domingo, marzo 09, 2008

El Atrapa Sueños, el diario de Marcelo IV

Había comenzado a bajar por el camino hacia el valle. Marcelo estaba pendiente a las señas. Sentía ansiedad porque se encontraba sólo y no sabía a ciencia cierta que estaba haciendo. Sólo sabía que debía llegar al valle, allí hallaría las respuestas a sus dudas.

Se había alejado de Viviana y ahora sentía remordimientos de haberlo hecho. Pero era algo que tenía que suceder. La llevaba en su corazón. Las dudas lo atacaban constantemente. La había visto marcharse y se sentía confundido pensando en que no la volvería a besar ni siquiera pensaba que la volvería a ver. Ella se había alejado. Ahora no estaba y él tenía que culminar su misión sin importar cual sería el resultado.

Andaba mirando a todos lados, buscando y observando los detalles del camino. Había notado que la vegetación estaba enmarañada y no daba paso a mucha luz. Era como una serie de túneles formados por las ramas con siluetas fantasmagóricas
que le hacían juegos a la mente y al mas cuerdo lo podían volver demente. Ese era el primer reto de aquel camino. Marcelo percibió un ente maligno entre las ramas y los árboles de aquel sector.

Sentía que lo observaban pero no era la mujer de la casa. Era alguien más, algo más, algo diferente estaba allí de frente pero no lo podía ver.
Marcelo caminó más de prisa para dejar atrás aquel lugar. Entonces reparó en una vereda que se dirigía a la izquierda y otra más a la derecha. La de la izquierda bajaba abruptamente, tenía un camino riscoso y parecía una ruta más rápida hacia el valle, la de la derecha presentaba un declive más moderado y había pequeñas flores a la orilla de la misma. La verdad es que tenía su primera encrucijada y de esa de penderían las demás. Apenas estaba comenzando. Miró la vereda izquierda, era arriesgado porque las rocas no presentaban un asidero seguro pero observaba que más abajo la vereda se ensanchaba y se abría de forma amplia dando una mejor visión del valle. tenía ante sí la opción de arriesgarse a caerse y si no se caía entonces llegaría más rápido a su destino.

Entonces miró la vereda derecha y notó que la misma no le daba una visión más amplia de a donde llegaba. Su camino daba hacia una desviación que se perdia de vista. No tenía una imagen clara pero el camino parecía seguro...

demasiado seguro- pensó Marcelo.

Marcelo se quedó pensativo por unos instantes. ¿Qué ruta habría de tomar? Esa era la primera de las preguntas. Miró a su alrededor buscando señales. Vió un pequeño pájaro cerca de las flores de la vereda de la derecha y cuando miró la de la izquierda pudo observar que de entre las piedras salían escorpiones y serpientes.

Cualquier otra persona hubiese optado por la vereda de la derecha. Marcelo consideraba aún con los riesgos que la vereda de la izquierda era también una opción. Empezó a caminar y dió dos pasos al frente hasta quedar justo al borde del risco. Luego se volvió a mirar la otra vereda que estaba tentadora y hermosa, con las flores adornando sus orillas y aves por todas partes.

No tenía mucho tiempo y tenía que elegir ya que de eso dependía su libertad.

Respiró profundo y caminó lentamente hacia el frente. Su desición estaba tomada.