El Atrapa Sueños, el diario de Marcelo VII
La ventana se cerró de golpe. La música se dejó de escuchar y el cuarto se llenó de un frío silencio. Marcelo abrió los ojos, estaba sudando mares. Sentía como si una caída de energía en su ser.
-Viviana, te has ido- murmuró.
Lentamente se levantó y caminó hasta la ventana cerrada. la intetó abrir pero estaba trabada. Miró a traves del cristal y pudo ver a lo lejos, muy a lo lejos unas tenues luces allá abajo en el valle. Sentía que Viviana etaba allí. También sentía que no importaba lo que mucho que avanzara no había garantías de que volviese a verla. Ella estaba de vuelta a su mundo y él apenas estaba escapando del suyo.
-Debes concentrarte en el camino Marcelo- dijo Net que había entrado al cuarto sin que él la notara. Estaba ataviada con una fina bata de seda, translúcida. Su cuerpito se delineaba sensual a contraluz. Net no era fea. Era una mujer madura con la belleza que dan los años y de alguna forma se había arreglado para verse mejor.
-¿Cómo entraste?- preguntó Marcelo, admirando algo sorprendido a la mujer.
-No tengo fronteras, me muevo a mi antojo por mis dominios- dijo Net
Y hoy tu estás en ellos y me pertences-le dijo mientras se le acercaba seductoramente y le colocaba una mano tiernamente sobre el hombro y con el dorso de la misma le rozaba la cara hasta llevarla a la sien de Marcelo.
Marcelo tuvo un escalofrío. Aquella mujer sabía donde poner las manos y lo hacía con premeditación.
Le sujetó la mano y la apartó de él.
-No- le dijo Marcelo, mi corazón está en el valle.
-¿Y el de ella?- preguntó cínicamente Net
-¿Dónde está?- finalizó alzando una ceja y mirando a Marcelo con ese rostro que le decía no seas ingenuo.
Marcelo la apartó.
No importa- dijo
La buscaré y veré que sucede al final. Y si está para mí seré el hombre más feliz de la tierra, y sino lo está pues ella será feliz porque se lo desearé- afirmó Marcelo mientras abría la ventana y la brisa volvía a traerle aquella música.
-La esperanza es el asidero de los que aman aún estando al borde de un abismo-dijo a modo de sentencia Net mientras desaparecía igual que había entrado a la habitación.
Marcelo estaba con los ojos cerrados sintiendo la brisa acariciando sus mejillas. Respiraba vida en aquella soledad. El valle le esperaba. mañana iniciaría otra jornada sin saber como finalizaría el día. Faltaba mucho por recorrer y Net estaba allí presente para recordárselo.
-Se muy feliz Viviana- le dijo Marcelo a la brisa mientras cerraba la ventana tras de sí y volvía a tirarse en la cama, dominado por el sueño.
MARCELO MARCELO MARCELO...DESPIERTA!!!!! Unos gritos lo sacaron de los brazos de sus musas. Era Net que había entrado aparatosamente en el cuarto.
Nos tenemos que ir levántate-le apremió mientras le sacudía.
Marcelo apenas entendía lo que pasaba.
-¿Qué quieres Net, que pasa?- preguntó dormido
Vinen por nosotros nos tenemos que ir. - le apremió Net
¿Quién viene? - volvió a inquirir Marcelo
Son dos y no traen nada bueno., luego te explico pero nos tenemos que ir ya- dijo Net tirando a Marcelo al suelo.
A las afueras de aquella casa se escuchaba a lo lejos árboles quebrándose, como si los rompieran cual palillos. Se escuchaba explotar la madera. No había dudas lo que se acercaba no era bueno. Marcelo se levantó y siguió a Net hacia las afueras y corriero hacia el camino.
-Viviana, te has ido- murmuró.
Lentamente se levantó y caminó hasta la ventana cerrada. la intetó abrir pero estaba trabada. Miró a traves del cristal y pudo ver a lo lejos, muy a lo lejos unas tenues luces allá abajo en el valle. Sentía que Viviana etaba allí. También sentía que no importaba lo que mucho que avanzara no había garantías de que volviese a verla. Ella estaba de vuelta a su mundo y él apenas estaba escapando del suyo.
-Debes concentrarte en el camino Marcelo- dijo Net que había entrado al cuarto sin que él la notara. Estaba ataviada con una fina bata de seda, translúcida. Su cuerpito se delineaba sensual a contraluz. Net no era fea. Era una mujer madura con la belleza que dan los años y de alguna forma se había arreglado para verse mejor.
-¿Cómo entraste?- preguntó Marcelo, admirando algo sorprendido a la mujer.
-No tengo fronteras, me muevo a mi antojo por mis dominios- dijo Net
Y hoy tu estás en ellos y me pertences-le dijo mientras se le acercaba seductoramente y le colocaba una mano tiernamente sobre el hombro y con el dorso de la misma le rozaba la cara hasta llevarla a la sien de Marcelo.
Marcelo tuvo un escalofrío. Aquella mujer sabía donde poner las manos y lo hacía con premeditación.
Le sujetó la mano y la apartó de él.
-No- le dijo Marcelo, mi corazón está en el valle.
-¿Y el de ella?- preguntó cínicamente Net
-¿Dónde está?- finalizó alzando una ceja y mirando a Marcelo con ese rostro que le decía no seas ingenuo.
Marcelo la apartó.
No importa- dijo
La buscaré y veré que sucede al final. Y si está para mí seré el hombre más feliz de la tierra, y sino lo está pues ella será feliz porque se lo desearé- afirmó Marcelo mientras abría la ventana y la brisa volvía a traerle aquella música.
-La esperanza es el asidero de los que aman aún estando al borde de un abismo-dijo a modo de sentencia Net mientras desaparecía igual que había entrado a la habitación.
Marcelo estaba con los ojos cerrados sintiendo la brisa acariciando sus mejillas. Respiraba vida en aquella soledad. El valle le esperaba. mañana iniciaría otra jornada sin saber como finalizaría el día. Faltaba mucho por recorrer y Net estaba allí presente para recordárselo.
-Se muy feliz Viviana- le dijo Marcelo a la brisa mientras cerraba la ventana tras de sí y volvía a tirarse en la cama, dominado por el sueño.
MARCELO MARCELO MARCELO...DESPIERTA!!!!! Unos gritos lo sacaron de los brazos de sus musas. Era Net que había entrado aparatosamente en el cuarto.
Nos tenemos que ir levántate-le apremió mientras le sacudía.
Marcelo apenas entendía lo que pasaba.
-¿Qué quieres Net, que pasa?- preguntó dormido
Vinen por nosotros nos tenemos que ir. - le apremió Net
¿Quién viene? - volvió a inquirir Marcelo
Son dos y no traen nada bueno., luego te explico pero nos tenemos que ir ya- dijo Net tirando a Marcelo al suelo.
A las afueras de aquella casa se escuchaba a lo lejos árboles quebrándose, como si los rompieran cual palillos. Se escuchaba explotar la madera. No había dudas lo que se acercaba no era bueno. Marcelo se levantó y siguió a Net hacia las afueras y corriero hacia el camino.

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