El Encuentro Capítulo III
Su mirada se clavó en la silueta parada en la puerta. En vano trató de zafarse, los cuatro hombres eran demasiado fuertes para él.
¿Por qué huyes?- preguntó la penumbrosa figura al hombre.
No vengo por ti. No voy a raptarte ni a darte muerte.
El hombre no contestaba. Su corazón le palpitaba con tanta fuerza que la vena de la sien se podía observar latiendo.
-Llevas tiempo huyéndome y sabes que no hay forma de escapar de mí.
Relájate. Y les diré que te suelten.- afirmó con voz serena la figura.
El hombre se dejó llevar. Los cuatro que lo sujetaban volvieron a la mesa, donde en una quinta silla estaba la anciana que lo había atendido momentos antes.
Estaba atrapado y no había nada más que hacer. Tendría que enfrentar a aquel ser tal y como le había dicho su acompañante que, ahora brillaba por su ausencia.
¿Qué quieres de mí?, pregunto el hombre.
¿Yo? Nada. Respondió la figura y añadió
La pregunta es ¿qué tu vas a hacer conmigo?, Estoy aquí para que me digas. Y hasta que no me digas no podrás continuar con tu viaje.
El hombre miró hacia la mesa. Los cuatro grandulones lo miraban en silencio. La anciana jugaba naipes en solitario. Era extraño. Aquellos hombres tenían rostros familiares. Era como si los conociera de siempre.
Luego miró detenidamente a la anciana. Veía en su rostro las líneas de la experiencia y sabiduría. Pero en sus ojos había una energía que sólo se ve en los jóvenes.
¿Quién eres? Preguntó el hombre a la figura que no dejaba ver su rostro ocultándolo con un velo del cuál sólo se veían unos ojos azules.
¿Quiénes son ellos?, ¿Porqué me tienen aquí? ¿Dónde está mi acompañante?
Muchas preguntas. Y no has respondido que vas a hacer. Respondió la figura.
El hombre se veía confundido.
Está bien. Te responderé…alguna de las preguntas. Dijo la figura pero debes recorrer unos caminos que hace tiempo no visitas.
¿Qué caminos?- preguntó el hombre
Recuerdas cuando venías por la carretera, al joven de mirada de reproche. Dijo la figura.
Si. Lo recuerdo.- contestó el hombre.
Ese es un camino que no has terminado de recorrer. Debes volver y caminarlo. Dijo la figura calmadamente.
Tendrás que recorrer otros caminos conocidos que serán particularmente difíciles y porque tu asumiste y elegiste caminarlos y tampoco los terminaste. Pero no te preocupes.
No irás sólo. Ellos que son fuertes te ayudarán a caminarlos.
El hombre estaba callado. Entendía de pronto las palabras de aquella figura.
¿Por qué huyes?- preguntó la penumbrosa figura al hombre.
No vengo por ti. No voy a raptarte ni a darte muerte.
El hombre no contestaba. Su corazón le palpitaba con tanta fuerza que la vena de la sien se podía observar latiendo.
-Llevas tiempo huyéndome y sabes que no hay forma de escapar de mí.
Relájate. Y les diré que te suelten.- afirmó con voz serena la figura.
El hombre se dejó llevar. Los cuatro que lo sujetaban volvieron a la mesa, donde en una quinta silla estaba la anciana que lo había atendido momentos antes.
Estaba atrapado y no había nada más que hacer. Tendría que enfrentar a aquel ser tal y como le había dicho su acompañante que, ahora brillaba por su ausencia.
¿Qué quieres de mí?, pregunto el hombre.
¿Yo? Nada. Respondió la figura y añadió
La pregunta es ¿qué tu vas a hacer conmigo?, Estoy aquí para que me digas. Y hasta que no me digas no podrás continuar con tu viaje.
El hombre miró hacia la mesa. Los cuatro grandulones lo miraban en silencio. La anciana jugaba naipes en solitario. Era extraño. Aquellos hombres tenían rostros familiares. Era como si los conociera de siempre.
Luego miró detenidamente a la anciana. Veía en su rostro las líneas de la experiencia y sabiduría. Pero en sus ojos había una energía que sólo se ve en los jóvenes.
¿Quién eres? Preguntó el hombre a la figura que no dejaba ver su rostro ocultándolo con un velo del cuál sólo se veían unos ojos azules.
¿Quiénes son ellos?, ¿Porqué me tienen aquí? ¿Dónde está mi acompañante?
Muchas preguntas. Y no has respondido que vas a hacer. Respondió la figura.
El hombre se veía confundido.
Está bien. Te responderé…alguna de las preguntas. Dijo la figura pero debes recorrer unos caminos que hace tiempo no visitas.
¿Qué caminos?- preguntó el hombre
Recuerdas cuando venías por la carretera, al joven de mirada de reproche. Dijo la figura.
Si. Lo recuerdo.- contestó el hombre.
Ese es un camino que no has terminado de recorrer. Debes volver y caminarlo. Dijo la figura calmadamente.
Tendrás que recorrer otros caminos conocidos que serán particularmente difíciles y porque tu asumiste y elegiste caminarlos y tampoco los terminaste. Pero no te preocupes.
No irás sólo. Ellos que son fuertes te ayudarán a caminarlos.
El hombre estaba callado. Entendía de pronto las palabras de aquella figura.

7 Comments:
Hay visitantes y los hay porque habitan buenas palabras por estos lados.
Me gusta lo estoy tratando de leer todo junto.Y tiene una forma buenisima.Me gusta.
TE mando un beso
una pregunta..como hago para crear links
ah gracias de nuevo
tenes que ir al template y desde ahi.No se como explicarlo emjor.Se que debes saber que desde ahi se puede.Despues vuelvo se que no fui de ayuda.
Saludos!
Bien, esperaremos con ganas los siguientes capítulos.
hey anda donde al template en la parte que dice links y aparece google bueno borra google y pone el nombre del blog que quieras.Sin cambiar nada mas solo google por el nombre del blog
despues anda a guardar cambios
gracias.
Mi otro Yo creo que tendré que recibir unas clasesitas
jajaja.
Mi. La espera no será larga.
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