Encuentros IX capitulo 2
Cap 2
El frío nocturno le calaba los huesos. Ya la noche era evidente. No había señales de ayuda en ninguna dirección el mar era aceite.
Entonces se puso a mirar las estrellas. Le parecían tan cercanas que casi podía tocarlas. Extendió la mano hacía arriba y un destello se apoderó de su vista. Se incorporó lo más rápido que pudo para ver lo que le había llamado la atención. En el agua frente a él una línea luminosa se desvanecía a medida que se alejaba hacia el horizonte. Eran miles de millones de microorgaismos bioluminiscentes. Entre los cuales se podían distinguir las siluetas de otros peces más grandes y tiburones.
Era un espectáculo increíble y sólo él era testigo del mismo.
Buscó en una pequeña caja donde guardaba señuelos de pesca. Ya eran tres días que no comía. Lanzó el pequeño pececillo de plástico armado de filosas puntas. ¡ZAZ! De pronto el cordel se tensó de forma abrupta, algo grande había mordido el señuelo y ahora entablaba feroz lucha por zafarse de aquellos anzuelos.
El hombre agarró el cordel con fuerza a pesar de que el cordel le laceraba la piel con la fricción que creaba en hilo al deslizarse velozmente sobre la piel de las manos.
La sangre comenzó a manar pero no había tiempo para las quejas. El hambre podía más.
Poco a poco fue tirando del cordel hasta llevar la presa hasta cerca del bote. El animal era un tremendo ejemplar de dorado…un pez muy bueno de sabor…cuando se cocina. Ahora se lo tenía que comer crudo, pero era lo único que podía hacer.
Sacó el cuchillo que guardaba en su caja de útiles y comenzó a destripar al animal que aún coleteaba en el piso del bote. Lanzaba los desechos al mar de forma desesperada y ansiosa y no se percataba de que al hacerlo estaba atrayendo más tiburones cerca de su pequeño bote. De pronto un animal de unos tres metros golpeó con tal fuerza el casco de la embarcación que hizo perder al hombre el balance y casi lo tira al agua.
En medio de aquella oscuridad que sólo se interrumpía por la luz de una luna en su cuarto menguante pudo ver dos ojos negros con una expresión de muerte que le miraban desde unos pies de distancia.
“si me caigo termino hecho estofado de estos bichos”
Agotado se sentó a comer de aquel manjar. Tragó con fuerza al primer bocado. Bebió una botella de agua al tiempo que masticaba la carne pulposa y aún fresca del pescado. No era tan malo.
Al terminar se recostó y cerró los ojos. Aún tenía agua suficiente y ahora al menos tenía más energías y ánimos. Mañana sería un día que de alguna forma buscaría el lograr encender el motor y buscar la ruta de regreso. Debería ubicarse con el sol durante el día y seguir la brújula en dirección noreste en contra del viento. Eso era si lograba prender el motor.
-Hey- dijo una voz proveniente de algún lugar..!hey!. ¿cómo estás?, preguntó otra vez la voz.
¿Yo? Dijo el hombre. Al tiempo que intentaba despertar…estoy …muy..cansado.
Si se ve.- volvió aquella voz a replicar.
Te vez muy cansado. ¿Deseas que te deje descansar?
Si- dijo el hombre ya quiero descansar.
El hombre hizo una profunda aspiración y se quedó dormido.
Un ruido raro se escuchó de pronto justo encima de su cabeza. Una gaviota estaba posada en la proa de su bote.
El hombre se levantó y el ave ni se inmutó estaba allí observando y comiendo de los residuos del festín de la noche anterior.
-Hola pequeña- dijo el navegante al tiempo que intentaba tocarla.
-se que vienes de algún sitio donde hay tierra dime cómo llego.
El pájaro siguió comiendo y así como vino alzo vuelo, en dirección este.
-va hacia el este, esa debe ser la dirección donde se encuentra la tierra firme. Tengo que arreglar este motor- se dijo el hombre.
Y comenzó a trabajar. Estuvo más de una hora intentando encender el mismo sin suerte. El sol le obligaba a esconderse para no seguir quemándose. Le quedaba agua para tal vez unos tres o cuatro días más pues había agua acumulada de aquel nefasto aguacero que lo había desviado de su rumbo.
El mar seguía tranquilo aunque el hombre sabía tal cómo había experimentado, que podía cambiar de pronto y mandarlo cada vez más lejos.
Raro muy raro- se dijo, que en éstos tres días no haya visto una sola embarcación
Volvió a dormirse otra vez. A su alrededor sólo agua y cielo.
-Hola-dijo la voz otra vez,
El hombre se levantó. Juraría haber escuchado una voz que lo saludaba, pero no había nadie.
Estaba alucinando.
-Hola- volvió a escuchar.
Esta vez se incorporó y escudriñó todo a su alrededor. No podía creer lo que a todas luces era algo imposible.
-Aquí no hay nadie- dijo para sí al tiempo que volvía a dejarse caer en el fondo de su bote.
- Estás tu- volvió a decirle la voz.
Estás aquí ahora luchando contra él. No ha logrado vencerte. Pero el tiempo se acaba.
mmm- murmuró el hombre- el tiempo se acaba.
Si- volvió a repetir la voz. Cada vez estás más débil, debes luchar con todas las fuerzas que te quedan para que salgas de ésta.
El hombre miró nuevamente hacía el horizonte. Muy cerca de su bote justo encima de la superficie distinguió lo que parecía ser una figura humana…pero era como una nebulosa, transparente.
-Mi mente me está jugando bromas-se dijo
Tu mente- está llegando a los confines de su capacidad, cuando llega ahí es que por lo general me ven. Dijo la voz que ahora podía el hombre definir de donde provenía.
¿Te ven?- preguntó el navegante mientras daba con la cara al viento.
Los moribundos siempre me ven antes de…-dijo la voz otra vez.
El hombre se levantó de pronto.
-NO ESTOY MORIBUNDO- exclamó. Estoy perdido pero no me he muerto.
¡Exacto! Dijo la voz al tiempo que la brisa aumentaba en velocidad y comenzaba a empujar la embarcación más lejos.
-Rayos- tengo que hacer que este bote se detenga de algún modo. Dijo el hombre.
Arrojó el ancla para que hiciese de lastre y disminuyera la velocidad con que el viento movía el bote.
Al hacerlo el bote quedó mirando de frente al viento. Aunque se seguía moviendo pero más lento.
Decidió remar…lo había hecho al principio pero era demasiado fuerte la corriente y gastó sus energías. No veía cómo eso iba a resolver su dilema. Agarró un remo y lo miró.
¡Una vela!, haré una vela para usar el viento. Pero, que me servirá. Sacó un pedazo de la alfombra y con los anzuelos y el hilo de pescar amarró la misma a uno de los remos y con la soga del ancla unió ambos remos en forma de cruz. Todo el asunto le tomo como dos horas pero al menos tenía una vela rudimentaria.
Lo único que necesitaba era algo para sujetarla de forma que pudiese sostenerla vertical mientras el timoneaba usando el motor.
Hizo varios intentos hasta que consiguió amarrarla en cuatro puntos y la irguió.
El viento de inmediato le impulsó.
¡Woa!, siiii—se felicitó el hombre ante la idea. No había pensado en eso. ¿Por qué?
-Porque estabas muy ocupado lamentándote y esperando que la solución te llegara de afuera-volvió a decir aquella voz esta vez traída por el viento.
El hombre veía como su bote se movía lentamente pero lo podía guiar en una dirección no estaba derivando. Tendría que seguir la dirección del viento y buscar la forma de que le acercara hacia la tierra.
Ya era tarde…y la noche…la cuarta noche era clara. Ni una nube, hacía frío. Temblando el hombre se acurrucó bajó las toallas y su traje de neopreno. Se sentía exhausto. Agua para dos días más y luego qué. Ya el pescado se había acabado y el hambre volvía a aparecer.
-mañana, mañana veré tierra- se animó a decir. Y quedó dormido al vaivén de las leves olas. El ancla mantenía la velocidad del bote bien lenta. Pero en la noche no había forma de lograr que el bote se quedara quieto y no había energías para permanecer despierto…
-no debo dormirme- tengo que seguir. Se despertó azorado. No era tiempo de descansar aunque su cuerpo y su mente estuvieran en guerra.
El hombre izó su casera vela y otra vez el bote iba en dirección del viento y lentamente pero constante navegaba hacia el noroeste cortando el viento hacia donde suponía debía estar tierra firme.
El frío nocturno le calaba los huesos. Ya la noche era evidente. No había señales de ayuda en ninguna dirección el mar era aceite.
Entonces se puso a mirar las estrellas. Le parecían tan cercanas que casi podía tocarlas. Extendió la mano hacía arriba y un destello se apoderó de su vista. Se incorporó lo más rápido que pudo para ver lo que le había llamado la atención. En el agua frente a él una línea luminosa se desvanecía a medida que se alejaba hacia el horizonte. Eran miles de millones de microorgaismos bioluminiscentes. Entre los cuales se podían distinguir las siluetas de otros peces más grandes y tiburones.
Era un espectáculo increíble y sólo él era testigo del mismo.
Buscó en una pequeña caja donde guardaba señuelos de pesca. Ya eran tres días que no comía. Lanzó el pequeño pececillo de plástico armado de filosas puntas. ¡ZAZ! De pronto el cordel se tensó de forma abrupta, algo grande había mordido el señuelo y ahora entablaba feroz lucha por zafarse de aquellos anzuelos.
El hombre agarró el cordel con fuerza a pesar de que el cordel le laceraba la piel con la fricción que creaba en hilo al deslizarse velozmente sobre la piel de las manos.
La sangre comenzó a manar pero no había tiempo para las quejas. El hambre podía más.
Poco a poco fue tirando del cordel hasta llevar la presa hasta cerca del bote. El animal era un tremendo ejemplar de dorado…un pez muy bueno de sabor…cuando se cocina. Ahora se lo tenía que comer crudo, pero era lo único que podía hacer.
Sacó el cuchillo que guardaba en su caja de útiles y comenzó a destripar al animal que aún coleteaba en el piso del bote. Lanzaba los desechos al mar de forma desesperada y ansiosa y no se percataba de que al hacerlo estaba atrayendo más tiburones cerca de su pequeño bote. De pronto un animal de unos tres metros golpeó con tal fuerza el casco de la embarcación que hizo perder al hombre el balance y casi lo tira al agua.
En medio de aquella oscuridad que sólo se interrumpía por la luz de una luna en su cuarto menguante pudo ver dos ojos negros con una expresión de muerte que le miraban desde unos pies de distancia.
“si me caigo termino hecho estofado de estos bichos”
Agotado se sentó a comer de aquel manjar. Tragó con fuerza al primer bocado. Bebió una botella de agua al tiempo que masticaba la carne pulposa y aún fresca del pescado. No era tan malo.
Al terminar se recostó y cerró los ojos. Aún tenía agua suficiente y ahora al menos tenía más energías y ánimos. Mañana sería un día que de alguna forma buscaría el lograr encender el motor y buscar la ruta de regreso. Debería ubicarse con el sol durante el día y seguir la brújula en dirección noreste en contra del viento. Eso era si lograba prender el motor.
-Hey- dijo una voz proveniente de algún lugar..!hey!. ¿cómo estás?, preguntó otra vez la voz.
¿Yo? Dijo el hombre. Al tiempo que intentaba despertar…estoy …muy..cansado.
Si se ve.- volvió aquella voz a replicar.
Te vez muy cansado. ¿Deseas que te deje descansar?
Si- dijo el hombre ya quiero descansar.
El hombre hizo una profunda aspiración y se quedó dormido.
Un ruido raro se escuchó de pronto justo encima de su cabeza. Una gaviota estaba posada en la proa de su bote.
El hombre se levantó y el ave ni se inmutó estaba allí observando y comiendo de los residuos del festín de la noche anterior.
-Hola pequeña- dijo el navegante al tiempo que intentaba tocarla.
-se que vienes de algún sitio donde hay tierra dime cómo llego.
El pájaro siguió comiendo y así como vino alzo vuelo, en dirección este.
-va hacia el este, esa debe ser la dirección donde se encuentra la tierra firme. Tengo que arreglar este motor- se dijo el hombre.
Y comenzó a trabajar. Estuvo más de una hora intentando encender el mismo sin suerte. El sol le obligaba a esconderse para no seguir quemándose. Le quedaba agua para tal vez unos tres o cuatro días más pues había agua acumulada de aquel nefasto aguacero que lo había desviado de su rumbo.
El mar seguía tranquilo aunque el hombre sabía tal cómo había experimentado, que podía cambiar de pronto y mandarlo cada vez más lejos.
Raro muy raro- se dijo, que en éstos tres días no haya visto una sola embarcación
Volvió a dormirse otra vez. A su alrededor sólo agua y cielo.
-Hola-dijo la voz otra vez,
El hombre se levantó. Juraría haber escuchado una voz que lo saludaba, pero no había nadie.
Estaba alucinando.
-Hola- volvió a escuchar.
Esta vez se incorporó y escudriñó todo a su alrededor. No podía creer lo que a todas luces era algo imposible.
-Aquí no hay nadie- dijo para sí al tiempo que volvía a dejarse caer en el fondo de su bote.
- Estás tu- volvió a decirle la voz.
Estás aquí ahora luchando contra él. No ha logrado vencerte. Pero el tiempo se acaba.
mmm- murmuró el hombre- el tiempo se acaba.
Si- volvió a repetir la voz. Cada vez estás más débil, debes luchar con todas las fuerzas que te quedan para que salgas de ésta.
El hombre miró nuevamente hacía el horizonte. Muy cerca de su bote justo encima de la superficie distinguió lo que parecía ser una figura humana…pero era como una nebulosa, transparente.
-Mi mente me está jugando bromas-se dijo
Tu mente- está llegando a los confines de su capacidad, cuando llega ahí es que por lo general me ven. Dijo la voz que ahora podía el hombre definir de donde provenía.
¿Te ven?- preguntó el navegante mientras daba con la cara al viento.
Los moribundos siempre me ven antes de…-dijo la voz otra vez.
El hombre se levantó de pronto.
-NO ESTOY MORIBUNDO- exclamó. Estoy perdido pero no me he muerto.
¡Exacto! Dijo la voz al tiempo que la brisa aumentaba en velocidad y comenzaba a empujar la embarcación más lejos.
-Rayos- tengo que hacer que este bote se detenga de algún modo. Dijo el hombre.
Arrojó el ancla para que hiciese de lastre y disminuyera la velocidad con que el viento movía el bote.
Al hacerlo el bote quedó mirando de frente al viento. Aunque se seguía moviendo pero más lento.
Decidió remar…lo había hecho al principio pero era demasiado fuerte la corriente y gastó sus energías. No veía cómo eso iba a resolver su dilema. Agarró un remo y lo miró.
¡Una vela!, haré una vela para usar el viento. Pero, que me servirá. Sacó un pedazo de la alfombra y con los anzuelos y el hilo de pescar amarró la misma a uno de los remos y con la soga del ancla unió ambos remos en forma de cruz. Todo el asunto le tomo como dos horas pero al menos tenía una vela rudimentaria.
Lo único que necesitaba era algo para sujetarla de forma que pudiese sostenerla vertical mientras el timoneaba usando el motor.
Hizo varios intentos hasta que consiguió amarrarla en cuatro puntos y la irguió.
El viento de inmediato le impulsó.
¡Woa!, siiii—se felicitó el hombre ante la idea. No había pensado en eso. ¿Por qué?
-Porque estabas muy ocupado lamentándote y esperando que la solución te llegara de afuera-volvió a decir aquella voz esta vez traída por el viento.
El hombre veía como su bote se movía lentamente pero lo podía guiar en una dirección no estaba derivando. Tendría que seguir la dirección del viento y buscar la forma de que le acercara hacia la tierra.
Ya era tarde…y la noche…la cuarta noche era clara. Ni una nube, hacía frío. Temblando el hombre se acurrucó bajó las toallas y su traje de neopreno. Se sentía exhausto. Agua para dos días más y luego qué. Ya el pescado se había acabado y el hambre volvía a aparecer.
-mañana, mañana veré tierra- se animó a decir. Y quedó dormido al vaivén de las leves olas. El ancla mantenía la velocidad del bote bien lenta. Pero en la noche no había forma de lograr que el bote se quedara quieto y no había energías para permanecer despierto…
-no debo dormirme- tengo que seguir. Se despertó azorado. No era tiempo de descansar aunque su cuerpo y su mente estuvieran en guerra.
El hombre izó su casera vela y otra vez el bote iba en dirección del viento y lentamente pero constante navegaba hacia el noroeste cortando el viento hacia donde suponía debía estar tierra firme.

2 Comments:
Hola!!!!!!!
¿Cómo estás????
Un beso enorme!!!
Your are Nice. And so is your site! Maybe you need some more pictures. Will return in the near future.
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