El Personaje...La Nina en el jardin Cap I
Hacía tiempo que visitaba aquel lugar. La belleza y quietud del mismo me llamaban a diario. Solía ir allí a pensar a descansar y a veces hasta echaba una siesta.
Los Árboles y las plantas llenas de flores adornaban cada rincón del amplio lugar. Un enorme estanque cubierto por jacintos y lirios de agua servía de abrevadero para las aves y demás moradores del lugar. Peces de color dorado habitaban el mismo.
Varios banquillos alrededor del mismo recibían a las parejas de enamorados que gustaban de compartir de aquella belleza en medio de la ciudad.
Por las tardes un grupo de niños acostumbraba a pasear con una joven a lo largo de las veredas que bordeaban el jardín. Iban vestidos todos iguales por lo que eran estudiantes y ella la maestra.
Una joven de unos treinta y tantos años muy atenta a sus chicos. Ella les mostraba las flores, les enseñaba a oler su aroma, a tocar las hojas sin arrancarlas a sentir su textura. Les enseñaba a respirar aquel aire limpio a sentir la frescura que apaciguaba el calor del día.
En el grupo de niños había una niña en particular que parecía más ensimismada en el lugar que los demás. Mientras los otros correteaban por los alrededores, ella caminaba acercándose a las flores por más tiempo. Se detenía a recoger las semillas que encontraba a la orilla de los árboles y las tocaba incluso se las pasaba por la boca.
La maestra no la veía hacer eso…aunque al parecer no le preocupaba la niña porque en ningún momento le oí llamarla.
Al llegar a la orilla del estanque la niña se acuclilló justo donde había una pequeña caída de agua. Se quedó un rato extasiada con el murmurar del agua y extendió la mano hacia la misma. Por un momento el agua hizo aros concéntricos que salían desde sus pequeños dedos…la niña sonreía.
Seguí cada movimiento de la niña…, estaba tan absorta en lo que hacía que se había quedado totalmente rezagada del grupo. Me levanté del banquito y caminé hasta donde estaba ella.
-hola. Le dije.
Ella me miró pero no me vió…
-hola aquí…me señalé.
Entonces me di cuenta…era ciega.
Ella me devolvió el saludo…mirando al vacío con los ojos azules más hermosos que yo haya visto.
Que pena. Pensé.
Que unos ojos tan hermosos no puedan ver todo esto.
¿Cómo te llamas? Le pregunté.
Me llamo Esmeralda. Me respondió.
¿Y tú, cómo te llamas?
Me llamo Santiago. Respondí y de inmediato le comenté…
Tu grupo esta lejos.
No es mi grupo. Respondió.
¿NO? ¿Y estás sola?, volví a preguntar al tiempo que miraba a todos lados buscando a su madre o familiar…no veía a nadie.
No, no estoy sola…mi padre trabaja aquí en el jardín. Me deja que lo recorra mientras él cuida de las plantas.
Ahhh entonces ¿es el jardinero?- dije
No, no es el jardinero es el amigo de las plantas. Ella respondió.
Veo.
Ella continuó hablando. ¿Ve el árbol de cacao que está allí de frente a usted a la derecha del abedul?
Abrí mis ojos cuanto pude. Miré a la niña y luego mire de frente donde ella me señalaba, justo donde había un árbol de Cacao al lado de un abedul y me costó trabajo identificarlos entre medio de tanto verde.
El padre de mi padre los plantó hace mucho tiempo y ahora él los cuida.
Y aquí a la derecha de donde usted está parado ¿ve las veintidós piedras blancas cubiertas de musgo? Sirven de dique para las tortuguitas y las aves acuáticas. Mi padre las puso para que este estanque tuviese un lugar donde las criaturas del jardín pudiesen refrescarse.
Es muy diestro tu padre. Dije. Y ¿dónde está él ahora?,
Ya le dije. Trabajando…respondió la pequeña que no tendría más de ocho años.
¿Quieres que te acompañe aquí mientras esperas a tu papá? Le pregunté.
Está bien…dijo ella. Y añadió.
Es la primera vez que alguien me acompaña por el jardín.
¿De veras? Que raro,
Y todos esos niños que están aquí. ¿No son tus compañeritos de escuela?
La niña sonrió y muy segura de sí me tomó por la mano. Me fue guiando por la vereda que bordeaba el jardín hasta llegar a la orilla del río. Allí se erguía un viejo puente colgante. No había nadie alrededor por lo que me preocupé algo y le dije…
Mejor regresamos...no vaya a ser que tu padre se enoje si no te ve y yo me meta en problemas.
Esmeralda estuvo de acuerdo y ambos regresamos…por la misma vereda. Al llegar al lugar donde la encontré ella se despidió de mi agitando su mano
…espero verle de nuevo…Santiago. No se preocupe por mí, mi padre me recogerá justo aquí…
Me despedí de ella…mire mi reloj, marcaba la una de la tarde. Ya debía regresar a mi trabajo también.
Los Árboles y las plantas llenas de flores adornaban cada rincón del amplio lugar. Un enorme estanque cubierto por jacintos y lirios de agua servía de abrevadero para las aves y demás moradores del lugar. Peces de color dorado habitaban el mismo.
Varios banquillos alrededor del mismo recibían a las parejas de enamorados que gustaban de compartir de aquella belleza en medio de la ciudad.
Por las tardes un grupo de niños acostumbraba a pasear con una joven a lo largo de las veredas que bordeaban el jardín. Iban vestidos todos iguales por lo que eran estudiantes y ella la maestra.
Una joven de unos treinta y tantos años muy atenta a sus chicos. Ella les mostraba las flores, les enseñaba a oler su aroma, a tocar las hojas sin arrancarlas a sentir su textura. Les enseñaba a respirar aquel aire limpio a sentir la frescura que apaciguaba el calor del día.
En el grupo de niños había una niña en particular que parecía más ensimismada en el lugar que los demás. Mientras los otros correteaban por los alrededores, ella caminaba acercándose a las flores por más tiempo. Se detenía a recoger las semillas que encontraba a la orilla de los árboles y las tocaba incluso se las pasaba por la boca.
La maestra no la veía hacer eso…aunque al parecer no le preocupaba la niña porque en ningún momento le oí llamarla.
Al llegar a la orilla del estanque la niña se acuclilló justo donde había una pequeña caída de agua. Se quedó un rato extasiada con el murmurar del agua y extendió la mano hacia la misma. Por un momento el agua hizo aros concéntricos que salían desde sus pequeños dedos…la niña sonreía.
Seguí cada movimiento de la niña…, estaba tan absorta en lo que hacía que se había quedado totalmente rezagada del grupo. Me levanté del banquito y caminé hasta donde estaba ella.
-hola. Le dije.
Ella me miró pero no me vió…
-hola aquí…me señalé.
Entonces me di cuenta…era ciega.
Ella me devolvió el saludo…mirando al vacío con los ojos azules más hermosos que yo haya visto.
Que pena. Pensé.
Que unos ojos tan hermosos no puedan ver todo esto.
¿Cómo te llamas? Le pregunté.
Me llamo Esmeralda. Me respondió.
¿Y tú, cómo te llamas?
Me llamo Santiago. Respondí y de inmediato le comenté…
Tu grupo esta lejos.
No es mi grupo. Respondió.
¿NO? ¿Y estás sola?, volví a preguntar al tiempo que miraba a todos lados buscando a su madre o familiar…no veía a nadie.
No, no estoy sola…mi padre trabaja aquí en el jardín. Me deja que lo recorra mientras él cuida de las plantas.
Ahhh entonces ¿es el jardinero?- dije
No, no es el jardinero es el amigo de las plantas. Ella respondió.
Veo.
Ella continuó hablando. ¿Ve el árbol de cacao que está allí de frente a usted a la derecha del abedul?
Abrí mis ojos cuanto pude. Miré a la niña y luego mire de frente donde ella me señalaba, justo donde había un árbol de Cacao al lado de un abedul y me costó trabajo identificarlos entre medio de tanto verde.
El padre de mi padre los plantó hace mucho tiempo y ahora él los cuida.
Y aquí a la derecha de donde usted está parado ¿ve las veintidós piedras blancas cubiertas de musgo? Sirven de dique para las tortuguitas y las aves acuáticas. Mi padre las puso para que este estanque tuviese un lugar donde las criaturas del jardín pudiesen refrescarse.
Es muy diestro tu padre. Dije. Y ¿dónde está él ahora?,
Ya le dije. Trabajando…respondió la pequeña que no tendría más de ocho años.
¿Quieres que te acompañe aquí mientras esperas a tu papá? Le pregunté.
Está bien…dijo ella. Y añadió.
Es la primera vez que alguien me acompaña por el jardín.
¿De veras? Que raro,
Y todos esos niños que están aquí. ¿No son tus compañeritos de escuela?
La niña sonrió y muy segura de sí me tomó por la mano. Me fue guiando por la vereda que bordeaba el jardín hasta llegar a la orilla del río. Allí se erguía un viejo puente colgante. No había nadie alrededor por lo que me preocupé algo y le dije…
Mejor regresamos...no vaya a ser que tu padre se enoje si no te ve y yo me meta en problemas.
Esmeralda estuvo de acuerdo y ambos regresamos…por la misma vereda. Al llegar al lugar donde la encontré ella se despidió de mi agitando su mano
…espero verle de nuevo…Santiago. No se preocupe por mí, mi padre me recogerá justo aquí…
Me despedí de ella…mire mi reloj, marcaba la una de la tarde. Ya debía regresar a mi trabajo también.

3 Comments:
gracias por su visita.. me halaga igual no estar tan solo...aqui claro...es bueno de vez en cuando saber de otros..
No se que paso..pero ya estan los capitulos 2,3 y 4 final...espero que les gusten
Hola!!!! Yo estoy Sr R.
Ultimamente con exámenes que no me dejan tiempo para leer, pero estoy. Besotes!!!!
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