí.

Elige. Volvió a repetir.


Siempre me ha gustado el azul, el negro lo encuentro muy serio y el blanco me encanta a pesar de que no uso trajes. Ese fue el que elegí.

Buena elección. No temes ser visto. Dijo la mujer.


Ahora póngaselo. Aquí lo espero.

Entré al cuarto y miré todo. Fotos por todas partes. Aquella mujer era hermosa en su juventud. Y todavía conservaba esa magia de atraer físicamente a los hombres, pero ella era de Mariano.


¿Ya esta listo?, preguntó.
A ver…


Salí del cuarto y por la mirada que me dio definitivamente le gustó como me quedaba.

La verdad que luce muy bien…para ser usted blanco.

Su comentario racista me sorprendió pero luego la vi sonreír por la broma.

Me invitó a cenar y a pasar la velada contándome de Mariano, pero no me dijo absolutamente nada de su secreto y su sueño…

En fin que resultó tal y como había dicho aquel celador.
Estaba buscando compañía para su soledad.

A las once y treinta estaba nublado y lloviznaba algo, me levanté le di las gracias y salí en dirección al Cementerio…

2 Comments:

Blogger Sikanda said...

LLegué Sr. La causa de la ausencia de comments en este blog es simple: usté no tiene haloscan. Cuando quiera le arreglo ese plorema (como decia mi hermanita cuando tenia 3 añitos).

En cuanto tenga tiempo, paso y leo sin tanto sueño :P

Besos :-*

2:27 a. m.  
Blogger SR. R said...

Gracias no me habia dado cuenta pensaba que automaticamente se reflejaba el sitio.

El haloscan es lo mismo que coments?

Pues veo que ya entro.

En fin...si ese es el plorema y usted me da otra alternativa se lo agradecere...

8:15 a. m.  

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