martes, febrero 28, 2006

A 7 METROS DE TU INTEGRIDAD

A siete metros de tu integridad.


Me colgué de tu mirada, me resbalé en tu nariz
Y salté de la catapulta de tu quijada. Después de darme un chapuzón entre tus labios…sin más locomoción que la imaginación

Fui a parar a tu cuello y de tu cuello a tu blusa y me colé por el orificio de un botón después de echarle un buen vistazo al corazón en alas de un avión que es pura imaginación.

Muy dentro de tu blusa fui bordeando tu figura, midiendo beso a beso la extensión de tu estatura y me encontré con un cinturón que bordeaba tu cintura que me devolvió a mi posición a 7 metros frente a tu salón.

Y yo que ya se como te llamas y tu edad, donde vives como piensas y compartes tu humedad. Heme aquí como el pirata que conquistó tu intimidad a siete metros de tu integridad.

Derrapé por tu ombligo fui parar hasta el fondo y Sali con la ayuda de un frágil vello mientras buscaba la manera de burlar tu cinturón con pura imaginación.

Soñando me hice un microbio y pase sin agacharme y me deslumbró tu ropa interior entoces volvi a encontrarte y me interrumpió el deseo “un ya nada será igual”…

Pensar que ahora yo soy dueño de esta desgracia…estaba a punto de amarla cuando el tiempo me venció. Y ahora volteo y ella ya no estará ahí…y yo para siempre a siete metros de la realidad.




Una canción de Ricardo Arjona levemente alterada ya que no te imagino…TE RECUERDO.


Cuando los recuerdos se combinan con el corazón… se les llama vivencias.

Vivencias de amor.

TEMPESTAD EN UN MAR DE AMAR...

TEMPESTAD EN UN MAR DE AMAR…

Mar embravecido, fuerte borrasca
Velamen destruido.

Nao a merced del viento, del norte, del sur, de barlovento, de sotavento.
Horizonte aplomado, olas de gris perlado retumbando cual tambor de guerra.
No hay a la vista tierra. Y mucho menos el sol esperado.

Remolinos zarandean, fuerte y sin merced la barca naufragante. Tesoro que a las profundas fosas abisales se llevan. Un tesoro del alma. Uno que nunca se fue a las armas por luchar por ser liberado.

Un gemir ahogado la ola atrapa en su último momento. El Noa se hunde, el metal y el agua se funden y una nube de rocío mortal se levanta al cielo.

Retumban las entrañas del macizo colosal mientras se desintegra toda la compostura del navío.
En un momento era barca…ahora es parte del mar.

Pasan otras velas, otras naves y pasarán miles más.
Jamás podrán saber que por donde navegan hoy yace en el lecho del abismo abisal el más colosal navío que haya surcado ese océano de amor…y que en el momento de la tempestad la enfrentó hasta el mismísimo segundo final.

Restos quedan flotando. Ya pasada la tempestad.
Gaviotas vuelan en redondo sobre el cuerpo del capitán, que flota con gracia mientras por las corrientes se deja llevar.
Donde vuelan gaviotas también se han de posar.


Al amanecer las siluetas del horizonte ya no son planas. Ahora son lejanas playas a las que ha de llegar.
Nadie se escapa de una tempestad tan terrible para claudicar…


Allí…luego de que sanen sus heridas. Luego de que acepte su colosal pérdida comenzará otra vez a navegar. Porque ese es su destino…

NAVEGAR

domingo, febrero 26, 2006

El reino de la reina...

No quedó nada más por hablar. Ella se retiraba a sus territorios. Él se marchaba para los suyos. El acuerdo ya estaba sellado.

Ambos sabían que el tiempo y la confianza harían el resto. Todas aquellas miradas, aquellas caricias, aquellas soledades compartidas quedaron atrás, como parte de un hermoso recuerdo que les acompañaría por el resto de sus días.

Qué gran alegría de él de saberse protector de un tesoro tan valioso como lo era ese amor transformado en amistad. Más valioso que el más preciado metal que la más brillante gema.


Ahora para uno vendrían tiempos borrascosos para la
Otra, tiempos de aventura y exploración. Tiempos de vida.

La palabra compromiso, adquirió otro significado. La palabra amor se hizo tan grande que ocupó todo el aire que les rodeaba y les llenó de su aliento.

El tiempo se hizo lento…interminablemente lento ante la ya decidida partida.

Aún así, el supo su misión y la aceptó con gallardía, Era un caballero y ella una reina. No podía aspirar a ella, aunque se sentía rey sin corona.

El se retiró a defender la bandera de su señora y la del futuro rey. Ella a reinar en su castillo junto al monarca de su corazón.

Así las cosas, galopa hacia el lejano país de la tolerancia. Ella su reina, lo ve alejarse y una sonrisa le regala al tiempo que se lleva la mano al pecho en una señal que el conocía. Así lo sintió y marchó tranquilo. Siempre estaría allí por ella.

martes, febrero 21, 2006

Un Brindis..

Brindo por tí, saber que existes es algo que celebrar.
Brindo por todos los momentos gratos y los ingratos que pude compartir contigo.
Brindo por el amigo, y la amistad.
Brindo por el amor que en ellos se transforma.

Brindo por los recuerdos de tus aromas,
y la suavidad de tu piel.
Brindo por lo que no he de conocer y lo que ya he conocido.
Brindo porque te quedaste, cuando ya te habías ido.

Brindo por tu sonrisa y tus palabras de fe.
Brindo por lo que veo y lo que no se ve, pero se siente.
Brindo por la vida que te espera presente
Brindo por la ausencia que de tí tendré.

Un brindis haré por las horas vacías que tu felicidad llenará.
Un brindis por el fruto que tu vientre engendrará y por las manos
que le reciban al mundo.

Un brindis por la mirada que se esconderá en la sonrisa tímida de un secreto.
Un brindis por decreto.
Un brindis por los abrazos, almas entrelazos de pura genuinidad.

Brindo por la verdad, que de mi corazón vuela libre.
Brindo por el cielo que albergará tu volar.
Brindo por el nido en la copa de aquel árbol que vio nacer, crecer y ahora volar el amor de mi vida.

Brindo por todas esas cosas que me hacen escribir, espetar la palabra y que no se quede en decir.
Brindo por los ojos que posan su mirada en ésta invisible hoja.
Brindo por ellos, que leen y se antojan de ser partícipes de la historia.
Brindo por ellos que son testigos de la verdad.

Brindo por tu felicidad, porque en el fondo recompensará mi tristeza.
También brindo por ella, porque sabe porque llorar.

Brindo por el tiempo, dueño y señor de las horas.
Brindo por ellas, por vivirlas en tu morar.
Brindo por tu hogar, el de ayer, el de ahora y el de mañana.
Brindo de forma sana y de alma limpia. Brindo y brindaré calladamente por tí.

Un brindis por tu vida internamente habré servir..

domingo, febrero 19, 2006

El Encuentro Capítulo Final

El Encuentro Capítulo Final


Desde dónde estaba podía contemplar el vasto paisaje del entorno. Recibía del día los rayos del sol reseca piel curtida por el tiempo. Sintió una paz extraña. Como si hubiese saldado todas las deudas del alma.

Aún no finalizaba su recorrido, pues tenía que presentarse en aquella casita de campo a unos días de distancia. Emprendió la marcha de regreso. Mientras andaba notó que ya no se sentía perseguido. Al mirar atrás no había ninguna persona o figura acechándolo.

-Hola- le interrumpió una voz conocida.

El hombre miró y exclamó

¡Tú!, ¿Dónde te habías metido?, me dejaste solo. He tenido que recorrer este camino sólo y perseguido por aquella figura y cuatro tipos y una anciana.

El Acompañante habló.

Yo te puse la manta que te cubrió del frío aquella tarde. Y te había dicho que yo no tenía nada que ver con tu asunto.

Si- pero tuve que correr hasta llegar a una casa donde me atraparon y me forzaron a realizar una tarea antes de dejarme en paz. Dijo el hombre

El acompañante le respondió.
¿Y completaste la tarea?

Creo que sí, ya voy de regreso. Respondió el hombre.

Muy bien. Yo te puedo acompañar ahora. Dijo el acompañante.

Mmm…bueno que remedio, pareces tener la habilidad de poder desaparecer en plena presencia.

Así siguieron el camino. Luego de unos días llegaron a la casa.

Bueno. Aquí yo me quedo. Dijo el acompañante.

¿Otra vez me dejarás solo?, replicó el hombre quejándose.

No creo que me necesites. Ya ves que nadie ha venido tras de nosotros. Adelante, entra y termina lo que empezaste.


El hombre miro al acompañante que se había sentado bajo la sombra de un árbol y se recostaba del tronco, al tiempo que echaba sus brazos detrás de su cabeza y se quedaba dormido.

Tremendo…pensó el hombre. Bueno para nada.

-Te escuché- le dijo el acompañante.

El hombre lo miró sorprendido.

-Mejor entra a la casa- dijo el acompañante.

El hombre tocó la puerta…que se abrió con el mismo rechinar de goznes de la primera vez.

Adelante- dijo la voz de la anciana.

Allí estaban los seis.
La anciana, los cuatro grandotes y la figura que le perseguía.

¿Y bien?- dijo el hombre. Hice lo que me pidieron.

¿Cómo te sientes? Preguntó la figura.

Bien. Respondió el hombre.
Ahora contéstenme quienes son ustedes.

Bueno…siéntate. Dijo la Anciana.

Te presentaré a cada uno de mis ayudantes.
El primer Grandote se llama Perdón. Sin su ayuda no habrías podido sonreír ni hubieses logrado sentir la sonrisa de aquel joven.
El segundo Grandote se llama Agradecimiento del Alma sin él no hubieses podido expresar lo que aquella mujer joven te hizo sentir, ni ella sentir lo que llevabas en tu corazón.
El tercer Grandote se llama compromiso, tu conoces cuál es tu derrotero en esta vida, estás para recibir esa energía especial de esas personas de dudosa compresión y transformarla en comprensión y superación.




El cuarto Grandote se llama AMOR- sin él no hubieses logrado ninguna de las tareas asignadas. Por eso al dejarte sólo ya sabía que lograrías el cometido. Te dejó para que admiraras todo lo que has logrado con su ayuda, y que no olvides que sin él todos los caminos serían intransitables.


El hombre estaba abrumado. Sentía una fuerza interior increíble y a la vez se sentía tan insignificante.

Y…comenzó a decir el hombre.

¿Quién es usted?, mirando a la Anciana.

Yo me llamó Sueño Eterno. Aunque la mayoría de las personas me conoce como MUERTE.

Hoy te encontraste conmigo por casualidad, pero cómo no te he llamado te invité a pasar para que tuvieses la oportunidad de conocer a mis siervos.

¿Tus siervos?, preguntó el hombre.

Sí. Ellos me indican cuando alguien ha completado su misión en esta vida. Y me mandan a buscar a través de las palabras del JEFE. Entonces yo le asigno otra misión en otro lugar.

¿El JEFE?, preguntó el hombre.

Si, ¿acaso no lo conoces?, respondió la Anciana

No. No se quién es. Volvió a responder el hombre.

Que raro. Dijo La Anciana.
Todo este tiempo con El y no lo sabía.


¿Con él?, volvió a preguntar el hombre.

Si. De hecho ha estado descansado bajo la sombra de aquel árbol. Dijo la Anciana


El hombre salió por la puerta a buscar al Acompañante. Ya se había marchado.




La Anciana continuó.

El ya se fue. Ahora tú debes regresar a tu hogar.

Espera, dijo el hombre. Debo saber quién es la figura que me perseguía todo éste tiempo. No se nada.

La Anciana le respondió:

Entra. Te está esperando. Pero no te asustes. Es alguien que sólo está ahí para…bueno mejor que el mismo te diga.


El hombre entró y se encontró con la figura. Ambos estaban frente a frente. Eran de la misma estatura y el hombre lo único que podía ver del rostro de la figura eran sus ojos azules, penetrantes y directos.

¿Quién eres? Le preguntó ya sin temor.

La figura le respondió.

Me llamo Conciencia…

Entonces el hombre se adentró en la mirada y dijo con sobresalto :

“!He estado soñando despierto!” al tiempo que se miraba en el espejo del tocador del baño, mientras sus ojos se encontraban con sus ojos en el reflejo de aquél cristal…


Fin

sábado, febrero 18, 2006

El Encuentro Capítulo V

El Encuentro Capítulo V

Había recorrido media ciudad y no encontraba lo que buscaba. Ni siquiera estaba seguro de lo que buscaba. Sólo sabía que allá afuera había, por alguna razón, una tarea que realizar.
Miró alrededor entre la multitud de caras que pasaban a su lado. De pronto era como si fuese un pasar a cámara lenta. Rostros desconocidos, y conocidos. Rostros y más rostros.

El hombre se detuvo. Observó detenidamente a una joven que le miraba desde el otro lado de la calle. Su mirada era penetrante. Percibía sinceridad en dichos ojos. También percibía otro sentimiento, uno que le tocaba el corazón.

Entonces se acercó el segundo Grandote.

Y bien. ¿Qué harás? Preguntó al hombre.

No lo sé. Pero se que debo hablar con ella. Respondió el hombre.
Dicho esto se acercó a la joven.

Ella miraba hacia otro lado.

El hombre le puso una mano en el hombro y ella se volteó.

El rostro hermoso y la sonrisa radiante. Los ojos brillaban de felicidad.

El hombre sintió deseos de besarla. Pero se contuvo.
Ella no temía a tal acción, en el fondo él sentía que ella lo deseaba. Por un momento el hombre titubeó. Luego la abrazó y le dio un beso en los labios.
Su cuerpo se estremeció y su corazón explotaba en sentimientos.






El hombre entonces habló.
Se qué no te volveré a ver. Así lo siento.
Aún así, no importa dónde este absurdo caminar me lleve, jamás olvidaré
lo que haya vivido contigo. Nunca.

La mujer respondió.
Se que no te volveré a ver. También así lo siento.
Aún así, no importa dónde el destino me lleve. Siempre tendrás un lugar
especial en mi corazón. Siempre.

El hombre entonces volvió su rostro ahora húmedo por el llanto y miró al Grandote. Luego se volvió a la mujer. Le dio un beso de despedida y le dijo:

Gracias por existir.

La mujer le respondió.

Gracias por existir.

El segundo Grandote intervino.

Ya puedes seguir tu camino. Nos vemos al final en la casa del campo. Finalizó diciendo.

El hombre se volteó y le preguntó al Grandote al igual que había hecho con el primero.
¿Cómo te llamas?

Cuando termines con tu misión te responderé, en la casa te espero.
Y dicho esto se marchó.

Ahora sólo quedaban dos Grandotes.

El hombre los miró. Y preguntó ¿ahora que?

Los dos Grandotes se miraron y sonrieron.

Vamos, síguenos le dijo el tercer Grandote al hombre.

El hombre les siguió sin decir palabra.

No sabía a donde iba, pero sentía que su misión estaba por finalizar.





Caminaron hasta un lugar donde se erguía un vetusto edificio. Allí los dos Grandotes se detuvieron.

Miraron al hombre y le dijeron.

Entra.

El hombre los miró con cierto recelo, pero ya sabía que nada valía ponerse a discutir.
Entró y vio muchas personas de dudosa compresión.

Una a una fueron acercándose a él. Le abrazaban, y continuaban. Cada uno tenía un sentimiento distinto pero él hombre sentía de pronto una energía especial que lo embargaba. Sin embargo así mismo sentía que sus fuerzas se iban cuando cada una de las personas se alejaba. Así pasó el rato. Recibiendo y perdiendo energía. Era cómo si fuese un reciclaje de vida.

El hombre decidió salir del edificio. Al hacerlo sintió de pronto la sensación, la necesidad de más de aquella energía.
Regresó y vio a otro hombre allí. Este por el contrario a los demás destacaba en su semblante. Había sabiduría en su presencia. El hombre se le acercó al extraño y le extendió la mano. Este le devolvió el saludo y le dijo:

Sabía que volverías. Algo me asegura que seguirás viniendo.

El hombre no dijo nada. Sonrió y dio vuelta hacia la salida. Sabía que aquel extraño tenía razón.

El tercer Grandote se despidió de la misma forma que los dos anteriores. Sin mencionar su nombre.

Sólo quedaba un Grandote.

El hombre lo miró. Y le dijo.

Estoy cansado. Deseo ya regresar a mi hogar.
El Grandote asintió.

¿De veras me dejarás ir?, preguntó el hombre.

El Grandote se encogió de hombros, y le dijo;

Ya has completado tres cuartas partes de tu misión. Sólo te falta un paso más.
¿Quieres descansar?, descansemos.

Y se sentó en una banca a observar.


El hombre lo miró detenidamente. Luego dijo.
Está bien, está bien. Terminaré lo que inicié.

Muy bien. Dijo el Grandote.
Sígueme.


Anduvieron hasta los mismos límites de la ciudad…otra vez.

Allí el Grandote se sentó. Y le dijo al hombre.
Repasa tus pasos. Recuerda tus motivos.
Sigue tu camino, guiado por eso que llevas desde hoy adentro.

El hombre miró al Grandote.

¿Eso es todo? Preguntó.

Nó, no es todo, pero te servirá para que puedas llagar al final del camino.

¿Cuál camino?, preguntó el hombre.

El que habrás de recorrer desde hoy. Respondió el Grandote.
Pon todo eso que has recogido hoy en este viaje con los cuatro.

Dicho esto el cuarto Grandote se retiró. Y dijo para finalizar,
Te espero en la casa.
Y se marchó

El hombre decidió caminar un poco más. Subió una colina donde se podía apreciar el paisaje de todo el lugar.

El Encuentro Capítulo IV

El Encuentro Capítulo IV


El hombre se levantó del sillón. Los otros cuatro se le unieron en la acción mientras la anciana miraba al misterioso visitante y lo convidaba a la mesa.

Ven. Le dijo

Acompáñame un rato mientras mis cuatro siervos le hacen de guarda espaldas a nuestro amigo. Dijo refiriéndose al hombre que ahora se movía lentamente hacia la salida.

Los cuatro Grandotes le seguían de cerca. Pero nunca al lado. El hombre no sabía siquiera sus nombres. Partieron rumbo al camino principal.

Mientras caminaba intentaba poner su mente en orden observó al joven de mirada de reproche. Estaba observándolo de forma seria pero a su vez el hombre sentía que había un dejo de nostalgia en aquella mirada.
Se acercó al muchacho. Tendría unos quince años.

Hola- dijo el hombre.
Ceo que hay algo entre nosotros y tengo un extraño presentimiento de que algo me tienes que decir.
Hola- dijo el joven
Se que hay algo entre nosotros y tengo un sentimiento de que algo me vas a decir.

En eso se acercó el primer hombre de los cuatro grandotes.

Hola- estoy aquí para asegurarme de que los caminos no recorridos se recorran. Y acto seguido añadió.

Cada uno de ustedes debe hablar desde el fondo de su corazón dejando atrás los temores a lo que pueda surgir. Una conexión ya está hecha y sólo ella la puede deshacer.

¿Ella?, preguntó el hombre mirando a todas partes sin ver nada.
¿A quién te refieres? Volvió a preguntar.


El Grandote se acercó a ambos y les habló. Primero al joven y luego al hombre.

Al joven le dijo.
Puedes pasar la vida entera lamentándote y auto compadeciéndote. Haciendo creer a la gente que eres una víctima de las circunstancia. Llamando la atención para que te tengan pena. O puedes aceptar que eres un ser luminoso y aceptar el amor que crees negado. Sólo tienes que aceptar lo que venga de…este hombre.

Este hombre. Dijo mirando entonces al hombre y dirigiéndole la palabra.

Tú dejaste este camino hace un tiempo atrás. Lo hiciste sin querer, no supiste que hacer y hoy las circunstancias te devoran y tu alma llora por no saber que hacer.

Por eso estoy aquí. Para ayudarte. Sólo pueden hacer una cosa. La que les dicte el corazón.

El hombre miró al joven a los ojos. Le extendió la mano y le dijo.
Perdóname.

El joven bajó la cabeza. Su semblante hostil cambió. Un tímido suspiro dio paso a otra respuesta.
Perdóname. Y le extendió la mano.

El Grandote sonrió.

Bueno yo sigo mi camino de regreso a casa.
Tú debes seguir el camino con mis otros tres hermanos. Le dijo al hombre que todavía sujetaba la mano del joven.

El hombre se despidió con una sonrisa. El muchacho también le devolvió la sonrisa. Ya no se veía la mirada de reproche.

Ahora deberás ir por los otros caminos que te faltan recorrer. Dijo el Grandote. Mientras emprendía la marcha hacia la casita.

¡Hey! ¿Cómo te llamas? Gritó el hombre.

Cuando hayas regresado de tu misión en la casa te responderé.


El hombre emprendió el viaje de regreso por el único camino que conocía. El camino hacia la ciudad. Allí entre tanta gente no tenía idea de hacia donde iba a ir.

Los otros tres Grandes le seguían desde no muy lejos.

martes, febrero 14, 2006

Suerte (un breve descanso entre capítulos)...

Suerte....
Eso le digo al desconocido cuando me despido.
Eso le digo al jugador antes de iniciar su juego
O al amigo que va en busca de trabajo

Suerte...
Le digo a quién irónicamente se que le va a ir mal
Si no fuese por que significa azar...puede significar muerte.

No me digas suerte....

Cuando la suerte nada tiene que ver con los sentimientos del alma.
Cuando solo necesito palabras de calma.
Cuando solo necesito saberte presente.

Suerte si puedo abrir los ojos mañana
o Suerte si no te conozco después de conocerte.

No me gusta la palabra suerte...porque la misma puede ser mala
no siempre es buena suerte.

Mejor no me desees suerte y dime "cuentas conmigo" sinceramente.

Poder decir que tengo suerte de que cuento contigo o de que cuentas conmigo.
Eso tiene más peso que desear buena suerte. Porque al final lo destinos de la vida de cada uno no están regidos por la suerte.

De suerte.

Así que por favor. Nunca más me desees suerte cuando de la suerte no dependa el resultado.

Amar no depende de suerte.
Cuanta gente pasa la vida esperando el golpe de suerte. Tanto esperan, que de suerte se les fué.

Debo decir no obstante que la suerte no deja de ser misteriosa.

Tiene formas extrañas de hacer aparición.
Es suerte que cuando caíste al suelo mientras bajabas la escalera no se rompiera la valiosa pieza de porcelana china que tu tatarabuelo adquirió directamente de la casa del emperador, pero te hayas fracturado la clavícula, una pierna y tengas el cuerpo magullado por la misma caída.

Eso es suerte. Buena o mala, es relativo.

Pero amar no depende de suerte por suerte...

El Encuentro Capítulo III

Su mirada se clavó en la silueta parada en la puerta. En vano trató de zafarse, los cuatro hombres eran demasiado fuertes para él.

¿Por qué huyes?- preguntó la penumbrosa figura al hombre.
No vengo por ti. No voy a raptarte ni a darte muerte.

El hombre no contestaba. Su corazón le palpitaba con tanta fuerza que la vena de la sien se podía observar latiendo.

-Llevas tiempo huyéndome y sabes que no hay forma de escapar de mí.
Relájate. Y les diré que te suelten.- afirmó con voz serena la figura.

El hombre se dejó llevar. Los cuatro que lo sujetaban volvieron a la mesa, donde en una quinta silla estaba la anciana que lo había atendido momentos antes.
Estaba atrapado y no había nada más que hacer. Tendría que enfrentar a aquel ser tal y como le había dicho su acompañante que, ahora brillaba por su ausencia.

¿Qué quieres de mí?, pregunto el hombre.

¿Yo? Nada. Respondió la figura y añadió

La pregunta es ¿qué tu vas a hacer conmigo?, Estoy aquí para que me digas. Y hasta que no me digas no podrás continuar con tu viaje.

El hombre miró hacia la mesa. Los cuatro grandulones lo miraban en silencio. La anciana jugaba naipes en solitario. Era extraño. Aquellos hombres tenían rostros familiares. Era como si los conociera de siempre.

Luego miró detenidamente a la anciana. Veía en su rostro las líneas de la experiencia y sabiduría. Pero en sus ojos había una energía que sólo se ve en los jóvenes.

¿Quién eres? Preguntó el hombre a la figura que no dejaba ver su rostro ocultándolo con un velo del cuál sólo se veían unos ojos azules.

¿Quiénes son ellos?, ¿Porqué me tienen aquí? ¿Dónde está mi acompañante?


Muchas preguntas. Y no has respondido que vas a hacer. Respondió la figura.

El hombre se veía confundido.

Está bien. Te responderé…alguna de las preguntas. Dijo la figura pero debes recorrer unos caminos que hace tiempo no visitas.

¿Qué caminos?- preguntó el hombre

Recuerdas cuando venías por la carretera, al joven de mirada de reproche. Dijo la figura.

Si. Lo recuerdo.- contestó el hombre.

Ese es un camino que no has terminado de recorrer. Debes volver y caminarlo. Dijo la figura calmadamente.

Tendrás que recorrer otros caminos conocidos que serán particularmente difíciles y porque tu asumiste y elegiste caminarlos y tampoco los terminaste. Pero no te preocupes.
No irás sólo. Ellos que son fuertes te ayudarán a caminarlos.

El hombre estaba callado. Entendía de pronto las palabras de aquella figura.

domingo, febrero 12, 2006

El Encuentro Capítulo II

Abrió los ojos tenía un cielo azul y despejado frente a él. No sabía donde estaba. Recordaba vagamente que estaba huyendo de algo pero no se acordaba de qué.

- ¿Dónde estoy?- se preguntó mientras se incorporaba pesadamente del suelo. Una caja de cartón le servía de abrigo.

¿Qué es esto?- volvió a preguntarse.

No tenía idea de nada. Todo le parecía tan irreal. Se pellizcó para despertar. Nada. Seguía allí. Miró a su alrededor. Un vasto campo y un árbol solitario justo al borde de una guardarraya que dividía el paisaje.

Algunos vacunos pastaban detrás de los pelos de alambres de púas y un estanque que servía de abrevadero estaba más atrás. Miró y a lo lejos vió el camino que había dejado. No era de asfalto color ladrillo ni el pasto era violeta. Había estado alucinando o ¿todavía alucinaba? No sabía dónde estaba.

Comenzó su marcha otra vez y entonces la vió. Aquella figura otra vez se le veía acercar pero estaba bien lejos. Su caminar lento. Muy lento. El hombre emprendió otra vez la carrera huyéndole. No sabía quién era. Ni qué era, pero sentía que no la quería enfrentar. Le daba miedo.

Se dirigió hasta la guardarraya y la pasó, no sin antes lacerarse los hombros y las manos con los alambres cortantes. Los rumiantes lo miraron y siguieron pastando. Con sus manos sangrando y su espalda ardiendo se internó por uno de los senderos, buscando llegar no importaba a dónde.

El paisaje agreste, agrícola se fue abriendo. Al final del sendero se avistaba una casa. De esas de campo. El hombre se dirigió presuroso hacia la misma.

¡Ayúdenme!, llamó. Sin recibir respuesta. ¡Ayúdenme por favor! Volvió a exclamar.

El rechinar de unos goznes mal aceitados anunció que la puerta se abría. Una anciana de rostro amable apareció y miró al hombre. Con un ademán de la mano y mirando adentro llamó a alguien. En la puerta aparecieron cuatro figuras, cuatro hombres. Que cargaron al visitante y lo ayudaron a entrar.

Lo recostaron en un diván, sin decir una sola palabra. La mujer se le acercó y le pasó unos vendajes en las sangrantes manos y la espalda. Luego le limpió las heridas de la espalda y le dio algo de beber.

El hombre se sintió más calmado.

-¿dónde estoy? Les preguntó.

Nadie le respondió. La mujer se llevó un dedo a la boca en señal de silencio. Los cuatro hombres se sentaron en una mesa cercana a hablar pero el hombre no podía escuchar nada de lo que decían.

¿Quiénes son ustedes? Volvió a preguntar el hombre.

No hubo respuesta.

Ya era media tarde y en su cabeza había un torbellino de ideas desmembradas. Entonces se acordó de su acompañante. ¿Y dónde estaba él? Había desaparecido.

-Me estoy volviendo loco- pensó en voz alta.


-La locura es un estado temporal del alma.- respondió una voz que provenía justo de la puerta.


El hombre levantó la mirada y allí estaba la razón de su desesperada huída. Se quedó frío, pasmado, sin saber que decir u hacer. Ya no podía seguir escapando. Intentó pararse pero sintió cuatro pares de manos que le hundían de nuevo en aquel mueble…

sábado, febrero 11, 2006

El Encuentro

Capítulo I



¿Qué hacemos?, preguntó el hombre cuando se da cuenta de la inminencia de lo que se avecinaba.

Es tu decisión- le responde su acompañante.

Llevaban varios días huyendo de aquél extraño que se les había presentado una tarde y desde entonces se les aparecía constantemente.

No lo sé- dijo el hombre.
Creo que tendremos que enfrentarlo, decirle que no nos acose más.

¿Tendremos? - responde el otro.
Pensé que eras tú el que se había metido en esto.
Yo no tengo nada que ver. Tú te le enfrentas. Yo me siento a mirar.

Gracias- eres de gran ayuda. El hombre respondió cínicamente.

Entre tanto la silueta de aquella figura se distinguía entre la muchedumbre a lo lejos. Su caminar lento y seguro. No tenía prisa, como si supiera que por más que le huyeran siempre los alcanzaría.

Habían llegado a los límites de la ciudad. Ahora debían salir al campo abierto donde sería más difícil esconderse.

El hombre que iba vestido de obrero, miró hacia el horizonte. Su acompañante se encogió de hombros con un gesto de “que esperas” mirándolo a ver que decisión tomaba.

Allá aquel campo abierto era como un desierto de posibilidades al menos a simple vista. Un lugar tan vasto que sería difícil por no decir imposible poder escapar del perseguidor.

No había otra opción, ¿o sí?,

El hombre miró nuevamente. Y se decidió. Miró el vasto panorama. Y no volvió a mirar atrás.
El camino se angostaba ante la magnitud del paisaje. Pastos altos llegaban hasta las mismas orillas del camino, bloqueando la visión más allá de unos metros. Sólo se veía el camino adelante, con charcos de espejismos que bullían al ardiente sol.

Comenzó la marcha.

Según avanzaba sentía como se acercaba aquella figura. No deseaba verla. Mientras tanto su acompañante no decía ni una palabra. Era como si no estuviera.

Por días caminó casi sin detenerse. Apenas descansaba lo suficiente para mantener la distancia entre el y aquella figura. Era como la carrera de la liebre y la tortuga.

A lo largo del camino pudo ver distintas imágenes que en su ya alucinante cabeza se le aparecían y desaparecían por doquier.

Recuerda haber visto un joven que a lo lejos le miraba pero nada le decía. Sin embargo su mirada era de como si le reprochara algo.

El hombre sintió que se tenía que detener. Buscó un lugar donde descansar. El paisaje agreste se le antojaba de otro planeta.

Los colores no eran normales. No había verdes ni flores conocidas. El camino era una línea de un asfalto color ladrillo y el pasto era violeta.

¿Dónde estaba?,

A lo lejos grises montañas cortaban el horizonte y el cielo no era azul y las estrellas no brillaban. La luna era una sombra difuminada entre un velo oscuro pero no había nubes.

De pronto el hombre se sintió mareado. Las piernas aflojaron… se desplomó.

Su acompañante lo miraba y le colocó un manto para abrigarlo. Se quedó junto a él. Sin decir una sola palabra.

miércoles, febrero 08, 2006

El masaje

El Masaje

Cierro mis ojos. Estoy desnudo.

Esas manos recorren la espalda. Dedos que se adentran en ardientes nudos rompiéndolos en gemidos y suspiros. Al cuello llegan y dejando mis ojos cerrados siento alelado ese placer que generan. Bajan a los hombros esas manos hábiles en fuerza y presión, en cosquilleos y ternura. Allí se entierran en el trapecio, retuercen el cuerpo tocando el botón que mueve las pasiones.

Encuentran la dorsal y a cada lado los nudillos hacen mundillos de dolor y placer. Energía que absorben y a la vez liberan. Cada trazo erupta en un gemido callado en un tremor escapado al tiempo que mis ojos se vuelven al cielo.

Siguen esas manos y llegan al rincón donde la sensación es más abrupta, menos tolerable. Se portan amables y completan su misión. La baja de la espalda tiembla, cosquilleos y escalofríos recorren desde la base hasta el mismo nacimiento de mi río.

Buscan los soportes del cuerpo y una a una van, abrazando cada dedo cada centímetro de los pies. Tengo mis ojos cerrados mientras el abrazo sobre las plantas y sus diez jardineros disfrutan del calor y liberan la tensión de su arduo trabajo.

Volteado el cuerpo suben las manos hasta las rodillas, hacen cosquillas. Me río. Estoy entre el delirio y el éxtasis. Martirio que se acerca al llegar a los lindes de la pierna interna. Suben a las caderas y descaradamente visitan el centro para dejar saber que andan por allí.

Tengo mis ojos cerrados estoy desnudo y descontrolado. Esas manos se mantienen firmes, profesionales, ni un movimiento desviado hacia los más sensibles lugares.

Suben nuevamente las siento recorrer el frente hasta llegar al pecho. Late el corazón siento que llega al techo. Esas manos me hunden en un placer inmenso.

Vuelven las manos hasta donde está la energía. Se adentran y vuelven a recorrer el lugar visitado pero no conquistado. Ya ardo por dentro estoy por estallar. Esas manos me tienen desesperado cuando encuentran su lugar.

Mientras, recorren sin prisa cada detalle esperando que estalle en un mar de placer. Me siento renacer, cual ave fénix de las cenizas. Esas manos que hacen de la nada trizas responden con ternura dura.

Ya no puedo más. Tengo que clamar a esas manos que se apropien de lo que ahora ya tienen a su merced. Tengo los ojos cerrados y estoy desnudo, ahora los labios serán los caminantes de este cuerpo ya explorado, besaran desde el ápice del cabello y hurgarán la verdad. Tengo mis ojos cerrados y estoy desnudo mientras en tus aguas zambullo el más profundo masaje. Gimes y te contorsionas, me besas, mis manos, esas manos, te dieron el mensaje…

lunes, febrero 06, 2006

No permitas que lo que no sabes de mañana arruine lo grandioso que puede ser el día de hoy

Los minutos pasan, y no regresan. Por pensar en lo que acontecerá mañana no disfrutas lo que tienes hoy.
Amor doy. Mañana deseo dar, pero aún no soy.
Si me buscas ahora, tendrás de mí el momento. Me tendrás en un cien por ciento
y sin demora. Si dejas pasar las horas no vivirás ese instante en el que prometo amarte en fuego incinerante y sin dejar pasar un sólo detalle.

Los minutos pasan y no regresan.
Amor doy.
Mañana deseo dar, pero aún no soy.
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Y recuerdan como él se transformó
en árbol por que así lo deseó
y se quedó.
Plantado alli mirando la tierra en que nacian floooores
nuevas.

Fué refugio de conejo y colibrí.
El viento le enseñó a gozar del cielo,
la miel y la resina le desvestían
la lluvia lo bañó.
Y mi felicidad decía para sus adentros
eso, eso, se que ahora la encontré
eso , por que tengo todo el tiempo
ya para mi.
Ya no necesito mas de nadie

Toda la belleza de la vida es para miii...

Y un día pasaron por allí, los ojos de una niña
que le habían robado al cielo
el brillo de dos estrellas

...y se estremecieron sus raíces...
Cuanto desconcierto de improviso dentro de él
eso solamente siente el hombre sin la mujer.
Y alargó sus ramas hacia ella...

Sintió que la felicidad
le brinda la mitad
del infinito

Lueeeego era el tiempo
Sol y luna
Nube y música
Era el tiempo de ese llanto y
entre tanto era un hombre, que a la vida despertóo

Era como el tiempo que llenaba sus minutos
soledades.

Esa parte verdadera que una fábula encantada esconde en sí
para ser autentica....

(Eros Ramazzoti)

sábado, febrero 04, 2006

La noche sirve de lienzo

La noche sirve de lienzo.
Inmenso derroche de arte.
Naturaleza que encierra
Desde la luna al sol desde
Plutón a Marte.

¿Quién puede afirmar que el firmamento no es
un lugar de billones de moradas? Somos soles, millones de ellos. Son ellas son ellos. Somos los que adornamos el Universo.

En un lugar tan infinitamente inmedible dos almas se han encontrado. Hubo propósito
Hubo razón. Desde un extremo al otro fueron atraídas hacia el centro. Por un momento dieron luz al universo. Eran de la Vía Láctea la vía. Eran de las nebulosas la luz y de los agujeros negros su infinita masa.

Explosión sideral algo sin igual
Nada en el todo. Todo en la nada.
Vida en vacío lleno de vida.

Efímero encuentro de fuegos celestiales
Lluvia de estrellas, luz a manantiales.
Caudales de energía, tuya, mía. Alegría presente
Ausente en nuevos tiempos. Presente en el recuerdo.

Nada quedó al azar. Todo cayó en su lugar, cada estrella a su órbita. Amor desorbita fuera del corazón. Sol interno su luz baña el celeste cielo cuando en la noche levantes tu velo y regales tu mirada a los ojos del viajero.

Descanso en las alturas. Desde allí velará callado y sonreído los andares de tu estrella. Desde arriba te recordará bella. Llena de luz inmensa de Fe. Desde allí resplandecerá cada vez que tu mirada le busque en el cielo.

Ya no será una simple roca que se enciende al chocar con la atmósfera de ésta historia. Ahora es la historia que no se ha de contar…una historia invisible, intangible e imposible de olvidar.

Dos almas han cruzado el Universo…sus confines viajarán en direcciones que tal vez jamás las vuelvan a encontrar.

Dos almas afines…algún día tal vez…se vuelvan a encontrar.

Tal vez.

Mientras… el universo viajar.

viernes, febrero 03, 2006

Mentira...revivir

No te extrano..jamas lo he hecho.Desde el dia en que te vi por ultima vez.....mentira.
No he pensado en tu mirada, ni en tus palabras lejanas a traves del telefono...mentira.
He olvidado todas aquellas conversaciones bajo las estrellas y frente al mar....mentira.
Nunca he pensado en ti cuando me han preguntado si tuve un gran amor...mentira.
He sido duro, fuerte y resistente ante tu ausencia en mi vida...mentira.
He deseado que jamas volvieras ...MENTIRA
He amado tantas veces que ya no puedo amarte...MENTIRA.
He dejado que el tiempo pase y he logrado olvidarte...MENTIRA.
La vida sin ti me hizo un mentiroso...ha sido la unica forma de poder vivir ante la ausencia de lo mas que he querido en este mundo. VERDAD.
Que voy a hacer hoy,que mi mentira encontro su verdad?, La verdad simple...y clara. Sin mitos, sin misterios.
No deseo amarte otra vez...no deseo besarte...no deseo verte..no deseo poseerte...no te deseo...no te amo...no te quiero....ESA ES MI GRAN MENTIRA.