El Encuentro Capítulo IV
El Encuentro Capítulo IV
El hombre se levantó del sillón. Los otros cuatro se le unieron en la acción mientras la anciana miraba al misterioso visitante y lo convidaba a la mesa.
Ven. Le dijo
Acompáñame un rato mientras mis cuatro siervos le hacen de guarda espaldas a nuestro amigo. Dijo refiriéndose al hombre que ahora se movía lentamente hacia la salida.
Los cuatro Grandotes le seguían de cerca. Pero nunca al lado. El hombre no sabía siquiera sus nombres. Partieron rumbo al camino principal.
Mientras caminaba intentaba poner su mente en orden observó al joven de mirada de reproche. Estaba observándolo de forma seria pero a su vez el hombre sentía que había un dejo de nostalgia en aquella mirada.
Se acercó al muchacho. Tendría unos quince años.
Hola- dijo el hombre.
Ceo que hay algo entre nosotros y tengo un extraño presentimiento de que algo me tienes que decir.
Hola- dijo el joven
Se que hay algo entre nosotros y tengo un sentimiento de que algo me vas a decir.
En eso se acercó el primer hombre de los cuatro grandotes.
Hola- estoy aquí para asegurarme de que los caminos no recorridos se recorran. Y acto seguido añadió.
Cada uno de ustedes debe hablar desde el fondo de su corazón dejando atrás los temores a lo que pueda surgir. Una conexión ya está hecha y sólo ella la puede deshacer.
¿Ella?, preguntó el hombre mirando a todas partes sin ver nada.
¿A quién te refieres? Volvió a preguntar.
El Grandote se acercó a ambos y les habló. Primero al joven y luego al hombre.
Al joven le dijo.
Puedes pasar la vida entera lamentándote y auto compadeciéndote. Haciendo creer a la gente que eres una víctima de las circunstancia. Llamando la atención para que te tengan pena. O puedes aceptar que eres un ser luminoso y aceptar el amor que crees negado. Sólo tienes que aceptar lo que venga de…este hombre.
Este hombre. Dijo mirando entonces al hombre y dirigiéndole la palabra.
Tú dejaste este camino hace un tiempo atrás. Lo hiciste sin querer, no supiste que hacer y hoy las circunstancias te devoran y tu alma llora por no saber que hacer.
Por eso estoy aquí. Para ayudarte. Sólo pueden hacer una cosa. La que les dicte el corazón.
El hombre miró al joven a los ojos. Le extendió la mano y le dijo.
Perdóname.
El joven bajó la cabeza. Su semblante hostil cambió. Un tímido suspiro dio paso a otra respuesta.
Perdóname. Y le extendió la mano.
El Grandote sonrió.
Bueno yo sigo mi camino de regreso a casa.
Tú debes seguir el camino con mis otros tres hermanos. Le dijo al hombre que todavía sujetaba la mano del joven.
El hombre se despidió con una sonrisa. El muchacho también le devolvió la sonrisa. Ya no se veía la mirada de reproche.
Ahora deberás ir por los otros caminos que te faltan recorrer. Dijo el Grandote. Mientras emprendía la marcha hacia la casita.
¡Hey! ¿Cómo te llamas? Gritó el hombre.
Cuando hayas regresado de tu misión en la casa te responderé.
El hombre emprendió el viaje de regreso por el único camino que conocía. El camino hacia la ciudad. Allí entre tanta gente no tenía idea de hacia donde iba a ir.
Los otros tres Grandes le seguían desde no muy lejos.
El hombre se levantó del sillón. Los otros cuatro se le unieron en la acción mientras la anciana miraba al misterioso visitante y lo convidaba a la mesa.
Ven. Le dijo
Acompáñame un rato mientras mis cuatro siervos le hacen de guarda espaldas a nuestro amigo. Dijo refiriéndose al hombre que ahora se movía lentamente hacia la salida.
Los cuatro Grandotes le seguían de cerca. Pero nunca al lado. El hombre no sabía siquiera sus nombres. Partieron rumbo al camino principal.
Mientras caminaba intentaba poner su mente en orden observó al joven de mirada de reproche. Estaba observándolo de forma seria pero a su vez el hombre sentía que había un dejo de nostalgia en aquella mirada.
Se acercó al muchacho. Tendría unos quince años.
Hola- dijo el hombre.
Ceo que hay algo entre nosotros y tengo un extraño presentimiento de que algo me tienes que decir.
Hola- dijo el joven
Se que hay algo entre nosotros y tengo un sentimiento de que algo me vas a decir.
En eso se acercó el primer hombre de los cuatro grandotes.
Hola- estoy aquí para asegurarme de que los caminos no recorridos se recorran. Y acto seguido añadió.
Cada uno de ustedes debe hablar desde el fondo de su corazón dejando atrás los temores a lo que pueda surgir. Una conexión ya está hecha y sólo ella la puede deshacer.
¿Ella?, preguntó el hombre mirando a todas partes sin ver nada.
¿A quién te refieres? Volvió a preguntar.
El Grandote se acercó a ambos y les habló. Primero al joven y luego al hombre.
Al joven le dijo.
Puedes pasar la vida entera lamentándote y auto compadeciéndote. Haciendo creer a la gente que eres una víctima de las circunstancia. Llamando la atención para que te tengan pena. O puedes aceptar que eres un ser luminoso y aceptar el amor que crees negado. Sólo tienes que aceptar lo que venga de…este hombre.
Este hombre. Dijo mirando entonces al hombre y dirigiéndole la palabra.
Tú dejaste este camino hace un tiempo atrás. Lo hiciste sin querer, no supiste que hacer y hoy las circunstancias te devoran y tu alma llora por no saber que hacer.
Por eso estoy aquí. Para ayudarte. Sólo pueden hacer una cosa. La que les dicte el corazón.
El hombre miró al joven a los ojos. Le extendió la mano y le dijo.
Perdóname.
El joven bajó la cabeza. Su semblante hostil cambió. Un tímido suspiro dio paso a otra respuesta.
Perdóname. Y le extendió la mano.
El Grandote sonrió.
Bueno yo sigo mi camino de regreso a casa.
Tú debes seguir el camino con mis otros tres hermanos. Le dijo al hombre que todavía sujetaba la mano del joven.
El hombre se despidió con una sonrisa. El muchacho también le devolvió la sonrisa. Ya no se veía la mirada de reproche.
Ahora deberás ir por los otros caminos que te faltan recorrer. Dijo el Grandote. Mientras emprendía la marcha hacia la casita.
¡Hey! ¿Cómo te llamas? Gritó el hombre.
Cuando hayas regresado de tu misión en la casa te responderé.
El hombre emprendió el viaje de regreso por el único camino que conocía. El camino hacia la ciudad. Allí entre tanta gente no tenía idea de hacia donde iba a ir.
Los otros tres Grandes le seguían desde no muy lejos.

2 Comments:
Hola!!!
parece que siempre la mejor opciones hacer lo que dicte nuestro corazon aunque nos neguemos hacerlo.
Te mando un beso
Seguimos caminando con ellos.
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