El Amuleto IV
El Amuleto IV
Cuidadosamente coloqué el cofre, imaginando su contenido, sobre la mesa de mi taller de trabajo.
Tal vez sean los restos de alguna persona…me alarmé. Tal vez debí dejarlo en aquel lugar…no deseo profanar algo sagrado...pero no estaba dentro del recinto.
Comencé a remover el sucio que cubría la caja…con cuidado fui develando las formas labradas en su cubierta…eran rosas…labradas en la pura plata…Sí aquel metal era de plata. Y debía pesar más o menos unas 10 libras por lo que era valioso además.
La tapa del cofre estaba cerrada con llave. No tenía idea de lo que tendría dentro pero estaba decidido a averiguarlo.
Cómo lo abriría. Busqué algunas herramientas, destornilladores, pinzas presillas…nada servía. Después de estar más de una hora intentando abrirlo sin resultados me frustré y lo empujé contra la pared al final de la mesa de trabajo…
Clic…se escuchó el ruido de una cerradura abrir y la tapa quedó parcialmente levantada.
Miré asombrado ante las casualidades y me acerqué a ver el contenido…
Riiiiiing riiiiing riiiiiing…sonó el teléfono. Fui a contestarlo y…
Hello , hello, hello….
Nadie en el otro lado. Tono de ocupado. ¿Quién sería?
Regresé a la mesa del taller…tomé el cofre y lentamente fui levantando la cubierta…temeroso de lo que pudiera ver.
Poco a Poco fueron apareciendo los secretos guardados….
Una pequeña pila de papeles desintegrados, y un saquito de fieltro negro en el fondo.
Uno de los sobres tenía una fecha escrita…23 de junio de 1963…era lo único que se podía leer de aquel viejo documento antes de que se me desintegrara en las manos. Así sucedió con todos los papeles.
Tomé entonces el saquito. Tenía algo adentro. Con cuidado lo abrí y dejé deslizar su contenido sobre la mesa. Su brillo intacto me hizo ver claramente la naturaleza de aquel metal…Oro. Era la figura de un ancla de dos puntas con un pequeño crucifijo.
No puede ser…pensé. Demasiadas coincidencias. Nada tenía orden y yo allí desvariando.
¡Heyyy! Gritó una voz que me pareció familiar.
¿Hay alguien en casa?
…..
Cuidadosamente coloqué el cofre, imaginando su contenido, sobre la mesa de mi taller de trabajo.
Tal vez sean los restos de alguna persona…me alarmé. Tal vez debí dejarlo en aquel lugar…no deseo profanar algo sagrado...pero no estaba dentro del recinto.
Comencé a remover el sucio que cubría la caja…con cuidado fui develando las formas labradas en su cubierta…eran rosas…labradas en la pura plata…Sí aquel metal era de plata. Y debía pesar más o menos unas 10 libras por lo que era valioso además.
La tapa del cofre estaba cerrada con llave. No tenía idea de lo que tendría dentro pero estaba decidido a averiguarlo.
Cómo lo abriría. Busqué algunas herramientas, destornilladores, pinzas presillas…nada servía. Después de estar más de una hora intentando abrirlo sin resultados me frustré y lo empujé contra la pared al final de la mesa de trabajo…
Clic…se escuchó el ruido de una cerradura abrir y la tapa quedó parcialmente levantada.
Miré asombrado ante las casualidades y me acerqué a ver el contenido…
Riiiiiing riiiiing riiiiiing…sonó el teléfono. Fui a contestarlo y…
Hello , hello, hello….
Nadie en el otro lado. Tono de ocupado. ¿Quién sería?
Regresé a la mesa del taller…tomé el cofre y lentamente fui levantando la cubierta…temeroso de lo que pudiera ver.
Poco a Poco fueron apareciendo los secretos guardados….
Una pequeña pila de papeles desintegrados, y un saquito de fieltro negro en el fondo.
Uno de los sobres tenía una fecha escrita…23 de junio de 1963…era lo único que se podía leer de aquel viejo documento antes de que se me desintegrara en las manos. Así sucedió con todos los papeles.
Tomé entonces el saquito. Tenía algo adentro. Con cuidado lo abrí y dejé deslizar su contenido sobre la mesa. Su brillo intacto me hizo ver claramente la naturaleza de aquel metal…Oro. Era la figura de un ancla de dos puntas con un pequeño crucifijo.
No puede ser…pensé. Demasiadas coincidencias. Nada tenía orden y yo allí desvariando.
¡Heyyy! Gritó una voz que me pareció familiar.
¿Hay alguien en casa?
…..

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