sábado, diciembre 24, 2005

EL RECUERDO

Serían como las 2 de la madrugada cuando desperté sobresaltado. Mi vuelo partía a las 8 pero yo no conciliaba el sueño. A mi lado un espacio vacío. Ocupado solamente por el recuerdo y el aroma de aquella experiencia.

Me dirigí al baño y me lavé la cara. Me miré al espejo. !Que ojeras!, había pasado la noche entera acompañado de una botella de buen vino y aquel recuerdo.

Me senté en el sillón que daba a la ventana del cuarto de aquel hotel. Afuera estaba nevando. ¿Qué demonios hacía yo allí? Entonces volvía a mirar la cama vacía y comprendía mi situación.

Regreso a la realidad, que me dejó huir y sencillamente me soltó línea. Y luego como a pez que muerde el sedal me enterró el doloroso anzuelo y recogió la línea para llevarme hasta su garfio despiadado y enterrarlo en mis agallas…

Las mismas agallas que tuve para pensar que podía nadar libre, y que ahora solo sirven para apoyar mi sentencia.

El momento se hizo más latente al atraparme el alba con los ojos puestos en la ventana. Sonó el teléfono…


-hello- Yes is him, ok thank’s tell him I am on my way down- le dije a la recepcionista que me informó que mi taxi esperaba afuera.

Al salir el frío golpeó mi rostro como navaja. Al menos eso no lo extrañaré. Durante el trayecto no digo nada, ando en cavilares y en ese recuerdo.


Ya en el aeropuerto abordo mi vuelo de regreso a casa. Miro atrás como esperando ver aquella imagen sonriendo. Imposible. No hay nada.

Ya en el aire. Miro por la ventana (siempre pido ventanilla) y veo como me alejo de aquella tierra inhóspita y fría. Mi trabajo me obligó a ir, pero ya iba de vuelta. Como siempre sólo.

Me dormí durante el trayecto. Desperté al sentir los primeros bajones del avión que hacen que las tripas te recuerden que no están hechas para mover sus interioridades hacia arriba.

Al tocar tierra, un suspiro de alivio se opaca con la costumbre de aplaudir de los oriundos de mi país. Para ellos es un arte o un milagro aterrizar sanos y salvo y creo que aplauden de nervios.


Yo ya no tengo nervios. Camino autómata por el pasillo que me lleva hacia la salida. Todos se confunden en abrazos con sus seres queridos. Yo sigo mi caminar sin mirar a nadie. Me dirijo hacia un cesto de basura cercano, llevo en la mano los papeles de los pasajes. Los tiro al cesto. Uno un recibo, el otro un pasaje no usado…el de aquel recuerdo.

Al fin alcancé la acera exterior y el sol tropical me azotó. Caminé al estacionamiento hasta mi auto. Calladamente coloqué la maleta en la parte posterior y me preparé para encender el auto.

Fue entonces cuando lo ví. Justo pillado con el limpiaparabrisas había un papel, mas bien un sobre.

Lo tomé y lo abrí. Comencé a leer…


Hola,

Perdóname que no haya aparecido. Es mejor así. Cuando leas esto ya estaré muy lejos…no me busques por favor. Te quiero siempre…

Firma…



Me quedé pensativo unos minutos…no sentía el más mínimo sentido de coraje o decepción.
Siempre supe que eso iba a suceder y que mi destino estaba amarrado a una realidad aunque el corazón hubiese sentido que podía navegar libremente en aquel mar.

Me sonreí al tiempo que iniciaba la marcha de regreso a casa. Ahora yo también sería un recuerdo…uno muy feliz para otro recuerdo.