martes, septiembre 11, 2007

En la soledad

La soledad es buena para visitar ,
más no es buena para vivir con ella.


Extraño tus besos, tiernos, llenos de alegría.
Juego a la armonía y pierdo.
Ya las miradas serán de lejos, un recuerdo de la intensidad del llanto.
Un beso lejano de los labios,
en la mejilla, una sana despedida con un dolor despiadado.

Tu mirada en la mía, vacía sin esperanza, resignada a seguir sin mi y yo muriendo por dentro de saberte alejándote ¿para siempre?.
No lo sabemos. Sí sé que el amor está presente en los gestos y las miradas.
Nos buscamos y nos despedimos despedazando sentimientos para ocultarlos en muchos lugares fáciles de disimular.
Nada que estimular sólo las trivialidades de la vida.
A Dios lo que le pida,
poco habrá de ser que no sea por querer
y si por carecer.
Que débil soy,
antes no tenía miedos
hoy no sé quién soy.

El fin no es el final sino el propósito,
el objetivo pero no la meta.
Un camino mil veces andado y mil veces virgen para quién lo recorre.
Un día nuevo un amanecer nuevo, un día desconocido y planificado.

Miro lo que tengo,
lo que he destruido y aún cuando lo arregle jamás queda igual,
queda marcado para siempre, pero sigue siendo mío.
Egoísmo céntrico, yoísmo maduro en plena pubertad.
Huyo de la libertad para condenarme en solitario,
puedo hacer lo que me venga en gana, pero, a quién agrado.

Hasta quedo desterrado de mis tierras palaciegas
por mi terquedad ciega y de mi querer despilfarro.
Agotado el recurso, navego sin curso buscando fijar un derrotero.
Necesito desesperado el cerrajero que me abra la puerta de ese corazón que hoy no abre.
Desde adentro voces piden salir a la vida, voces no,
una sola voz
que retumba en su propio eco creado por las paredes del silencio y las mentiras que son verdades.
Es la voz de mi corazón.