domingo, octubre 09, 2005

El Celador IV

El CELADOR IV CAPITULO FINAL

Justo al pie de la entrada estaba él. Me estaba esperando. Vestía nítidamente de blanco…un traje idéntico al que yo llevaba.

Hola… me dijo.

Lo miré…parecía más vivo que muerto o lo disimulaba muy bien.

Hola Mariano…dije con tono de duda.
No me parecía que le estuviera hablando a un fantasma.

Gracias por venir. Me dijo.

Hoy es el día.

Querrás decir la noche…lo corregí. Aquí en medio de la nada mientras allá afuera hay tanta celebración y algarabía.

¿La Nada?, ¿crees que es nada?,

Miré alrededor. Todo era silencio…apenas se movían las hojas de los árboles.

¿Trajiste lo que te pedí?,…

Si…aquí está todo en la computadora.

Sabía que lo harías.

¿Lo sabia? Pregunté.

¿Todavía no lo crees?

¡MARIAAAANOOOO! Se escuchó una voz a lo lejos en la oscuridad del campo santo.

Mariano me miró al tiempo que me decía. Permanece aquí y no hagas nada hasta que te llame.

Mierda…pensé, ahora para colmo me tengo que quedar aquí mientras estos….

¿Qué hace aquí? Pregunto sobresaltado al ver a la viuda acercarse a donde me encontraba.

No pude esperar...tengo que verlo. Me respondió.

¡Oiga pero no podrá regresar!, le dije.
Es mejor que se vaya.

NO. Llevo esperando por este día hace tanto tiempo…que no me voy a marchar. Hoy NO. ¿Para qué?

A lo lejos podía ver dos siluetas de frente uno al otro. Parecía como si charlaran. De pronto se dirigieron hacia donde estaba.

Mariano venía al frente…sonreía, el otro un poco más atrás no le veía bien el rostro.

Al ir acercándose, Mariano se detuvo. La vió a mi lado.

Su sonrisa desapareció e inmediatamente se volvió hacia el otro hombre que venía detrás. Este se detuvo y miró por encima del hombro de Mariano hacia donde estábamos la viuda y yo.

Lo escuché decir…por favor no te la lleves…

El hombre respondió…ese era el pacto. Sólo podías venir con el elegido, nadie más.

Entonces le diré al Elegido que se marche y jamás sabrás si ganaste la apuesta.

¿La apuesta?,
Nadie mortal me ha ganado una apuesta… dijo el hombre.

Bien...si me ganas la apuesta no sólo te dejaré ir sino que ella te acompañará por siempre a partir de hoy.

Mariano regresó a donde estábamos…era la primera vez que se miraban a los ojos desde hacía 6 años 6 meses y 6 días…y ahora estaban de frente el uno del otro…

Hola amor…dijo Mariano a la viuda. Ella lo quiso abrazar…pero pasó a través de él.

A estas alturas ya no sabía si gritar o correr o sencillamente darme un palo…igual me sentía alucinando.

El hombre en traje oscuro se acercó y entonces lo reconocí. Era el tipo alto de la barra de Bloq. El que me había dicho que yo era el ELEGIDO, y luego lo miré de nuevo y era el celador que iba a recoger ánimas, el que me dijo que hablara con la viuda.
Ambos.


Al verlo me di cuenta de que estaba ante un ser maligno pero a la vez democrático. (Cualquier parecido a un político es pura coincidencia.)


El tipo se acercó a Mariano. Y le dijo. Muéstrame lo que me prometiste.

Mariano se me acercó y me pidió que abriera la computadora y que también sacara de mi bultito las cosas que había recuperado del cofre. En especial las de la figura de madera…el Amuleto.

El hombre extendió la mano. Yo le coloqué la figura de madera en la misma…el tipo la miró detenidamente.

San Antonio…el santo de las cosas perdidas. Dijo, más bien gruñó.

Miró a su alrededor…justo sobre las lápidas que se perdían de vista. Alguien estaba ayudando a Mariano.

Luego me miró, y se dirigió hasta mí. Sentí una fuerza que me obligaba a abrir la computadora en el programa de escrituras…

Una vez abierta pudo ver en la pantalla lo que tanto temía.

Don Mariano le había ganado la apuesta. Furioso el tipo…bramó una maldición y un rayo partió el cielo al tiempo que una nube en torbellino de polvo y llamas envolvía su figura y lo desaparecía del panorama. En el suelo una pequeña llave labrada quedaba como única evidencia de que esa cosa había estado allí.
La recogí y de inmediato sentí la necesidad de arrojarla lo más lejos posible. Caminé hasta el arroyo y la lancé a las aguas que bajaban crecidas por causa de la lluvia. No tenía la más mínima intención de averiguar para qué era la llave…

Yo no había hecho absolutamente nada. Sólo estar parado allí. Apenas eran las doce y dos minutos y yo sentía que ya eran las tres de la mañana.

Busqué a Don Mariano…y a la viuda.

No los vi. A ninguno. Caminé unos pasos y entonces encima de una de las tumbas la vi. Yacía boca arriba al parecer dormida. La viuda. Me acerqué y le tomé la mano.

No tenía pulso.

¡Ohhh NO! Exclamé.

Gracias…escuché a Don Mariano decirme. Me liberaste.

¡¿Yo?, si no he hecho nada! Y su viuda ha fallecido…cuanto lo siento.

Ella está bien. Mira. Dijo él.

Al mirarlo me di cuenta de que ya no era alguien tangible…tenía forma etérea y una mujer…estaba a su lado…su esposa.

Te presento a Guadalupe mi esposa. Ella me sonrió pero no dijo nada. Se veía hermosa…llena de vida.

También la liberaste a ella y nos uniste.

Me quedé pensativo…y le pregunté.

Don Mariano… ¿Cuál era su sueño?, ¿cuál era su promesa? Y por último ¿cuál fue la apuesta?


Mi sueño fue poder escribir una historia pero morí antes de poder hacerlo.

Le prometí a Guadalupe que aún en mi estado espiritual hallaría la forma de escribirla y encontraría a alguien que tuviera ese don de poder ver con algo más que los ojos y hablar con algo más que la boca. E hice un pacto con ya tu sabes quien de que si lograba hacerlo él dejaría de molestar por estos lugares. Esa, fue tu parte.

Al aparecer Guadalupe en la escena le aposté su alma a que había logrado lo prometido.

Desde el día en que te sentaste a hablar con tu abuela me di cuenta de que eras esa persona. El cofre, las cartas, la figura del Santo…todo fue cayendo en su lugar. Terminó diciendo…ellos me ayudaron…ya que yo tenía que encontrar a esa persona aquí mismo y como sabrás no podía buscarla en otro lugar. Finalizó diciendo.

Yo estaba totalmente paralizado. No puedo creer esto…fue lo único que dije.

Si no hubiese aceptado esta misión… ¿qué hubiese pasado?...

La verdad... Respondió Mariano estarías en otro lugar teniendo un don sin poder DAR…

Ahora que has redescubierto ese don ya no necesitas de nuestra ayuda.

¿Ellos?, tardíamente caí en cuenta de las palabras de Mariano…

Al decir esto comencé a escuchar la música de danza y a ver las parejas bailar al compás de la misma. Don Mariano y Guadalupe se unieron al grupo. Allí entre ellos estaban Rosa y Eduardo…mis abuelos. Sonrientes y felices. Me hicieron señas de que me podía ir…ya había cumplido con mi misión.

Los fuegos artificiales explotaban en el cielo y acá en la tierra de las ánimas se bailaba eternamente libre.

Fin















Epílogo


¿Qué me llevó a escribir esta historia? No lo sé, tal vez Don Mariano es ese ser interno que tenemos todos y que escondemos porque pensamos que no es aceptado o nos da vergüenza.
Tal vez la viuda es la soledad que nos atrapa en secreto cuando en apariencias estamos más acompañados que una multitud.
Tal vez los abuelos…bueno ellos no…ellos sí son los recuerdos de nuestro genio indomable de la base de ser quién eres.

Tal vez sea sólo un personaje más en esta vida llena de historias. Tú también lo eres. Y hoy sólo puedo decirte…no seas sólo público…se personaje….y vive tus historias auque sean cuentos.

1 Comments:

Blogger Cecilia said...

Buen fin de semana, Sr. R!

1:27 p. m.  

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