lunes, mayo 29, 2006

Encuentro IX cap 3

Capitulo 3

Llevaba toda la noche navegando con la gentil brisa, pero aún no veía ningún indicio de tierra.

Miró hacia atrás sobre su hombro derecho y pudo notar los primeros rayos del alba. El cielo a sus espaldas iba tomando un color tornasol.

Era el quinto día desde su salida. Al menos sabía que si no llegaba hoy sería buscado a partir de ese día, pero ¿en dónde?

Llevaba más de 24 horas sin dormir. Otra vez el viento le trajo aquella conversación…


-Veo que no te has dado por vencido- dijo la brisa

No, no me he dado por vencido. Esta calma desalmada que me tortura en su paciencia de hacerme sufrir cada minuto no ha logrado vencerme- dijo el hombre mirando la espuma que se formaba en los pequeños rizos blancos que las olas creaban por la acción del viento.

No lo había notado pero en su desvarío el tiempo cambiaba. Una nube presagiaba otro episodio de aguas turbulentas.


Debes mirar donde no ves nada- dijo la voz del viento. Allí hallarás puerto seguro.

¿Dónde no veo nada?- exclamó el agotado hombre…no veo nada y estoy en el medio de la nada y, y…de ¿qué puerto seguro me hablas?

En las aguas más tempestuosas te metiste y las calmadas hoy te torturan en tu deriva. Busca bien bajo las nubes y sobre la ola. Escucha las voces de las ondas que hoy te mecen a su antojo. Son esas las mismas que te llevan a tu destino.

El pequeño bote comenzó a ser zarandeado otra vez. Ya el mar estaba en otra actitud. La de inclemente, potente y despiadado. Un ventarrón arrancó la vela y la lanzó al mar. El hombre miró la situación. La vela lo ayudaba y ahora estaba en plena mar con su mástil flotando a unos cuantos metros del bote.

Pensó en zambullirse pero, se detuvo pensando en que estaba débil para nadar y poder regresar al bote. Por otro lado la vela con los remos era su única oportunidad de navegar con algún rumbo.

Estaba decidido…no permitiría que aquella borrasca le venciera. Si habría de morir, sería luchando.

Buscó la soga del ancla y se la amarró a la cintura. Saltó al agua y sintió como la fuerza del mar lo alejaba de la embarcación y la soga se tensaba.

-debo nadar lo más rápido posible antes de que se pierda en el fondo- se dijo mientras veía como su vela casera se comenzaba a sumergir.

Logró agarrarla pero era demasiado pesada. En el agua la vela y los remos que en un momento una semana atrás hubiesen sido pan comido sacarlas del agua, ahora con las menguantes fuerzas, pesaba una tonelada.

Las sujetó mientras pensaba qué hacer.
- la soga- se dijo, amarraré la vela a la soga y así no la perderé.

Comenzó el amarre pero la maniobra conllevaba que el mismo se desatara para poder amarrar los remos y la improvisada vela.

Ya el oleaje era fuerte. El bote tiraba con cada subida y bajada.

Por fin el hombre pudo amarrar sus remos y vela y sin dejar de agarrar la soga se subió por ella hasta llegar al bote…que daba bandazos entre cada ola…

Subía una bajaba, subía bajaba,….y así entre una subida y bajada el hombre se subió para encontrarse metido otra vez en agua. El bote se había inundado y esta vez por mucho. No se hundía por tener recámaras de aire.

Comenzó a achicar el bote. Ya las olas eran de casi dos metros de altura y el viento bramaba con fuerza.

El hombre escuchó de pronto…que le llamaban.

Veeeeeeeeeeeeeeeeen, Veeeeeeeeeeeeeen,

Miró a través de la lluvia pero apenas podía distinguir algo. Sólo escuchaba..veeeeen, veeeen una y otra vez.

Entonces sintió que perdía el balance. Se aferró a las cuerdas de seguridad…pero se dio cuenta de que no serviría de nada…

En un momento todo estaba al revés. Una enorme ola se tragó la embarcación y la escupió nuevamente.

Ahora si estaba en aprietos…nadó hasta la volcada nave se trepó en el casco y se tiró a morir…

-este es el fin- jadeó

-No lo lograré- gimió al tiempo que se aferraba como mejor podía a los costados de su bote mientras el mar le azotaba sin clemencia.

¿Y ahora? ¿te das por vencido?- escuchó una ola decirle mientras lo azotaba.

-NO- dijo el hombre mientras escupía del agua salada que había tragado.

- no podrás vencerme- dijo otra ola al tiempo que engullía el bote y otra vez salía este a flote y sujeto al mismo…el hombre que se negaba a dejarlo.


Así siguió el mar. Embestida tras embestida, así siguió el hombre…aferrado a lo único que le quedaba…aquella embarcación. Su único asidero…


-Dioooooooooooooooooos!!!!! Gritó el hombre.

¿Hasta cuándo?... ¡basta ya! Reclamó.

El hombre exhausto pasó el resto de aquel día acostado sobre el casco invertido de su bote. Flotando a la deriva hacia donde lo llevaran las corrientes. Ya no tenía control de dirección ahora todo esta en manos del destino y la suerte.

Ya la noche se avecinaba y la mar algo más calmada le dio un tal vez último descanso a aquel hombre que se había echado a esperar.

Era el quinto día y ahora sí comenzaba la verdadera batalla con el hades…dios de la muerte.