El personaje….la niña en el jardín II
Me acosté pensando en el extraño encuentro con Esmeralda. Su carita angelical, su ceguera, su seguridad me intrigaba. ¿Qué le había sucedido?, ¿Dónde vivía, quién era su padre, su madre, podría ayudarla?
Al día siguiente muy temprano como siempre, me levanté. El día perfecto ni una nube. Un sol prometedoramente brillante ya asomaba su luminosa cresta justo al borde de azul horizonte, bañando con destellos de plata y diamantes el oriente.
Me dirigí hacia mi trabajo…esperaba poder salir más temprano y así visitar nuevamente el jardín. Ese día apenas pude llegar justo una media hora antes de la hora de cierre.
Caminé por la vereda y no ví a nadie. Sólo algunas parejas que aprovechaban las últimas y tenues luces del atardecer. Ya la noche se apoderaba del lugar.
Me resigne a no encontrar la chiquilla de ojos azules. Al ir saliendo observé a un hombre vestido con uniforme verde…parecía jardinero.
Debe de ser el padre de la chica. Pensé.
Lo ví alejarse en su carro…pero no vi señales de la niña. A lo mejor no vino hoy. Me dije.
Me marché y me dirigí hacia mi casa. Debía de tomar el tren a Bayamón y luego guiar hasta la costa donde estaba ubicada mi residencia a pasos del mar.
Al otro día aparecí de nuevo y esta vez ya la niña estaba allí. En el mismo lugar…y no había chicos de la escuela. Vestía uno de esos overoles azules con una camisa rosa y blanca y unas tenis blancas. Su pelo recogido a trenzas permitía ver la perfección de aquel rostro claro de donde resaltaban aquellos ojos azules.
-Hola- le dije
-hola- respondió ella
- No te ví ayer- añadí
Ella me miró sin verme y me extendió su mano.
-acércate- me dijo al tiempo que me tomaba de la mano.
Quiero ver como es…
Su mano entonces la colocó justo en mi frente y fue recorriendo desde el comienzo de mi cuero cabelludo primero, luego las cejas, las pestañas, los ojos, la nariz, los labios, la boca, la barba, las orejas…
-tiene como 40 años y es de tez blanca-
Si, respondí.
-tiene el cabello claro, y los ojos los imagino claros. Por lo que veo gusta de pasar mucho tiempo al aire libre.
Si, volví a responder.
Ella continuó.
Se ve que trabaja en la calle y no en oficinas. Sus manos son ásperas pero se sienten gentiles. Trabajas con personas. Eres maestro.
En este punto no pude menos que reírme.
¿Cómo puedes saber todo eso con sólo tocarme?,
No lo sé. ¿Es cierto?,
¿O sea que andas adivinando? Le pregunté.
El adivinar es parte del conocer. Muchas de las cosas que aprendemos las aprendemos por casualidad o por error. Los sentidos en especial el de la vista nos permite literalmente conocer la existencia de una cosa aunque no sepamos nada de ella.
Igual pasa con las personas. Usted las observa en la calle y por su vestimenta o apariencia puede decir como es y posiblemente a que se dedica. Pero no mira, no ve más allá.
Yo en cambio he aprendido a ver con mis manos a sentir más allá del ruido, a escuchar lo que los demás no oyen.
-mmm- eres inteligente. Tienes razón, en todo lo que has dicho. Me has descrito totalmente.
-Venga- me llamó.
Acérquese al estanque y meta la mano en el agua… ¿Qué siente?
Metí la mano en el agua. Y respondí, “está fría”.
¿Eso es todo?, volvió a preguntar la niña.
¿No siente nada más? añadió
¿Qué debo sentir? Pregunto confundido.
Ella volvió a tomar la palabra.
“Al meter la mano en el estanque siento el agua pasar a través de cada uno de mis dedos. Siento la energía de la cascada adyacente y siento la ingravidez que el agua le da a mi mano. Al sacarla puedo “ver” las gotas regresando a su punto de origen y las siento al ellas salir de las puntas de mis dedos.
Puedo sentir la resistencia del agua al mover mi mano de atrás hacia adelante y las gotas salpicar cuando rompo la superficie de forma brusca…
Ahora…usted. Cierre los ojos. Me ordenó.
Y haga lo mismo nuevamente.
Cerré mis ojos e introduje mi mano en el agua… estaba fría, pero sentí como la misma se movía a cámara lenta, pude “ver el agua pasar entre mis dedos” y la energía fluir a través de los mismos.
Abrí los ojos y la miré….
-tienes razón- dije
Que mucho se puede ver con los ojos cerrados. Añadí.
La niña continuó hablando…
¿Ve?, a veces la gente me incomoda cuando da por sentado que soy minusválida. La verdad es que hay mucha gente allá afuera que con sus cinco sentidos apenas pueden sobrevivir. Terminó diciendo.
Yo estaba totalmente asombrado con la capacidad de aquella pequeña. Su madurez me puso a pensar. Hay gentes que por condiciones menos serias se suicidan y ésta chica estaba contemplando el paisaje en monocolor…en negro.
La tarde pasó y la niña me llevó por cuanto lugar tenía el jardín y me lo describía a la perfección con lujo de detalles. Apuesto que se conocía mejor el jardín que los propios administradores del lugar, siempre metidos en sus oficinas donde sólo florecían los papeles y formularios. Donde el aire tiene un aroma a humedad artificial y los sonidos más naturales son los que genera algún extracto del cuerpo al toser u otra cosa.
Al llegar la hora de partir me despedí de la niña y le hice la misma pregunta ¿con quién andas hoy?, sonrió y me dijo adiós con su manito mientras caminaba al toque de las plantas que le servían de guía en su dirección del camino.
La miré hasta que la vi desaparecer en un recodo del camino justo donde comenzaba la entrada del viejo edificio que albergaba las oficinas.
Me quedé con el deseo de saber más de la niña y como todavía tenía algunos minutos decidí ir a conocer al progenitor del que ella me había hablado.
Llegué hasta el recodo donde la vi por última vez. Y note la estructura vieja del edificio. Más que viejo parecía ruinoso. Cubierto en su totalidad por hiedra que le daba un aire de misterio en el entorno del jardín.
Al llegar a la puerta toqué el timbre…sonó lejano. Pasaron unos segundos y la misma se abrió. Una mujer joven me atendió.
- Buenas tardes- dije.
- Buenas tardes … ¿en qué puedo servirle? La mujer respondió.
- Bueno, la verdad es que tengo curiosidad de conocer a la persona encargada de la niñita ciega que he conocido en el jardín…Esmeralda es su nombre.
Espere aquí un momento. Dijo. Y se fue. Pasó algo más de un par de minutos y ella regresó acompañada de un hombre mayor…el encargado del jardín. Me lo presentó.
El es don Facundo…el es el encargado de Esmeralda. Dijo la mujer…al tiempo que se retiraba.
Buenas tardes, dije extendiéndole la diestra en el saludo.
-Buenas Tardes- me reciprocó el gesto.
Perdone mi atrevimiento comencé a hablar. Pero quería conocer al padre de la niña ciega que conocí en el jardín. Ella me ha hablado mucho de su pasión por este lugar y de lo bien que lo cuida. Es una chica muy inteligente, y se conoce este lugar mejor que cualquiera que haya vivido aquí. Y lo más sorprendente es que sea ciega.
Sólo quise dejarle saber que la conocí y que me agradó.
-Ahh, dijo el hombre.
-así que la conoció, ella no es así con todo el mundo. Es más bien tímida y retraída. Ya que pocos son los que le hablan o la buscan. Desde el accidente, estar en este jardín es lo que la llena, la motiva a salir…
-¿qué accidente? -pregunté
¿No le contó?- me volvió a decir el hombre.
-NO- respondí,
Pero si puedo hacer algo por ella me gustaría que me lo dijera.
-Bueno, creo que el hecho de que se haya preocupado por ella es algo.- respondió el viejo.
Bueno…el accidente que tuvo…ocurrió en el estanque. Dijo, mirando en dirección al cuerpo de agua.
Fue hace unos dos años justo donde están las piedras blancas que forman el dique. Desde entonces regresa al mismo lugar todos los días en la tarde.
-Veo.- Respondí ya sin deseos de seguir abundando.
De todas formas dígale que lo conocí y que le mando mis saludos. Ah perdone…no me presenté. Me llamo Santiago.
Muy bien Santiago así lo haré. Buenas tardes entonces. Dijo don Facundo y se despidió.
Salí hacia el jardín. Ya anochecía…estaba fresco el aire nocturno. Caminé hasta el terminal del tren…y me dejé caer en el asiento. Iba pensando en la experiencia de “ver” con los ojos cerrados.
Los sonidos del tren sobre la vía, las puertas que se abrían, el ruido rebotando en las paredes de los túneles…todos tenían presencia…mientras “veía” todo…
-“¡Oiga!...ya llegó el tren a su destino”.- La voz del policía me despertó al tiempo de que me indicaba el fin de la travesía…