Cuento de Navidad V
Capítulo III
Entonces me fijé en el cielo…allí estaba, la estrella de seis puntas iluminando la ruta. El camello trotaba libremente hacia ella… ¡de veras se conocía la ruta!
Según avanzábamos nos acercábamos a la costa de una tierra desconocida. No veía nada que me fuera familiar. No era la costa de Puerto Rico llena de hoteles y casas a la orilla del mar.
Apenas se distinguía la luz de unas lámparas de queroseno iluminando unas frágiles casitas de madera con techo de zinc.
Al acercarnos…el camello y yo…pude distinguir una cajita con pasto o hierba para el camello. Me bajé de la montura y silenciosamente me acerqué a la casita.
En una esquina un diminuto pesebre iluminado con dos velas. Un cuartito separaba lo que sería el comedor, sala y cocina. Allí dormían una mujer y su hija. La niña no tendría más de 7 años y eran la esposa y la hija de un hombre que se había embarcado hacía 5 días en busca de un mejor porvenir para su familia.
Me acerqué a la cajita donde había una nota que decía:
Queridos reyes Magos no quiero nada para mí, solo les pido que cuiden a mi papito que está sólo en el mar y dicen que es un mar muy malo. El me prometió que me mandaría a buscar junto con mi mamá a ese país donde dicen que están mucho mejor que aquí y que podré ir a una buena escuela y tendré buenos doctores que me curen mi enfermedad…mi papá se llama Marcelo.
Les dejé comida a los camellos. Los quiero.
Rosaura
Miré la niña que dormía plácidamente y un nudo se me atoró en el corazón. Tenía la cara desfigurada con una fea partidura en el labio. Al verla noté que dormía con sus ojos entre abiertos y vi un hermoso color verde que hacía un contraste perfecto con aquella piel canela. Padecía de paladar hendido. Por los escasos recursos que tenía aquella familia no habían podido ayudar a su hija.
Me acordé de las palabras de Gaspar…un solo regalo por hogar.
¿Qué le podía regalar a esa niña? Entonces reparé en que no tenía nada para dejarle…nada material…
Miré a todas partes buscando ayuda…y entonces vi el lápiz con el cual la niña había escrito su carta. Cerré mis ojos y entonces me di cuenta de lo que tenía que hacer.
Querida Rosaura
Dios te bendice. Se que tus palabras salen del corazón. Ve a la orilla del mar y cierra tus ojos. Cuando los abras regresa que tienes noticias de tu padre.
Tu fe dará frutos.
Firman
Los Reyes Magos
Ella no necesitaba saber que era uno sólo y fatulo. Luego de contestar su carta busqué en la montura algo que pudiese dejar de valor, me toqué la túnica y el turbante…ahhhh…ya sé.
Me acordé de la esmeralda que adornaba el turbante. Seguro que Baltasar no me lo perdonará.
No lo pensé dos veces. Desprendí la esmeralda y la coloqué junto al pequeño pesebre con la carta.
El camello se comió todo lo que le puso la niña. Era una combinación de coco rayado con un pasto muy fino y de aroma agradable. La verdad hasta me dio envidia el camello. Yo tenía algo de hambre.
Capítulo IV
Me monté en el camello que se notaba feliz por el festín. No hubo necesidad de mirar el papel. Busqué en el cielo la estrella. Y partí rumbo a ella.
Crucé otro mar. Este menos extenso. Al llegar a tierra no nos detuvimos.
Íbamos como bólidos entre senderos y valles. Cruzamos par de ríos y llegamos a una pequeña aldea en medio de la nada.
Las montañas que la rodeaban se veían despobladas de árboles y desnudas de todo vestigio de vida. Una de ellas humeaba a lo lejos. Era un volcán. La estrella nos guiaba hacia el final de la aldea allí al fondo había un despeñadero y en el fondo del mismo se veían los escombros de lo que fue la otra parte de la aldea. Un deslizamiento de lodo había sepultado aquel lugar…la imagen era sobrecogedora.
Justo en aquel borde del abismo estaba la última de las chozas. Y allí era donde señalaba la estrella. Como en la anterior había una tenue luz en su interior…
Al asomarme vi tres niños durmiendo juntos, estaban solos. Un varón que tendría unos quince años, una niña de unos 12 años y uno que estaría por los 10.
Tres montoncitos de pasto estaban estratégicamente colocados al lado de una sola lámpara y justo al lado de unas viejas fotos de una pareja de adultos. Su padre y madre…la tragedia los había tocado en el huracán Mitch hacía unos años atrás.
Noté la carta firmada por los tres.
Queridos Reyes Magos
Hace ya mucho tiempo que estamos solos. Extrañamos a nuestros padres. Martita está creciendo y tiene un don para cantar hermoso. Eso es lo que le han dicho en la iglesia. Joselito es tremendo atleta a sus diez años se gana a niños mas grandes de la escuela. Y yo estoy aprendiendo el oficio de albañil por que algún día me gustaría construir casas más seguras para la gente pobre. Se que tienen que visitar a tantos niños que están peor que nosotros pero nos gustaría lo siguiente. A Joselito unas zapatillas de correr, Martita un vestido para los domingos y yo un libro de construcción. Eso es todo.
Gracias
Pedro
Otro nudo en el corazón, otra decisión difícil, una solo obsequio.
Bien…manos a la obra. Comencé por responderles la carta lo mejor que pude
Queridos Pedro, Martita y Joselito
Sus pedidos serán honrados porque han tenido fe. Vayan a la Iglesia y enciendan tres velas. Una por cada uno de ustedes. Y dos velas por sus padres que los cuidan desde el cielo.
Allí recibirán sus obsequios…terminé escribiendo esto sin saber porqué.
Con amor los Tres Reyes Magos
Luego tal y como hice en el primer hogar busqué que dejar como evidencia de mi visita. Algún regalo…un solo obsequio.
Miré y busqué el turbante sin la esmeralda. Entonces reparé en el bordado de oro de la túnica que llevaba puesta. Esto es oro puro. Servirá para que puedan tener una mejor oportunidad de salir adelante y dar lo mejor de ellos al mundo.
Con cuidado fui rasgando el borde de oro hasta quedarme con una túnica desgarrada como bandera que ha sido destruida por el vendaval. Ahora si que Baltasar me va a escocotar…
El camello comió de aquel pasto. La tierra a pesar de lo pasado era fértil y la hierba fresca y suave. El camello se hartó. Iba feliz y yo con deseos de una ensalada…
Entonces me fijé en el cielo…allí estaba, la estrella de seis puntas iluminando la ruta. El camello trotaba libremente hacia ella… ¡de veras se conocía la ruta!
Según avanzábamos nos acercábamos a la costa de una tierra desconocida. No veía nada que me fuera familiar. No era la costa de Puerto Rico llena de hoteles y casas a la orilla del mar.
Apenas se distinguía la luz de unas lámparas de queroseno iluminando unas frágiles casitas de madera con techo de zinc.
Al acercarnos…el camello y yo…pude distinguir una cajita con pasto o hierba para el camello. Me bajé de la montura y silenciosamente me acerqué a la casita.
En una esquina un diminuto pesebre iluminado con dos velas. Un cuartito separaba lo que sería el comedor, sala y cocina. Allí dormían una mujer y su hija. La niña no tendría más de 7 años y eran la esposa y la hija de un hombre que se había embarcado hacía 5 días en busca de un mejor porvenir para su familia.
Me acerqué a la cajita donde había una nota que decía:
Queridos reyes Magos no quiero nada para mí, solo les pido que cuiden a mi papito que está sólo en el mar y dicen que es un mar muy malo. El me prometió que me mandaría a buscar junto con mi mamá a ese país donde dicen que están mucho mejor que aquí y que podré ir a una buena escuela y tendré buenos doctores que me curen mi enfermedad…mi papá se llama Marcelo.
Les dejé comida a los camellos. Los quiero.
Rosaura
Miré la niña que dormía plácidamente y un nudo se me atoró en el corazón. Tenía la cara desfigurada con una fea partidura en el labio. Al verla noté que dormía con sus ojos entre abiertos y vi un hermoso color verde que hacía un contraste perfecto con aquella piel canela. Padecía de paladar hendido. Por los escasos recursos que tenía aquella familia no habían podido ayudar a su hija.
Me acordé de las palabras de Gaspar…un solo regalo por hogar.
¿Qué le podía regalar a esa niña? Entonces reparé en que no tenía nada para dejarle…nada material…
Miré a todas partes buscando ayuda…y entonces vi el lápiz con el cual la niña había escrito su carta. Cerré mis ojos y entonces me di cuenta de lo que tenía que hacer.
Querida Rosaura
Dios te bendice. Se que tus palabras salen del corazón. Ve a la orilla del mar y cierra tus ojos. Cuando los abras regresa que tienes noticias de tu padre.
Tu fe dará frutos.
Firman
Los Reyes Magos
Ella no necesitaba saber que era uno sólo y fatulo. Luego de contestar su carta busqué en la montura algo que pudiese dejar de valor, me toqué la túnica y el turbante…ahhhh…ya sé.
Me acordé de la esmeralda que adornaba el turbante. Seguro que Baltasar no me lo perdonará.
No lo pensé dos veces. Desprendí la esmeralda y la coloqué junto al pequeño pesebre con la carta.
El camello se comió todo lo que le puso la niña. Era una combinación de coco rayado con un pasto muy fino y de aroma agradable. La verdad hasta me dio envidia el camello. Yo tenía algo de hambre.
Capítulo IV
Me monté en el camello que se notaba feliz por el festín. No hubo necesidad de mirar el papel. Busqué en el cielo la estrella. Y partí rumbo a ella.
Crucé otro mar. Este menos extenso. Al llegar a tierra no nos detuvimos.
Íbamos como bólidos entre senderos y valles. Cruzamos par de ríos y llegamos a una pequeña aldea en medio de la nada.
Las montañas que la rodeaban se veían despobladas de árboles y desnudas de todo vestigio de vida. Una de ellas humeaba a lo lejos. Era un volcán. La estrella nos guiaba hacia el final de la aldea allí al fondo había un despeñadero y en el fondo del mismo se veían los escombros de lo que fue la otra parte de la aldea. Un deslizamiento de lodo había sepultado aquel lugar…la imagen era sobrecogedora.
Justo en aquel borde del abismo estaba la última de las chozas. Y allí era donde señalaba la estrella. Como en la anterior había una tenue luz en su interior…
Al asomarme vi tres niños durmiendo juntos, estaban solos. Un varón que tendría unos quince años, una niña de unos 12 años y uno que estaría por los 10.
Tres montoncitos de pasto estaban estratégicamente colocados al lado de una sola lámpara y justo al lado de unas viejas fotos de una pareja de adultos. Su padre y madre…la tragedia los había tocado en el huracán Mitch hacía unos años atrás.
Noté la carta firmada por los tres.
Queridos Reyes Magos
Hace ya mucho tiempo que estamos solos. Extrañamos a nuestros padres. Martita está creciendo y tiene un don para cantar hermoso. Eso es lo que le han dicho en la iglesia. Joselito es tremendo atleta a sus diez años se gana a niños mas grandes de la escuela. Y yo estoy aprendiendo el oficio de albañil por que algún día me gustaría construir casas más seguras para la gente pobre. Se que tienen que visitar a tantos niños que están peor que nosotros pero nos gustaría lo siguiente. A Joselito unas zapatillas de correr, Martita un vestido para los domingos y yo un libro de construcción. Eso es todo.
Gracias
Pedro
Otro nudo en el corazón, otra decisión difícil, una solo obsequio.
Bien…manos a la obra. Comencé por responderles la carta lo mejor que pude
Queridos Pedro, Martita y Joselito
Sus pedidos serán honrados porque han tenido fe. Vayan a la Iglesia y enciendan tres velas. Una por cada uno de ustedes. Y dos velas por sus padres que los cuidan desde el cielo.
Allí recibirán sus obsequios…terminé escribiendo esto sin saber porqué.
Con amor los Tres Reyes Magos
Luego tal y como hice en el primer hogar busqué que dejar como evidencia de mi visita. Algún regalo…un solo obsequio.
Miré y busqué el turbante sin la esmeralda. Entonces reparé en el bordado de oro de la túnica que llevaba puesta. Esto es oro puro. Servirá para que puedan tener una mejor oportunidad de salir adelante y dar lo mejor de ellos al mundo.
Con cuidado fui rasgando el borde de oro hasta quedarme con una túnica desgarrada como bandera que ha sido destruida por el vendaval. Ahora si que Baltasar me va a escocotar…
El camello comió de aquel pasto. La tierra a pesar de lo pasado era fértil y la hierba fresca y suave. El camello se hartó. Iba feliz y yo con deseos de una ensalada…

1 Comments:
Aquí estoy, en el día de navidad, leyendo esta increible historia.
Me encanta!!!!!
Estaría lindísima para un libro de cuentos.
Un beso y sigo leyendo!!!!!
Ah y FELIZ NAVIDAD!!!!!
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