TEMPESTAD EN UN MAR DE AMAR...
TEMPESTAD EN UN MAR DE AMAR…
Mar embravecido, fuerte borrasca
Velamen destruido.
Nao a merced del viento, del norte, del sur, de barlovento, de sotavento.
Horizonte aplomado, olas de gris perlado retumbando cual tambor de guerra.
No hay a la vista tierra. Y mucho menos el sol esperado.
Remolinos zarandean, fuerte y sin merced la barca naufragante. Tesoro que a las profundas fosas abisales se llevan. Un tesoro del alma. Uno que nunca se fue a las armas por luchar por ser liberado.
Un gemir ahogado la ola atrapa en su último momento. El Noa se hunde, el metal y el agua se funden y una nube de rocío mortal se levanta al cielo.
Retumban las entrañas del macizo colosal mientras se desintegra toda la compostura del navío.
En un momento era barca…ahora es parte del mar.
Pasan otras velas, otras naves y pasarán miles más.
Jamás podrán saber que por donde navegan hoy yace en el lecho del abismo abisal el más colosal navío que haya surcado ese océano de amor…y que en el momento de la tempestad la enfrentó hasta el mismísimo segundo final.
Restos quedan flotando. Ya pasada la tempestad.
Gaviotas vuelan en redondo sobre el cuerpo del capitán, que flota con gracia mientras por las corrientes se deja llevar.
Donde vuelan gaviotas también se han de posar.
Al amanecer las siluetas del horizonte ya no son planas. Ahora son lejanas playas a las que ha de llegar.
Nadie se escapa de una tempestad tan terrible para claudicar…
Allí…luego de que sanen sus heridas. Luego de que acepte su colosal pérdida comenzará otra vez a navegar. Porque ese es su destino…
NAVEGAR
Mar embravecido, fuerte borrasca
Velamen destruido.
Nao a merced del viento, del norte, del sur, de barlovento, de sotavento.
Horizonte aplomado, olas de gris perlado retumbando cual tambor de guerra.
No hay a la vista tierra. Y mucho menos el sol esperado.
Remolinos zarandean, fuerte y sin merced la barca naufragante. Tesoro que a las profundas fosas abisales se llevan. Un tesoro del alma. Uno que nunca se fue a las armas por luchar por ser liberado.
Un gemir ahogado la ola atrapa en su último momento. El Noa se hunde, el metal y el agua se funden y una nube de rocío mortal se levanta al cielo.
Retumban las entrañas del macizo colosal mientras se desintegra toda la compostura del navío.
En un momento era barca…ahora es parte del mar.
Pasan otras velas, otras naves y pasarán miles más.
Jamás podrán saber que por donde navegan hoy yace en el lecho del abismo abisal el más colosal navío que haya surcado ese océano de amor…y que en el momento de la tempestad la enfrentó hasta el mismísimo segundo final.
Restos quedan flotando. Ya pasada la tempestad.
Gaviotas vuelan en redondo sobre el cuerpo del capitán, que flota con gracia mientras por las corrientes se deja llevar.
Donde vuelan gaviotas también se han de posar.
Al amanecer las siluetas del horizonte ya no son planas. Ahora son lejanas playas a las que ha de llegar.
Nadie se escapa de una tempestad tan terrible para claudicar…
Allí…luego de que sanen sus heridas. Luego de que acepte su colosal pérdida comenzará otra vez a navegar. Porque ese es su destino…
NAVEGAR

1 Comments:
Un escrito lleno de sentimiento.
Navegar...,y tantas veces contra corriente.
Es nuestro sino.
Navegantes a la mar.
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