El Encuentro Capítulo V
Había recorrido media ciudad y no encontraba lo que buscaba. Ni siquiera estaba seguro de lo que buscaba. Sólo sabía que allá afuera había, por alguna razón, una tarea que realizar.
Miró alrededor entre la multitud de caras que pasaban a su lado. De pronto era como si fuese un pasar a cámara lenta. Rostros desconocidos, y conocidos. Rostros y más rostros.
El hombre se detuvo. Observó detenidamente a una joven que le miraba desde el otro lado de la calle. Su mirada era penetrante. Percibía sinceridad en dichos ojos. También percibía otro sentimiento, uno que le tocaba el corazón.
Entonces se acercó el segundo Grandote.
Y bien. ¿Qué harás? Preguntó al hombre.
No lo sé. Pero se que debo hablar con ella. Respondió el hombre.
Dicho esto se acercó a la joven.
Ella miraba hacia otro lado.
El hombre le puso una mano en el hombro y ella se volteó.
El rostro hermoso y la sonrisa radiante. Los ojos brillaban de felicidad.
El hombre sintió deseos de besarla. Pero se contuvo.
Ella no temía a tal acción, en el fondo él sentía que ella lo deseaba. Por un momento el hombre titubeó. Luego la abrazó y le dio un beso en los labios.
Su cuerpo se estremeció y su corazón explotaba en sentimientos.
El hombre entonces habló.
Se qué no te volveré a ver. Así lo siento.
Aún así, no importa dónde este absurdo caminar me lleve, jamás olvidaré
lo que haya vivido contigo. Nunca.
La mujer respondió.
Se que no te volveré a ver. También así lo siento.
Aún así, no importa dónde el destino me lleve. Siempre tendrás un lugar
especial en mi corazón. Siempre.
El hombre entonces volvió su rostro ahora húmedo por el llanto y miró al Grandote. Luego se volvió a la mujer. Le dio un beso de despedida y le dijo:
Gracias por existir.
La mujer le respondió.
Gracias por existir.
El segundo Grandote intervino.
Ya puedes seguir tu camino. Nos vemos al final en la casa del campo. Finalizó diciendo.
El hombre se volteó y le preguntó al Grandote al igual que había hecho con el primero.
¿Cómo te llamas?
Cuando termines con tu misión te responderé, en la casa te espero.
Y dicho esto se marchó.
Ahora sólo quedaban dos Grandotes.
El hombre los miró. Y preguntó ¿ahora que?
Los dos Grandotes se miraron y sonrieron.
Vamos, síguenos le dijo el tercer Grandote al hombre.
El hombre les siguió sin decir palabra.
No sabía a donde iba, pero sentía que su misión estaba por finalizar.
Caminaron hasta un lugar donde se erguía un vetusto edificio. Allí los dos Grandotes se detuvieron.
Miraron al hombre y le dijeron.
Entra.
El hombre los miró con cierto recelo, pero ya sabía que nada valía ponerse a discutir.
Entró y vio muchas personas de dudosa compresión.
Una a una fueron acercándose a él. Le abrazaban, y continuaban. Cada uno tenía un sentimiento distinto pero él hombre sentía de pronto una energía especial que lo embargaba. Sin embargo así mismo sentía que sus fuerzas se iban cuando cada una de las personas se alejaba. Así pasó el rato. Recibiendo y perdiendo energía. Era cómo si fuese un reciclaje de vida.
El hombre decidió salir del edificio. Al hacerlo sintió de pronto la sensación, la necesidad de más de aquella energía.
Regresó y vio a otro hombre allí. Este por el contrario a los demás destacaba en su semblante. Había sabiduría en su presencia. El hombre se le acercó al extraño y le extendió la mano. Este le devolvió el saludo y le dijo:
Sabía que volverías. Algo me asegura que seguirás viniendo.
El hombre no dijo nada. Sonrió y dio vuelta hacia la salida. Sabía que aquel extraño tenía razón.
El tercer Grandote se despidió de la misma forma que los dos anteriores. Sin mencionar su nombre.
Sólo quedaba un Grandote.
El hombre lo miró. Y le dijo.
Estoy cansado. Deseo ya regresar a mi hogar.
El Grandote asintió.
¿De veras me dejarás ir?, preguntó el hombre.
El Grandote se encogió de hombros, y le dijo;
Ya has completado tres cuartas partes de tu misión. Sólo te falta un paso más.
¿Quieres descansar?, descansemos.
Y se sentó en una banca a observar.
El hombre lo miró detenidamente. Luego dijo.
Está bien, está bien. Terminaré lo que inicié.
Muy bien. Dijo el Grandote.
Sígueme.
Anduvieron hasta los mismos límites de la ciudad…otra vez.
Allí el Grandote se sentó. Y le dijo al hombre.
Repasa tus pasos. Recuerda tus motivos.
Sigue tu camino, guiado por eso que llevas desde hoy adentro.
El hombre miró al Grandote.
¿Eso es todo? Preguntó.
Nó, no es todo, pero te servirá para que puedas llagar al final del camino.
¿Cuál camino?, preguntó el hombre.
El que habrás de recorrer desde hoy. Respondió el Grandote.
Pon todo eso que has recogido hoy en este viaje con los cuatro.
Dicho esto el cuarto Grandote se retiró. Y dijo para finalizar,
Te espero en la casa.
Y se marchó
El hombre decidió caminar un poco más. Subió una colina donde se podía apreciar el paisaje de todo el lugar.