jueves, noviembre 17, 2005

El Libro de los Suenos VIII

El libro de los sueños CAP VIII


Un hombre viejo…anciano…vestido con una sotana…parecía un sacerdote, pero no llevaba ninguna cruz o amuleto religioso…su cabello era largo…gris con mechones canosos. Su mirada era profunda y unos ojos claros azules muy vivos se proyectaban sobre aquel rostro lleno de arrugas y piel curtida por el tiempo. El hombre sonreía…una sonrisa dulce…apaciguadora…y reconfortante. Inspiraba confianza.

-veo que encontraron el libro- dijo la profesora

Vengan a tomar unos refrigerios, deben de estar cansados…

El viejo los saludó con la mano, pero no dijo nada. Sólo asentía con la cabeza cuando cada muchacho pasaba en frente de él.

Todos lo miraban con extrañeza. Pero les parecía alguien simpático. Nadie, ninguno se atrevió a decirle nada.

Al pasar Néstor por su lado el viejo lo miró, le sonrió y entonces habló.

- Tu sueño es un sueño noble, y justo…mas no puede ser posible en los términos del tiempo que hoy te toca vivir…

Néstor abrió la boca incrédulo de lo que escuchó…

El viejo continuó…

-No obstante no estás solo- La vida te dará la oportunidad de que logres tu sueño de otra forma-

Javier se acercaba…y el viejo lo detuvo…

-Hijo- dijo mirándolo a los ojos. El tiempo de soñar ha pasado…es tiempo de vivir…de dejar que lo que escribiste en ese libro suceda…

Javier lo miró y le preguntó…

¿Qué sabe usted de mi sueño?

El viejo sonrió y replicó. Hoy sucedió lo que nunca había sucedido.

Dos personas con el mismo sueño en diferentes circunstancias, pero el mismo sueño.

Néstor que aún estaba allí se miró con Javier…ambos de inmediato comprendieron lo que quiso decir el viejo.

¡Era tu letra!, exclamó Javier mirando a Néstor.

¿Mi letra? Preguntó Néstor…no se de que hablas.


Cuando escribía en el libro apareció una frase…que yo había escrito…después de que ya había desaparecido…pero ¡no en mi letra!, continuó diciendo Javier.

¿Qué frase?, preguntó Néstor.

Quisiera poder volver a compartir con mi padre…explicó Javier.

Néstor no lo creía.

Es verdad interrumpió el viejo. Y de pronto sacó el gran libro y lo abrió. Solamente dos páginas eran legibles.

Ambas con las escrituras de Néstor y Javier.
-Ustedes tuvieron el mismo sueño dijo el viejo y por eso es que se ven las escrituras.

-Pero mi padre murió, reclamó Néstor con un aire de coraje, frustración y llanto ahogado.

Tú eres la encarnación de tu padre. Los sueños de tu padre están depositados en tu corazón. Donde quiera que pongas tu alma y empeño ahí estará tu padre…siempre, aunque no lo veas...te lo aseguro.

A ti Javier…hoy has aceptado lo que te has negado por tanto tiempo. Necesitas de tu padre, y él te necesita a ti. Néstor te tocó la fibra, anoche…dijo el viejo…

Javier lo miraba boquiabierto, estaba totalmente asombrado y temblaba de nerviosismo.

EL viejo continuó…

Ambos lograrán sus objetivos en la vida ambos compartirán ese sueño y lo harán realidad cada cual en su circunstancia personal.

Néstor y Javier se miraron…ya no había animosidad, de pronto sintieron respeto y compasión el uno hacia el otro.

¿Sabes amigo?, hace tiempo mi padre me invitó a pescar y siempre me dice que traiga a algún amigo.

Le voy a llamar…y me gustaría que me acompañes. Dijo Javier


Seguro que sí. Respondió Néstor.


El viejo los interrumpió. Nada de lo que hemos hablado aquí será comentado. Ningún sueño será revelado pues son los sueños íntimos de cada uno.

Si quieren compartirlo eso será su decisión única y personal. En este libro quedan guardados eternamente. Terminó diciendo el Viejo.


Ahora vayan con el grupo…que los espera. Ambos jóvenes se miraron sonrieron y se marcharon. Se voltearon y ya el viejo no estaba.

Ambos rieron.

Al llegar a la casona, el grupo los esperaba ya todos estaban empacando. Nadie hacía chistes ni había jarana. Cada uno estaba enfocado en sus cosas. Ni siquiera se acordaban de haber visto al viejo. Fue como si de pronto ese pasaje de tiempo se hubiese borrado de sus memorias.


Al llegar Néstor y Javier sonreídos y animados los jóvenes se acercaron a ellos. Era como si hubiesen estado esperando que ellos llegaran para comenzar a hablar de todo…de hecho así era. Eran un solo grupo no sólo diez muchachos. Tenían todos, algo en común y único.

De pronto el silencio se volvió en algarabía y coloquios. Estaban excitados con lo sucedido…

Raquelín los interrumpió.

Bueno jóvenes, espero que hayan disfrutado de su estadía, pero ya tenemos que irnos. Así que vayan guardando y acomodando las cosas en el autobús.


Dicho y hecho los jóvenes se subieron al vehículo que comenzó el regreso a la ciudad. Iban charlando sobre cuanta cosa observaban, hacían chistes y hablaban sin parar. Ninguno durmió por el camino. Observaron el paisaje…los caminos, las casas…todo.

Todo era importante, tenían razón de existir.

Al llegar al centro de tutorías…Raquelín los despidió.

No los volveré a ver…mi labor terminó aquí dijo.

Noooo, maestra no se puede ir así…dijo Rebeca.


Ustedes ya completaron la tarea que les asigné. Ahora les toca poner en práctica lo aprendido.

Todos se mostraron tristes, pero comprendieron las palabras de su maestra.

Estoy orgullosa de ustedes les dijo…al tiempo que don Bienvenido encendía el motor del autobús y emprendía la marcha…Raquelín se despedía con la mano hasta que se perdió de vista…

Los jóvenes regresaron a sus hogares. Era Domingo.