El Atrapa Sueños, el diario de Marcelo V
Los pasos desaparecieron, Marcelo vió el suelo en el cielo y el cielo a sus pies. Rebotaba vertiginosamente contra cada peñón que había en el atrecho al cual se había acercado hasta el borde. Ahora se despeñaba y nada parecía detener aquella horrible caída.
Por su mente volaron pensamientos, los sueños de su Viviana, sus propios sueños de libertad. Con cada golpe se le iba un suspiro de vida y aparecía un gemido de muerte. ¿Cuál sería su suerte al final de aquella caída?. Recordaba la mirada tierna de su amada al borde de la mar, al secreto de las estrellas. La recordaba bailando lela en aquel trance en aquel bar. La recordaba besar y desear amarla toda la veía sonreir con el te quiero a flor de labios, sobresalir entre sabios y vivaracha bailar las guarachas.
Un golpe seco detuvo el sueño. La caída había terminado...el viaje apenas comenzaba. Marcelo estaba quieto, sentía una fuerte presión en el pecho y no se atrevía a moverse. Estaba de espaldas sobre el suelo y sus pies apuntaban a la dirección desde donde había caído jalda abajo. Pestañeó para sacudir el mareo que le acompañaba. No se atrevió a moverse. Empezó lentamente a intentar sentir los dedos de los pies y luego poco a poco fue tomando conciencia de su cuerpo. Al menos respiraba lo que era señal de que estaba vivo.
Con un gesto de dolor se incorporó lentamente y se dejó sentar mirando la vereda que se abría paso hacia el valle. Su atrecho era corto, pero coño de doloroso. Estaba todo arañado y lleno de raspones. El camino ahora parecía más llevadero, pero seguía siendo escarpado y cuesta abajo. Tendría que ser más cuidadoso con cada paso que diese de ahora en adelante. Deseaba llegar al valle y recordó las palabras de la mujer que le indicaba que no se desviara del camino principal. ¿Sería ese el camino principal? Miró hacia arriba y definitivamente no era opción regresar, tendría que continuar aquel camino elegido al azar y por mala suerte de resbalar...por acercarse demasiado.
El panorama lucía difícil. Todo parecía ser un reto y allí estaba él sólo y con la única opción de enfrentarlo. Dudó, temió y luego se sentó a pensar.
- Toda la vida he deseado ser feliz y ahora estoy en esta búsqueda de algo nuevo y a la vez conocido. De algo descabellado y a la vez amado. De un posible imposible dispuesto a crearlo y hacerlo no sólo posible sino probable.- se dijo a sí mismo.
Emprendió la marcha hacia la espesura del camino que se notaba insípidamente unos pasos mas adelante. Miró a todos lados y no vió otra ruta. Aquella vereda era una mera gruta en un camino lleno de zarzas. Se agachó para poder evitar cortarse con las espinas, aún así siempre habían algunas que le laceraban pero Marcelo no gemía, nadie lo escucharía quejarse así que siguió estoicamente caminando y raspando, lacerando, caminando... su paso no se detenía.
El valle está cada vez más cerca -se dijo.
Marcelo observó que había movimiento entre los arbustos, había vida, pero no se acercaba a ver. Sólo percibía esa sensación de que realmente estaba siendo acompañado todo el tiempo. El camino se abrió un poco permitiendo a Marcelo caminar más erguido, y entonces pudo notar pequeñas flores blancas que nacían de los mustios troncos de las zarzas. Se acercó a verlas y notó que las flores tenían un aroma peculiar, mientras hacia esto la brisa comenzó a levantar y el sonido del viento de pronto se convirtió en naturaleza musical. Las flores danzaban al compás del aire. Vivianas...llamaré a estas flores Vivianas porque su ligereza y sus tiernos pétalos me traen el recuerdo de aquella mujer de sus sueños.
Suspiró, tenía que descansar. Miró el lugar y observó una depresión lo suficiente grande para acomodarlo allí donde pasaría la noche. Estaba un poco asustado, a la interperie, sin un cuadro claro y a la vez decidido a llegar a como diera lugar. Marcelo se recostó y cerró sus ojos. Quedó dormido al instante.
Un sonido de pasos y una voz dulce lo despertó. Buscó intrigado de donde provenía aquella voz y vió entre los arbustos la silueta de una persona pequeña y madura. La miró con detenimiento, llevaba un vestido blanco de algodón ligero casi transparente que dejaba poco a la imaginación.
Marcelo se acercó sigiloso sin hacer ningún ruido y observó a la mujer. era una mujer menuda, mayor y se le veía feliz y estaba sola.
- Hola- le dijo de pronto la mujer volteándose de sorpresa y atrapándolo con la mirada. Había sido descubierto sin mayores problemas.
Marcelo titubeó momentáneamente, y luego se levanto y dijo tímidamente hola.
-veo que has pasado por el camino de las zarzas- le dijo la mujer
-Si y la verdad estoy tratando de llegar al valle-repondió Marcelo.
¿Tratando?- ripostó la mujer- tratar es incompleto es inconcluso no es final.
-Bueno aún no llego si es a eso a lo que te refieres- dijo Marcelo
Llegarás- le dijo la mujer y prosiguió
Llegarás pero tienes que elegir bien el camino porque de nada vale llegar al Valle si vienes por el camino equivocado ya que llegarás...pero morirás si eliges mal
Marcelo abrió los ojos enormes. Nadie le dijo nada de morir.
¿Morir?- preguntó preocupado
La mujer le sonrió
Bueno la muerte lleva muchas formas y muchas caras. Si te ocurre ya lo sabrás.
Ven te acompañaré por un rato en tu caminar luego seguiré el mío.
¿Cómo te llamas? le preguntó Marcelo
Me llamo Net.
Bueno Net gracias por tu ofrecimiento pero creo que prefiero ir solo. dijo Marcelo
A veces Marcelo la compañía que tienes no necesariamente es la que deseas sino la que necesitas.
Si quieres ir sólo no hay problemas, pero encontrarás más veredas y algunas de ellas ya yo las conozco y te puedo ayudar. dijo Net
Marcelo quedó callado por unos instantes..no estaba de acuerdo pero sentía que Net tenía la razón.
Está bien acompáñame, a veces no está demás no estar solo.
Y ambos emprendieron el camino con Net guiando a Marcelo.
Sin embargo una voz interior le decía a Marcelo, cuidado.
Por su mente volaron pensamientos, los sueños de su Viviana, sus propios sueños de libertad. Con cada golpe se le iba un suspiro de vida y aparecía un gemido de muerte. ¿Cuál sería su suerte al final de aquella caída?. Recordaba la mirada tierna de su amada al borde de la mar, al secreto de las estrellas. La recordaba bailando lela en aquel trance en aquel bar. La recordaba besar y desear amarla toda la veía sonreir con el te quiero a flor de labios, sobresalir entre sabios y vivaracha bailar las guarachas.
Un golpe seco detuvo el sueño. La caída había terminado...el viaje apenas comenzaba. Marcelo estaba quieto, sentía una fuerte presión en el pecho y no se atrevía a moverse. Estaba de espaldas sobre el suelo y sus pies apuntaban a la dirección desde donde había caído jalda abajo. Pestañeó para sacudir el mareo que le acompañaba. No se atrevió a moverse. Empezó lentamente a intentar sentir los dedos de los pies y luego poco a poco fue tomando conciencia de su cuerpo. Al menos respiraba lo que era señal de que estaba vivo.
Con un gesto de dolor se incorporó lentamente y se dejó sentar mirando la vereda que se abría paso hacia el valle. Su atrecho era corto, pero coño de doloroso. Estaba todo arañado y lleno de raspones. El camino ahora parecía más llevadero, pero seguía siendo escarpado y cuesta abajo. Tendría que ser más cuidadoso con cada paso que diese de ahora en adelante. Deseaba llegar al valle y recordó las palabras de la mujer que le indicaba que no se desviara del camino principal. ¿Sería ese el camino principal? Miró hacia arriba y definitivamente no era opción regresar, tendría que continuar aquel camino elegido al azar y por mala suerte de resbalar...por acercarse demasiado.
El panorama lucía difícil. Todo parecía ser un reto y allí estaba él sólo y con la única opción de enfrentarlo. Dudó, temió y luego se sentó a pensar.
- Toda la vida he deseado ser feliz y ahora estoy en esta búsqueda de algo nuevo y a la vez conocido. De algo descabellado y a la vez amado. De un posible imposible dispuesto a crearlo y hacerlo no sólo posible sino probable.- se dijo a sí mismo.
Emprendió la marcha hacia la espesura del camino que se notaba insípidamente unos pasos mas adelante. Miró a todos lados y no vió otra ruta. Aquella vereda era una mera gruta en un camino lleno de zarzas. Se agachó para poder evitar cortarse con las espinas, aún así siempre habían algunas que le laceraban pero Marcelo no gemía, nadie lo escucharía quejarse así que siguió estoicamente caminando y raspando, lacerando, caminando... su paso no se detenía.
El valle está cada vez más cerca -se dijo.
Marcelo observó que había movimiento entre los arbustos, había vida, pero no se acercaba a ver. Sólo percibía esa sensación de que realmente estaba siendo acompañado todo el tiempo. El camino se abrió un poco permitiendo a Marcelo caminar más erguido, y entonces pudo notar pequeñas flores blancas que nacían de los mustios troncos de las zarzas. Se acercó a verlas y notó que las flores tenían un aroma peculiar, mientras hacia esto la brisa comenzó a levantar y el sonido del viento de pronto se convirtió en naturaleza musical. Las flores danzaban al compás del aire. Vivianas...llamaré a estas flores Vivianas porque su ligereza y sus tiernos pétalos me traen el recuerdo de aquella mujer de sus sueños.
Suspiró, tenía que descansar. Miró el lugar y observó una depresión lo suficiente grande para acomodarlo allí donde pasaría la noche. Estaba un poco asustado, a la interperie, sin un cuadro claro y a la vez decidido a llegar a como diera lugar. Marcelo se recostó y cerró sus ojos. Quedó dormido al instante.
Un sonido de pasos y una voz dulce lo despertó. Buscó intrigado de donde provenía aquella voz y vió entre los arbustos la silueta de una persona pequeña y madura. La miró con detenimiento, llevaba un vestido blanco de algodón ligero casi transparente que dejaba poco a la imaginación.
Marcelo se acercó sigiloso sin hacer ningún ruido y observó a la mujer. era una mujer menuda, mayor y se le veía feliz y estaba sola.
- Hola- le dijo de pronto la mujer volteándose de sorpresa y atrapándolo con la mirada. Había sido descubierto sin mayores problemas.
Marcelo titubeó momentáneamente, y luego se levanto y dijo tímidamente hola.
-veo que has pasado por el camino de las zarzas- le dijo la mujer
-Si y la verdad estoy tratando de llegar al valle-repondió Marcelo.
¿Tratando?- ripostó la mujer- tratar es incompleto es inconcluso no es final.
-Bueno aún no llego si es a eso a lo que te refieres- dijo Marcelo
Llegarás- le dijo la mujer y prosiguió
Llegarás pero tienes que elegir bien el camino porque de nada vale llegar al Valle si vienes por el camino equivocado ya que llegarás...pero morirás si eliges mal
Marcelo abrió los ojos enormes. Nadie le dijo nada de morir.
¿Morir?- preguntó preocupado
La mujer le sonrió
Bueno la muerte lleva muchas formas y muchas caras. Si te ocurre ya lo sabrás.
Ven te acompañaré por un rato en tu caminar luego seguiré el mío.
¿Cómo te llamas? le preguntó Marcelo
Me llamo Net.
Bueno Net gracias por tu ofrecimiento pero creo que prefiero ir solo. dijo Marcelo
A veces Marcelo la compañía que tienes no necesariamente es la que deseas sino la que necesitas.
Si quieres ir sólo no hay problemas, pero encontrarás más veredas y algunas de ellas ya yo las conozco y te puedo ayudar. dijo Net
Marcelo quedó callado por unos instantes..no estaba de acuerdo pero sentía que Net tenía la razón.
Está bien acompáñame, a veces no está demás no estar solo.
Y ambos emprendieron el camino con Net guiando a Marcelo.
Sin embargo una voz interior le decía a Marcelo, cuidado.

0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home