El Atrapa Sueños, el diario de Marcelo III
Marcelo miró fijamente aquellos ojos y sacudió la cabeza. Lentamente volvió a tratar de levantarse y cómo si hubiesen quitado todo aquel peso que sentía encima, se levantó y perdió el balance para volver a caer en el suelo. Esta vez se levantó y se quedó allí mirando la mirada, en sielncio.
Ves-le djio la voz.
Te pudiste levantar, te caiste y te levantaste. Le decía la voz de aquellos ojos que sobresalían de un rostro en la penumbra. De un rostro que era todo sombra.
Marcelo se acercó lentamente para verla bien, la voz era de mujer de eso estaba seguro.
No te acerques- dijo la voz. No puedes estar tan cerca de mí.
Es que no entiendo-replicó Marcelo, no entiendo porqué estoy aquí.
Ya lo entenderás- le dijo la voz esta vez en un tono suave, calmado y quedo. Ven- le dijo
Sígueme.
Marcelo la siguió a traves de un pasillo estrecho que daba hacia una puerta con vitrales sencillos pero muy coloridos, de flores, mariposas de brillantes colores.
La mujer a la cual no le había visto el rostro abrió la puerta y salió, Marcelo la siguió, pero de pronto se detuvo. ¿A dónde iba?
El deseaba estar con Viviana, tenía una misión que cumplir. La mujer lo miró y le dijo.
-Lo que quieres no está ahora, está lejos, está en transformación y tienes que dejarlo ir-
Marcelo hizo un gesto de incredulidad.
¿Transformación? preguntó
Si, al igual que tu. Ambos están cada cual en una etapa muy importante de sus vidas. Ambos tienen que vivirla para saber cual será el rumbo de esa historia. Dijo la mujer pausadamente y sin ningún tipo de emoción más allá de la que pueda tener uno cuando dice algo que es verdad y que no tiene ninguna duda de que será cuestionada.
Marcelo no lo iba a cuestionar. Porque era verdad.
Marcelo, hizo una pausa miro hacia afuera y una lágrima se le escapó.
No te aflijas- le dijo la mujer. Las cosas siempre suceden de la forma más inesperada y son las que crean otras opciones que no vemos porque estamos enfocados en un sólo pensamiento y en una sola verdad.
Es que..-comenzó a decir Marcelo
Es que la amas- lo interrumpió la mujer. Amas a Viviana y la amas con todas las fuerzas de tu alma, lo sé.
Marcelo estaba boquiabierto...¿cómo lo sabes, por qué estoy aquí contigo?
Marcelo, acércate- le dijo la mujer al tiempo que le abría paso hacia afuera para permitir que viera lo que ella deseaba mostrarle.
Marcelo se acercó al umbral de la puerta y vió hacia afuera. Contempló de pronto un paisaje hermoso. Las nubes todas con formas espectaculares, una con forma de oso, otra como un cocodrilo, más allá un elefante, y una foca...una foca que de pronto lo miraba.
Más allá vio un camino que subía y llegaba hasta un promontorio muy elevado, tan elevado que las nubes lo cubrían y desde donde se distinguían el norte y el sur uniéndose punta a punta en aquel cielo. Miró nuevamente y se encontró rodeado de verdes paisajes y aguas cristalinas...cruzando de la mano...de la mano de su amada entre risas y cosquillas riachuelos que una vez fueron testigos de aquel amor.
Marcelo sentió una pena y se toco el pecho buscando el consuelo que sólo da una mano que acaricia que te hace temblar.
-Estoy confundido- le dijo a la mujer
-Lo sé, por eso estás aquí para que aclares tus ideas, tus sentimientos y sobre todo para que veas todo el paisaje. Mira más allá.- Le indicó la mujer.
Marcelo miró hacia la dirección indicada y vió otro paisaje, uno que no recordaba pero que parecía familiar aunque estaba seguro de nunca había estado allí. Era un valle rodeado de imponentes montañas, un valle que reflejaba frescura, reflejaba energía, reflejaba paz.
-¿Sabes que es?- le preguntó la mujer
-No, pero siento como si hubiera estado allí antes- respondió Marcelo
- Lo cierto es que has estado ahí muchísimas veces- le dijo la mujer, y prosiguió.
¿Ves ese camino que está ahí a tu derecha?, síguelo y no te apartes de él. Aunque sientas que deseas volver sobre tus pasos, aunque sientas deseos de desviarte, no lo hagas- le instruyó la mujer.
-Ese es el camino hacia el Valle. Allí hallarás las respuestas que estás buscando. Dijo la mujer.
-Encontrarás muchas veredas y en ocasiones el camino se parecerá a alguna de ellas, deberás elegir bien porque si te desvías del camino principal será difícil encontrar la salida incluso de la propia vereda a la cual te adentres. Observa bien las señales.
-¿Señales, qué señales?- preguntó Marcelo
-Cuando las veas lo sabrás. Le respondió la mujer
Marcelo bajó los tres peldaños que lo separaban del jardín de aquel lugar y caminó cauteloso hacia la entrada del camino. Miró a la mujer a la que no se le podia distinguir el rostro, a la que sólo se le veían los ojos...unos ojos color cielo de mirada penetrante.
-Anda no necesitas nada, todo lo que necesites de comer y beber, y donde pasar la noche lo hallarás en el camino.- Le apremió ella.
Marcelo vaciló al principio, pero luego respiró profundo y dió pasos seguros hacia aqul camino. Con un pensamiento claro en su mente...
NO ACEPTO...
Miró atrás y vió que la mujer ya no estaba. Pero la podía percibir en su entorno. Caminó y comenzó la travesía hacia aquel desconocido y conocido valle.
cont.
Ves-le djio la voz.
Te pudiste levantar, te caiste y te levantaste. Le decía la voz de aquellos ojos que sobresalían de un rostro en la penumbra. De un rostro que era todo sombra.
Marcelo se acercó lentamente para verla bien, la voz era de mujer de eso estaba seguro.
No te acerques- dijo la voz. No puedes estar tan cerca de mí.
Es que no entiendo-replicó Marcelo, no entiendo porqué estoy aquí.
Ya lo entenderás- le dijo la voz esta vez en un tono suave, calmado y quedo. Ven- le dijo
Sígueme.
Marcelo la siguió a traves de un pasillo estrecho que daba hacia una puerta con vitrales sencillos pero muy coloridos, de flores, mariposas de brillantes colores.
La mujer a la cual no le había visto el rostro abrió la puerta y salió, Marcelo la siguió, pero de pronto se detuvo. ¿A dónde iba?
El deseaba estar con Viviana, tenía una misión que cumplir. La mujer lo miró y le dijo.
-Lo que quieres no está ahora, está lejos, está en transformación y tienes que dejarlo ir-
Marcelo hizo un gesto de incredulidad.
¿Transformación? preguntó
Si, al igual que tu. Ambos están cada cual en una etapa muy importante de sus vidas. Ambos tienen que vivirla para saber cual será el rumbo de esa historia. Dijo la mujer pausadamente y sin ningún tipo de emoción más allá de la que pueda tener uno cuando dice algo que es verdad y que no tiene ninguna duda de que será cuestionada.
Marcelo no lo iba a cuestionar. Porque era verdad.
Marcelo, hizo una pausa miro hacia afuera y una lágrima se le escapó.
No te aflijas- le dijo la mujer. Las cosas siempre suceden de la forma más inesperada y son las que crean otras opciones que no vemos porque estamos enfocados en un sólo pensamiento y en una sola verdad.
Es que..-comenzó a decir Marcelo
Es que la amas- lo interrumpió la mujer. Amas a Viviana y la amas con todas las fuerzas de tu alma, lo sé.
Marcelo estaba boquiabierto...¿cómo lo sabes, por qué estoy aquí contigo?
Marcelo, acércate- le dijo la mujer al tiempo que le abría paso hacia afuera para permitir que viera lo que ella deseaba mostrarle.
Marcelo se acercó al umbral de la puerta y vió hacia afuera. Contempló de pronto un paisaje hermoso. Las nubes todas con formas espectaculares, una con forma de oso, otra como un cocodrilo, más allá un elefante, y una foca...una foca que de pronto lo miraba.
Más allá vio un camino que subía y llegaba hasta un promontorio muy elevado, tan elevado que las nubes lo cubrían y desde donde se distinguían el norte y el sur uniéndose punta a punta en aquel cielo. Miró nuevamente y se encontró rodeado de verdes paisajes y aguas cristalinas...cruzando de la mano...de la mano de su amada entre risas y cosquillas riachuelos que una vez fueron testigos de aquel amor.
Marcelo sentió una pena y se toco el pecho buscando el consuelo que sólo da una mano que acaricia que te hace temblar.
-Estoy confundido- le dijo a la mujer
-Lo sé, por eso estás aquí para que aclares tus ideas, tus sentimientos y sobre todo para que veas todo el paisaje. Mira más allá.- Le indicó la mujer.
Marcelo miró hacia la dirección indicada y vió otro paisaje, uno que no recordaba pero que parecía familiar aunque estaba seguro de nunca había estado allí. Era un valle rodeado de imponentes montañas, un valle que reflejaba frescura, reflejaba energía, reflejaba paz.
-¿Sabes que es?- le preguntó la mujer
-No, pero siento como si hubiera estado allí antes- respondió Marcelo
- Lo cierto es que has estado ahí muchísimas veces- le dijo la mujer, y prosiguió.
¿Ves ese camino que está ahí a tu derecha?, síguelo y no te apartes de él. Aunque sientas que deseas volver sobre tus pasos, aunque sientas deseos de desviarte, no lo hagas- le instruyó la mujer.
-Ese es el camino hacia el Valle. Allí hallarás las respuestas que estás buscando. Dijo la mujer.
-Encontrarás muchas veredas y en ocasiones el camino se parecerá a alguna de ellas, deberás elegir bien porque si te desvías del camino principal será difícil encontrar la salida incluso de la propia vereda a la cual te adentres. Observa bien las señales.
-¿Señales, qué señales?- preguntó Marcelo
-Cuando las veas lo sabrás. Le respondió la mujer
Marcelo bajó los tres peldaños que lo separaban del jardín de aquel lugar y caminó cauteloso hacia la entrada del camino. Miró a la mujer a la que no se le podia distinguir el rostro, a la que sólo se le veían los ojos...unos ojos color cielo de mirada penetrante.
-Anda no necesitas nada, todo lo que necesites de comer y beber, y donde pasar la noche lo hallarás en el camino.- Le apremió ella.
Marcelo vaciló al principio, pero luego respiró profundo y dió pasos seguros hacia aqul camino. Con un pensamiento claro en su mente...
NO ACEPTO...
Miró atrás y vió que la mujer ya no estaba. Pero la podía percibir en su entorno. Caminó y comenzó la travesía hacia aquel desconocido y conocido valle.
cont.

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