domingo, octubre 02, 2005

El Amuleto VI

El Amuleto VI


El celador comenzó a hablar. La otra tarde yo lo esperaba. Ya me habían informado de su visita. De hecho me habían dicho incluso que vendría hoy.


¿Quién le dijo tal cosa?, pregunté.

Pues la Señora…la viejita de sonrisa dulce.

¡!!No estaba yo soñando. Era verdad. Era ella, eran ellos y el celador era real!!!

El celador prosiguió.

Me dijeron que vendría alguien a buscar algo y que lo dejara pasar. Me dijeron del hueco en la verja. Ni yo mismo sabía que existía hasta el mismo día que usted vino…ayer.

Hablaron del cofre y su contenido pero me dejaron esta llave para entregársela. Dijeron que sin la llave no podría encontrar lo que el cofre guarda. Terminó diciendo.

Bueno…el cofre se abrió y encontré lo que había adentro.

¿Esta seguro?, preguntó el celador.

Venga y véalo por usted mismo. Respondí.

El celador me siguió hasta la mesa de trabajo. Allí estaba, era un cofre espléndido con su labrado en plata pura y los detalles de las rosas labradas. Miré adentro y entonces noté algo que no había visto al principio. El fondo del cofre no cuadraba con la altura del mismo.
¡Tiene doble fondo! Exclame lleno de sorpresa.

Increíble. Dije.

El celador sonreía…

Tenga. Dijo extendiendo la llave.

La tomé y de inmediato me dispuse a introducirla en la cerradura. La llave también era de plata.

Clic hizo la tapa del fondo al levantarse al giro de la llave.

Una envoltura de papel encerado estaba cuidadosamente colocada de forma que cubría todo el objeto dentro de ella.

Según fui separando la envoltura (conteniéndome para no romperla como regalo de navidad por un niño) fue apareciendo una figurita de madera tallada…un Santo.

Qué santo sería pensé. Por algún lado debía de estar la respuesta. Lo levanté para que el celador lo viera.

Lindo Amuleto. Dijo.

MMM creo que no es un amuleto…mas bien parece un Santo pero cuál.

El celador miró en la caja. Yo no había visto que en una esquinita estaba un fino cordel color negro con un cierre de esos que se ponen a los collares y pendientes.

En el extremo del mismo había una diminuta medalla con una minúscula inscripción grabada en su dorso. dar seran tus iniciales y llevaras ese
don a todo aquel que conozcas

(esta la tiene que descifrar usted amigo lector)
En el frente de la medalla había otra esfinge…la de un hombre rodeado de niños…nada más había. Entonces me la puse al cuello.

Cuando miré nuevamente la medalla colgada en mi cuello…noté movimiento en los símbolos.

Cambiaban una y otra vez…y entonces pude entender lo que decían…

Comencé a leer cada texto que aparecía y lo anotaba en un papel en blanco.

“Soy...la oportunidad…la misma que has seguido por tanto tiempo y se te ha escapado…por rendirte al último momento.

Hoy soy la oportunidad de revelar este secreto. Por tantos años guardado y que es tu más preciado tesoro.”


No daba crédito a lo que veía. Agarré la medalla y sentí como ardía en mis manos. Me quemó. La solté y solo pude ver cómo se desvanecía en una mezcla de luz y calor como un fósforo que se quema en lo que uno pestañea.

¡Nooooo! Exclamé cuando ví que desaparecía el preciado objeto. ¡No puede ser!, me lamenté al ver que ya no quedaba nada de la medalla…que se haya terminado, terminé diciendo.

-No creo que termine así- intervino el celador. Es más creo que apenas comienza. Apenas comienza…

Lo miré. El tipo ya no sonreía, me miraba serio como indicándome que lo que me decía no estaba sujeto a interpretaciones.




Siguió hablando:

En sus manos tiene la herramienta que le abrirá el camino en el bosque de hojas blancas. Con su siniestra y no su diestra labrará el mismo. Terminó diciendo.

Dicho esto se marchó.

Pero, pero…espere…no se vaya…le dije al verlo pasar el umbral de la puerta hacia la noche…

Ya era de noche.

Oiga…llamé al tiempo que llegaba hasta la puerta y ver que afuera estaba lloviendo a cántaros y que el celador había desaparecido…ni rastro del mismo.
La pala estaba al lado de la puerta y una rosa roja estaba al pie de la misma.