domingo, febrero 19, 2006

El Encuentro Capítulo Final

El Encuentro Capítulo Final


Desde dónde estaba podía contemplar el vasto paisaje del entorno. Recibía del día los rayos del sol reseca piel curtida por el tiempo. Sintió una paz extraña. Como si hubiese saldado todas las deudas del alma.

Aún no finalizaba su recorrido, pues tenía que presentarse en aquella casita de campo a unos días de distancia. Emprendió la marcha de regreso. Mientras andaba notó que ya no se sentía perseguido. Al mirar atrás no había ninguna persona o figura acechándolo.

-Hola- le interrumpió una voz conocida.

El hombre miró y exclamó

¡Tú!, ¿Dónde te habías metido?, me dejaste solo. He tenido que recorrer este camino sólo y perseguido por aquella figura y cuatro tipos y una anciana.

El Acompañante habló.

Yo te puse la manta que te cubrió del frío aquella tarde. Y te había dicho que yo no tenía nada que ver con tu asunto.

Si- pero tuve que correr hasta llegar a una casa donde me atraparon y me forzaron a realizar una tarea antes de dejarme en paz. Dijo el hombre

El acompañante le respondió.
¿Y completaste la tarea?

Creo que sí, ya voy de regreso. Respondió el hombre.

Muy bien. Yo te puedo acompañar ahora. Dijo el acompañante.

Mmm…bueno que remedio, pareces tener la habilidad de poder desaparecer en plena presencia.

Así siguieron el camino. Luego de unos días llegaron a la casa.

Bueno. Aquí yo me quedo. Dijo el acompañante.

¿Otra vez me dejarás solo?, replicó el hombre quejándose.

No creo que me necesites. Ya ves que nadie ha venido tras de nosotros. Adelante, entra y termina lo que empezaste.


El hombre miro al acompañante que se había sentado bajo la sombra de un árbol y se recostaba del tronco, al tiempo que echaba sus brazos detrás de su cabeza y se quedaba dormido.

Tremendo…pensó el hombre. Bueno para nada.

-Te escuché- le dijo el acompañante.

El hombre lo miró sorprendido.

-Mejor entra a la casa- dijo el acompañante.

El hombre tocó la puerta…que se abrió con el mismo rechinar de goznes de la primera vez.

Adelante- dijo la voz de la anciana.

Allí estaban los seis.
La anciana, los cuatro grandotes y la figura que le perseguía.

¿Y bien?- dijo el hombre. Hice lo que me pidieron.

¿Cómo te sientes? Preguntó la figura.

Bien. Respondió el hombre.
Ahora contéstenme quienes son ustedes.

Bueno…siéntate. Dijo la Anciana.

Te presentaré a cada uno de mis ayudantes.
El primer Grandote se llama Perdón. Sin su ayuda no habrías podido sonreír ni hubieses logrado sentir la sonrisa de aquel joven.
El segundo Grandote se llama Agradecimiento del Alma sin él no hubieses podido expresar lo que aquella mujer joven te hizo sentir, ni ella sentir lo que llevabas en tu corazón.
El tercer Grandote se llama compromiso, tu conoces cuál es tu derrotero en esta vida, estás para recibir esa energía especial de esas personas de dudosa compresión y transformarla en comprensión y superación.




El cuarto Grandote se llama AMOR- sin él no hubieses logrado ninguna de las tareas asignadas. Por eso al dejarte sólo ya sabía que lograrías el cometido. Te dejó para que admiraras todo lo que has logrado con su ayuda, y que no olvides que sin él todos los caminos serían intransitables.


El hombre estaba abrumado. Sentía una fuerza interior increíble y a la vez se sentía tan insignificante.

Y…comenzó a decir el hombre.

¿Quién es usted?, mirando a la Anciana.

Yo me llamó Sueño Eterno. Aunque la mayoría de las personas me conoce como MUERTE.

Hoy te encontraste conmigo por casualidad, pero cómo no te he llamado te invité a pasar para que tuvieses la oportunidad de conocer a mis siervos.

¿Tus siervos?, preguntó el hombre.

Sí. Ellos me indican cuando alguien ha completado su misión en esta vida. Y me mandan a buscar a través de las palabras del JEFE. Entonces yo le asigno otra misión en otro lugar.

¿El JEFE?, preguntó el hombre.

Si, ¿acaso no lo conoces?, respondió la Anciana

No. No se quién es. Volvió a responder el hombre.

Que raro. Dijo La Anciana.
Todo este tiempo con El y no lo sabía.


¿Con él?, volvió a preguntar el hombre.

Si. De hecho ha estado descansado bajo la sombra de aquel árbol. Dijo la Anciana


El hombre salió por la puerta a buscar al Acompañante. Ya se había marchado.




La Anciana continuó.

El ya se fue. Ahora tú debes regresar a tu hogar.

Espera, dijo el hombre. Debo saber quién es la figura que me perseguía todo éste tiempo. No se nada.

La Anciana le respondió:

Entra. Te está esperando. Pero no te asustes. Es alguien que sólo está ahí para…bueno mejor que el mismo te diga.


El hombre entró y se encontró con la figura. Ambos estaban frente a frente. Eran de la misma estatura y el hombre lo único que podía ver del rostro de la figura eran sus ojos azules, penetrantes y directos.

¿Quién eres? Le preguntó ya sin temor.

La figura le respondió.

Me llamo Conciencia…

Entonces el hombre se adentró en la mirada y dijo con sobresalto :

“!He estado soñando despierto!” al tiempo que se miraba en el espejo del tocador del baño, mientras sus ojos se encontraban con sus ojos en el reflejo de aquél cristal…


Fin

3 Comments:

Blogger mi otro yo said...

cuantas veces desee que lo quee staba viviendo, escuchando sea simplemente un sueño.
Ya lo dije antes y lo digo, en presente,me gusto.
Saludos!!!

12:13 a. m.  
Blogger SR. R said...

Son sólo cuatro entes que transforman la vida si permites que te guien...los cuatro Grandotes.

No obstante hay una presencia especial, que pemite a esos cuatro manifestarse abiertamente a través de las palabras y los escritos...se llama inspiración.

Toma tanto tiempo encontrarla que cuando está presente hay que dejarle manifestar todo su potencial.

Así entonces las lenguas dicen que sólo un hombre enamorado es poeta.
Sin amor nada en la vida puede transformarse en belleza.

Las palabras son sólo eso...cuando llevan amor se les llama, música, prosa, poesía.

A quién van dirijidas?, sólo ese corazón lo sabe. Porque es un amor que se transforma...he ahí mi parte.

9:48 a. m.  
Blogger cachorros said...

Me ha encantado sr.r, he seguido los capítulos, curiosa y expectante. Un capítulo final fabuloso.

11:34 a. m.  

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