El masaje
El Masaje
Cierro mis ojos. Estoy desnudo.
Esas manos recorren la espalda. Dedos que se adentran en ardientes nudos rompiéndolos en gemidos y suspiros. Al cuello llegan y dejando mis ojos cerrados siento alelado ese placer que generan. Bajan a los hombros esas manos hábiles en fuerza y presión, en cosquilleos y ternura. Allí se entierran en el trapecio, retuercen el cuerpo tocando el botón que mueve las pasiones.
Encuentran la dorsal y a cada lado los nudillos hacen mundillos de dolor y placer. Energía que absorben y a la vez liberan. Cada trazo erupta en un gemido callado en un tremor escapado al tiempo que mis ojos se vuelven al cielo.
Siguen esas manos y llegan al rincón donde la sensación es más abrupta, menos tolerable. Se portan amables y completan su misión. La baja de la espalda tiembla, cosquilleos y escalofríos recorren desde la base hasta el mismo nacimiento de mi río.
Buscan los soportes del cuerpo y una a una van, abrazando cada dedo cada centímetro de los pies. Tengo mis ojos cerrados mientras el abrazo sobre las plantas y sus diez jardineros disfrutan del calor y liberan la tensión de su arduo trabajo.
Volteado el cuerpo suben las manos hasta las rodillas, hacen cosquillas. Me río. Estoy entre el delirio y el éxtasis. Martirio que se acerca al llegar a los lindes de la pierna interna. Suben a las caderas y descaradamente visitan el centro para dejar saber que andan por allí.
Tengo mis ojos cerrados estoy desnudo y descontrolado. Esas manos se mantienen firmes, profesionales, ni un movimiento desviado hacia los más sensibles lugares.
Suben nuevamente las siento recorrer el frente hasta llegar al pecho. Late el corazón siento que llega al techo. Esas manos me hunden en un placer inmenso.
Vuelven las manos hasta donde está la energía. Se adentran y vuelven a recorrer el lugar visitado pero no conquistado. Ya ardo por dentro estoy por estallar. Esas manos me tienen desesperado cuando encuentran su lugar.
Mientras, recorren sin prisa cada detalle esperando que estalle en un mar de placer. Me siento renacer, cual ave fénix de las cenizas. Esas manos que hacen de la nada trizas responden con ternura dura.
Ya no puedo más. Tengo que clamar a esas manos que se apropien de lo que ahora ya tienen a su merced. Tengo los ojos cerrados y estoy desnudo, ahora los labios serán los caminantes de este cuerpo ya explorado, besaran desde el ápice del cabello y hurgarán la verdad. Tengo mis ojos cerrados y estoy desnudo mientras en tus aguas zambullo el más profundo masaje. Gimes y te contorsionas, me besas, mis manos, esas manos, te dieron el mensaje…
Cierro mis ojos. Estoy desnudo.
Esas manos recorren la espalda. Dedos que se adentran en ardientes nudos rompiéndolos en gemidos y suspiros. Al cuello llegan y dejando mis ojos cerrados siento alelado ese placer que generan. Bajan a los hombros esas manos hábiles en fuerza y presión, en cosquilleos y ternura. Allí se entierran en el trapecio, retuercen el cuerpo tocando el botón que mueve las pasiones.
Encuentran la dorsal y a cada lado los nudillos hacen mundillos de dolor y placer. Energía que absorben y a la vez liberan. Cada trazo erupta en un gemido callado en un tremor escapado al tiempo que mis ojos se vuelven al cielo.
Siguen esas manos y llegan al rincón donde la sensación es más abrupta, menos tolerable. Se portan amables y completan su misión. La baja de la espalda tiembla, cosquilleos y escalofríos recorren desde la base hasta el mismo nacimiento de mi río.
Buscan los soportes del cuerpo y una a una van, abrazando cada dedo cada centímetro de los pies. Tengo mis ojos cerrados mientras el abrazo sobre las plantas y sus diez jardineros disfrutan del calor y liberan la tensión de su arduo trabajo.
Volteado el cuerpo suben las manos hasta las rodillas, hacen cosquillas. Me río. Estoy entre el delirio y el éxtasis. Martirio que se acerca al llegar a los lindes de la pierna interna. Suben a las caderas y descaradamente visitan el centro para dejar saber que andan por allí.
Tengo mis ojos cerrados estoy desnudo y descontrolado. Esas manos se mantienen firmes, profesionales, ni un movimiento desviado hacia los más sensibles lugares.
Suben nuevamente las siento recorrer el frente hasta llegar al pecho. Late el corazón siento que llega al techo. Esas manos me hunden en un placer inmenso.
Vuelven las manos hasta donde está la energía. Se adentran y vuelven a recorrer el lugar visitado pero no conquistado. Ya ardo por dentro estoy por estallar. Esas manos me tienen desesperado cuando encuentran su lugar.
Mientras, recorren sin prisa cada detalle esperando que estalle en un mar de placer. Me siento renacer, cual ave fénix de las cenizas. Esas manos que hacen de la nada trizas responden con ternura dura.
Ya no puedo más. Tengo que clamar a esas manos que se apropien de lo que ahora ya tienen a su merced. Tengo los ojos cerrados y estoy desnudo, ahora los labios serán los caminantes de este cuerpo ya explorado, besaran desde el ápice del cabello y hurgarán la verdad. Tengo mis ojos cerrados y estoy desnudo mientras en tus aguas zambullo el más profundo masaje. Gimes y te contorsionas, me besas, mis manos, esas manos, te dieron el mensaje…

3 Comments:
Guau! que hermosa descripcion.
besos
Las experiencias que se viven con el alma destellan belleza propia y espontánea aún cuando lleven en algunos casos la carga de las soledades y las tristezas.
Sólo así las descripciones tienen la fuerza de llegar a traves de las miradas, al mismo centro del corazón.
Me complace que ésta haya cumplido su cometido para quienes la leen aún cuando no responden.
Tremenda sensualidad en esas manos.
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