El Libro de los Suenos VII
El Libro de los Sueños CAP VII
El amanecer llegó en forma de niebla y frío. Las nubes tapaban el cielo. Los árboles susurraban a la dirección del viento.
En la casona ya los empleados, Raquelín y don Bienvenido preparaban el desayuno de los jóvenes que aún dormían.
El aroma a café fresco, recién molido, estimuló las narices de los durmientes. Uno por uno, fueron asomando las caras hacia el vestíbulo. Ya sería poco más de las 7 de la mañana cuando todos sin excepción se encontraban reunidos en el centro de aquel salón. Simón los guió a través de una puerta y entraron a un enorme salón comedor con una mesa como la de tiempos medievales, enorme y redonda. En ellas un festín para empezar el día. Huevos revueltos, tostadas francesas, Panes, quesos y frutas. Todo un manjar.
Raquelín los convidó a sentarse y luego de decir una oración de gracias. Les dejó desayunar, mientras les explicaba las reglas del día…
Ya saben lo que tienen que hacer…dijo.
Una vez lleguen al podio de piedra…abren el libro y escriben su sueño. Una vez lo hagan lo cierran y dejan a otro que haga lo propio.
¿Cómo vamos a encontrar dicho libro? Preguntó Lorenzo.
Sigan su instinto…lo encontrarán. La finca es grande pero se darán cuenta. Dijo Raquelín.
Una vez terminen el desayuno se reúnen en el patio trasero y de ahí parten por la vereda marcada.
Los jóvenes hicieron lo que la profesora les dijo…todos excepto Rebeca…
No me siento bien…como para caminar por el bosque. Se quejó.
La barriga me pesa. Dijo la joven.
Yo te ayudo. Dijo Ramón.
Y yo también añadió Sigfredo su hermano.
Todos te ayudamos…respondieron a coro.
Allí está el burro. Dijo uno de ellos señalando al pequeño borrico del día anterior.
Bueno, gracias…dijo Rebeca. Tal vez sí pueda ir después de todo.
Aliana estaba dudosa…pero ya después de todo lo que había pasado el día anterior como que no le importaba un bledo…se estaba resignando. Tendría que terminar el fin de semana así que qué podía perder.
Gloria y Pilar ya estaban listas al igual que Frankie, Néstor y Javier.
Nada más que hablar…comiencen a pensar en su sueño…añadió Raquelín al tiempo que despedía a los jóvenes que se internaban en el bosque con Rebeca al frente montando el burro.
Según avanzaban por la vereda escuchaban el ruido del arroyo cercano. Los árboles no permitía que la luz solar entrara de lleno lo que hacía del paisaje uno de verde penumbra. Aún así era hermoso. Mariposas se confundían con las flores. Y arriba en las copas de los árboles se distinguían las aves del lugar con sus trinos y cantos.
Mas adelante el camino se angostaba. Los jóvenes fueron sorteando cada recodo de aquella vereda serpenteante hasta llegar a un claro…y justo allí encima de una roca en forma de obelisco…estaba el objeto de su búsqueda. Todos se miraron extrañados y dudosos. Era una sensación extraña…un libro…en medio del bosque…y que libro.
Según se fueron acercando notaron que alrededor del pináculo habían flores…pero no había plantas de flores… ¿de dónde han salido?, se preguntó Frankie que ya no estaba para chistes.
Un gran libro…enorme…ancho…más ancho que una guía telefónica y tan grande como una tapa de un cajón de esos que se usan para guardar archivos, estaba justo encima del tope del pináculo de piedra.
Su cubierta en cuero cosido con bordes dorados y plateados. Las páginas gruesas de papel de pergamino. Nítidamente labrado en su cubierta…con formas de soles y estrellas…de cielo y mares…de fuego y tierra.
Los jóvenes rodearon el pináculo…
Y bien…ya saben lo que dijo la profe…cada uno escriba su sueño. Dijo Rebeca…al tiempo que se bajaba de su monta…
¿Quién va primero?...preguntó la chica.
Nadie hablaba. Nadie se atrevía a tocar el libro. Todos tenían el mismo temor…parecía como si supieran que estaba encantado…que había magia en aquel lugar…
Néstor dio un paso al frente y se acercó al pináculo. Los demás dieron unos pasos atrás.
El joven miró a todos y dijo…
Bueno yo voy a escribir primero… ¿me dejan solo?,
Todos se apartaron lo suficiente para que Néstor se sintiese cómodo. El joven se acercó al libro lo tocó brevemente y lo abrió. En el centro del mismo había un bolígrafo…en plata, hermosamente labrado…el lo miró con ganas de llevárselo…debía de ser muy valioso.
Se detuvo un momento…NO… pensó…no estaría bien…
Tomó el bolígrafo y comenzó a escribir en aquel mamotreto de libro…era grande de verdad.
Según escribía notaba que las palabras eran absorbidas por la página…! Se las tragaba!
Néstor continuó escribiendo…su sueño…tardó unos minutos y luego mirando al grupo dijo…
Ya terminé y no van a creerlo…
Todos se acercaron…
Pero si no has escrito nada. Dijo Pilar mirando la página en blanco.
Eso mismo es lo que no van a creer…respondió el joven al tiempo que le extendía el bolígrafo a su amiga.
Toma. Escribe tú.
Pilar se acercó al libro. Pasó las páginas…ninguna estaba escrita.
Tantas páginas sin nada en ellas. Pensó. Esto sí que es raro.
Agarró el bolígrafo y comenzó a escribir y para su asombro pasó exactamente lo mismo que a Néstor.
¡Waooo! Exclamó la joven al ver lo que sucedía. Sus palabras desaparecían a los segundos de escribirlas.
Y así uno por uno fueron experimentando aquel momento mágico…hasta que le llegó el turno a Javier…
El muchacho se acercó al libro. No podía creer que nueve personas anteriores escribiesen algo y allí no había nada…
Sabía de seguro que algo especial tenía aquel libro…lo miró y tomó el bolígrafo…puso la punta sobre el papel y comenzó a escribir en silencio…todos los demás estaban sentados, pensativos y callados. Sólo se escuchaban las aves cantar y la brisa acariciando las copas de los árboles.
Javier…escribía…y escribía…las palabras aparecían del bolígrafo y luego eran absorbidas por la página…entonces sucedió algo.
La tinta comenzó a aparecer como una leve niebla oscura en forma de palabras…
Y unas palabras que había escrito justo en ese momento aparecieron pero no era su letra…era la letra de otra persona…
Javier se apartó del libro…su rostro reflejaba confusión y algo de temor…
¿Qué está pasando? Se preguntó…miro al grupo pero no dijo nada…
Intentó escribir pero ya el bolígrafo no escribía nada…
Miró nuevamente las palabras…y entonces recordó lo que había dicho la profesora…
“nadie podrá ver lo que escribieron a menos que suceda lo que hasta ahora nunca ha sucedido”
Javier no podía ver lo que escribieron los demás pero ahí estaba él, expuesto en su sueño, pero aquella no era su letra…
Se quedó pensativo… ¿se lo debía decir a los demás o quedarse callado?
¡Eh! Javier..le llamó Frankie… ¿piensas hacer un testamento?...
Javier se espabiló y se volteó hacia sus compañeros.
-No, no, ya terminé, ya nos podemos marchar…todos comenzaron a incorporarse cuando una niebla acompañada de un frío rocío los arropó. No se veía nada más allá de cinco metros de distancia…
Los jóvenes se pusieron en marcha de regreso a la casona. Rebeca en el burrito…los demás a corta distancia.
Javier iba al final de la fila…se volteó a mirar el podio donde estaba aquel enorme libro y… ¡ya no estaba!
¡Oigan! Exclamó llamando al grupo. Miren…dijo señalando al lugar donde estaba el libro…
Todos miraron…y se dieron cuenta de la realidad…
¡Vámonos! Gimió Aliana. Ya este lugar me tiene super nerviosa…
Todos estuvieron de acuerdo…y apuraron el paso.
Ya era casi media tarde cuando llegaron a la casona.
Allí los esperaba Raquelín, Bienvenido, Simón y Samuel además había alguien más…una persona que nunca antes habían visto…
El amanecer llegó en forma de niebla y frío. Las nubes tapaban el cielo. Los árboles susurraban a la dirección del viento.
En la casona ya los empleados, Raquelín y don Bienvenido preparaban el desayuno de los jóvenes que aún dormían.
El aroma a café fresco, recién molido, estimuló las narices de los durmientes. Uno por uno, fueron asomando las caras hacia el vestíbulo. Ya sería poco más de las 7 de la mañana cuando todos sin excepción se encontraban reunidos en el centro de aquel salón. Simón los guió a través de una puerta y entraron a un enorme salón comedor con una mesa como la de tiempos medievales, enorme y redonda. En ellas un festín para empezar el día. Huevos revueltos, tostadas francesas, Panes, quesos y frutas. Todo un manjar.
Raquelín los convidó a sentarse y luego de decir una oración de gracias. Les dejó desayunar, mientras les explicaba las reglas del día…
Ya saben lo que tienen que hacer…dijo.
Una vez lleguen al podio de piedra…abren el libro y escriben su sueño. Una vez lo hagan lo cierran y dejan a otro que haga lo propio.
¿Cómo vamos a encontrar dicho libro? Preguntó Lorenzo.
Sigan su instinto…lo encontrarán. La finca es grande pero se darán cuenta. Dijo Raquelín.
Una vez terminen el desayuno se reúnen en el patio trasero y de ahí parten por la vereda marcada.
Los jóvenes hicieron lo que la profesora les dijo…todos excepto Rebeca…
No me siento bien…como para caminar por el bosque. Se quejó.
La barriga me pesa. Dijo la joven.
Yo te ayudo. Dijo Ramón.
Y yo también añadió Sigfredo su hermano.
Todos te ayudamos…respondieron a coro.
Allí está el burro. Dijo uno de ellos señalando al pequeño borrico del día anterior.
Bueno, gracias…dijo Rebeca. Tal vez sí pueda ir después de todo.
Aliana estaba dudosa…pero ya después de todo lo que había pasado el día anterior como que no le importaba un bledo…se estaba resignando. Tendría que terminar el fin de semana así que qué podía perder.
Gloria y Pilar ya estaban listas al igual que Frankie, Néstor y Javier.
Nada más que hablar…comiencen a pensar en su sueño…añadió Raquelín al tiempo que despedía a los jóvenes que se internaban en el bosque con Rebeca al frente montando el burro.
Según avanzaban por la vereda escuchaban el ruido del arroyo cercano. Los árboles no permitía que la luz solar entrara de lleno lo que hacía del paisaje uno de verde penumbra. Aún así era hermoso. Mariposas se confundían con las flores. Y arriba en las copas de los árboles se distinguían las aves del lugar con sus trinos y cantos.
Mas adelante el camino se angostaba. Los jóvenes fueron sorteando cada recodo de aquella vereda serpenteante hasta llegar a un claro…y justo allí encima de una roca en forma de obelisco…estaba el objeto de su búsqueda. Todos se miraron extrañados y dudosos. Era una sensación extraña…un libro…en medio del bosque…y que libro.
Según se fueron acercando notaron que alrededor del pináculo habían flores…pero no había plantas de flores… ¿de dónde han salido?, se preguntó Frankie que ya no estaba para chistes.
Un gran libro…enorme…ancho…más ancho que una guía telefónica y tan grande como una tapa de un cajón de esos que se usan para guardar archivos, estaba justo encima del tope del pináculo de piedra.
Su cubierta en cuero cosido con bordes dorados y plateados. Las páginas gruesas de papel de pergamino. Nítidamente labrado en su cubierta…con formas de soles y estrellas…de cielo y mares…de fuego y tierra.
Los jóvenes rodearon el pináculo…
Y bien…ya saben lo que dijo la profe…cada uno escriba su sueño. Dijo Rebeca…al tiempo que se bajaba de su monta…
¿Quién va primero?...preguntó la chica.
Nadie hablaba. Nadie se atrevía a tocar el libro. Todos tenían el mismo temor…parecía como si supieran que estaba encantado…que había magia en aquel lugar…
Néstor dio un paso al frente y se acercó al pináculo. Los demás dieron unos pasos atrás.
El joven miró a todos y dijo…
Bueno yo voy a escribir primero… ¿me dejan solo?,
Todos se apartaron lo suficiente para que Néstor se sintiese cómodo. El joven se acercó al libro lo tocó brevemente y lo abrió. En el centro del mismo había un bolígrafo…en plata, hermosamente labrado…el lo miró con ganas de llevárselo…debía de ser muy valioso.
Se detuvo un momento…NO… pensó…no estaría bien…
Tomó el bolígrafo y comenzó a escribir en aquel mamotreto de libro…era grande de verdad.
Según escribía notaba que las palabras eran absorbidas por la página…! Se las tragaba!
Néstor continuó escribiendo…su sueño…tardó unos minutos y luego mirando al grupo dijo…
Ya terminé y no van a creerlo…
Todos se acercaron…
Pero si no has escrito nada. Dijo Pilar mirando la página en blanco.
Eso mismo es lo que no van a creer…respondió el joven al tiempo que le extendía el bolígrafo a su amiga.
Toma. Escribe tú.
Pilar se acercó al libro. Pasó las páginas…ninguna estaba escrita.
Tantas páginas sin nada en ellas. Pensó. Esto sí que es raro.
Agarró el bolígrafo y comenzó a escribir y para su asombro pasó exactamente lo mismo que a Néstor.
¡Waooo! Exclamó la joven al ver lo que sucedía. Sus palabras desaparecían a los segundos de escribirlas.
Y así uno por uno fueron experimentando aquel momento mágico…hasta que le llegó el turno a Javier…
El muchacho se acercó al libro. No podía creer que nueve personas anteriores escribiesen algo y allí no había nada…
Sabía de seguro que algo especial tenía aquel libro…lo miró y tomó el bolígrafo…puso la punta sobre el papel y comenzó a escribir en silencio…todos los demás estaban sentados, pensativos y callados. Sólo se escuchaban las aves cantar y la brisa acariciando las copas de los árboles.
Javier…escribía…y escribía…las palabras aparecían del bolígrafo y luego eran absorbidas por la página…entonces sucedió algo.
La tinta comenzó a aparecer como una leve niebla oscura en forma de palabras…
Y unas palabras que había escrito justo en ese momento aparecieron pero no era su letra…era la letra de otra persona…
Javier se apartó del libro…su rostro reflejaba confusión y algo de temor…
¿Qué está pasando? Se preguntó…miro al grupo pero no dijo nada…
Intentó escribir pero ya el bolígrafo no escribía nada…
Miró nuevamente las palabras…y entonces recordó lo que había dicho la profesora…
“nadie podrá ver lo que escribieron a menos que suceda lo que hasta ahora nunca ha sucedido”
Javier no podía ver lo que escribieron los demás pero ahí estaba él, expuesto en su sueño, pero aquella no era su letra…
Se quedó pensativo… ¿se lo debía decir a los demás o quedarse callado?
¡Eh! Javier..le llamó Frankie… ¿piensas hacer un testamento?...
Javier se espabiló y se volteó hacia sus compañeros.
-No, no, ya terminé, ya nos podemos marchar…todos comenzaron a incorporarse cuando una niebla acompañada de un frío rocío los arropó. No se veía nada más allá de cinco metros de distancia…
Los jóvenes se pusieron en marcha de regreso a la casona. Rebeca en el burrito…los demás a corta distancia.
Javier iba al final de la fila…se volteó a mirar el podio donde estaba aquel enorme libro y… ¡ya no estaba!
¡Oigan! Exclamó llamando al grupo. Miren…dijo señalando al lugar donde estaba el libro…
Todos miraron…y se dieron cuenta de la realidad…
¡Vámonos! Gimió Aliana. Ya este lugar me tiene super nerviosa…
Todos estuvieron de acuerdo…y apuraron el paso.
Ya era casi media tarde cuando llegaron a la casona.
Allí los esperaba Raquelín, Bienvenido, Simón y Samuel además había alguien más…una persona que nunca antes habían visto…

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