Estampa Navideña
Atardecía aquel 22 de diciembre, una tarde fresca con olor a tierra húmeda por la más reciente llovizna.
Un día de ajetreado trajín de trabajo y consumerismo.
Ya no es lo mismo,
me decía al mirar el rostro de las gentes.
Todo el mundo iba y venía de prisa, nadie sonreía
al menos en la calle.
Los centros comerciales
llenos de una falsa bonanza.
En enero las tarjetas
cobrarían su venganza.
Caminaba por la acera cercana a la estación de gasolina
que en tiempos recientes se ha convertido más en un centro cervecero
para fomentar el que no se conduzca bajo los efectos del alcohol
sino que mejor llene el tanque aquí, pero no de gasolina.
Mas adelante veo los vendedores ambulantes,
esos que una absurda ley les prohibe vender en las calles
porque son negocios que no pagan,
los pobres que se las tienen que buscar de mil maneras
mientras los políticos se alzan con unas dietas
que pueden ser sueldos de cualquiera
y están exentas de impuestos.
Viva la justicia.
Luego de comprar unas flores, por eso de ayudarles a hacer algo en su Navidad,
me dió hambre.
Hombre
si no he comido en todo el día,
tengo que estar esmallao.
Busqué uno de esos restaurantes baratos que hacen comida criolla,
desde la puerta se sentía el aroma de la olla
y la tripa se llenó de esperanza.
Iba a llenar la panza
y a nadie le haría daño.
Total lo que gastaría
se iría más tarde por el caño.
Cualquier cosa es buena señor
una voz me dijo desde el suelo.
La gente cogía vuelo o
ponía cara de espanto,
al ver al pordiosero deseando
un poco de tanto.
Lo miré con recelo, con el temor de que te
pillen y te conviertan en otra estadística del crimen.
Sus piernas eran pura acción
de las llagas
hijas de la adicción.
Me acerqué y vi en sus ojos
la agonía, de aquel que ha perdido su orgullo
y que se le escapó su valía.
Cualquier cosa es buena señor,
tengo hambre.
Callé por unos segundos, callé por una eternidad.
La respuesta no salió de mis labios.
Miré dentro del restaurante y muchos rostros observaban destemplados
platos de comida desamparados
esperando ser comidos por físicos saludables.
Una pareja miraba hacia otro lado
Dos jóvenes se divertían con lo más moderno de
los celulares, una familia se apartaba del camino por el asco y el dueño del restaurante
justo iba a desahuciar al deambulante por espantar a sus clientes.
Déme dos órdenes y dos refrescos le dije a la dependienta.
¿Para llevar? preguntó
No para comer aquí.
Acto seguido me senté a esperar la comida.
Cuando llegó salí y llamé al hombre que me miró sin decir nada.
Tenga le dije. Buen provecho.
Gracias, gracias,
Dios le multiplique en bendiciones su generosidad, me dijo.
No sé por qué lo hice, pero en el fondo algo o alguien me dijo que era lo correcto. ¿quíen soy para juzgar al deambulante por su condición?, luego de ver todo lo que vi ese día podría decir sin temor a equivocarme que la culpa de esa situación en parte y en gran medida es causada por la indiferencia a nuestros problemas, enajenándonos de la realidad que nos rodea.
Al terminar esa noche, me acosté en paz aunque fuese un sólo día y escuché unas palabras muy claras....PORQUE TUVE HAMBRE Y ME DISTEIS DE COMER
FELIZ NAVIDAD
Un día de ajetreado trajín de trabajo y consumerismo.
Ya no es lo mismo,
me decía al mirar el rostro de las gentes.
Todo el mundo iba y venía de prisa, nadie sonreía
al menos en la calle.
Los centros comerciales
llenos de una falsa bonanza.
En enero las tarjetas
cobrarían su venganza.
Caminaba por la acera cercana a la estación de gasolina
que en tiempos recientes se ha convertido más en un centro cervecero
para fomentar el que no se conduzca bajo los efectos del alcohol
sino que mejor llene el tanque aquí, pero no de gasolina.
Mas adelante veo los vendedores ambulantes,
esos que una absurda ley les prohibe vender en las calles
porque son negocios que no pagan,
los pobres que se las tienen que buscar de mil maneras
mientras los políticos se alzan con unas dietas
que pueden ser sueldos de cualquiera
y están exentas de impuestos.
Viva la justicia.
Luego de comprar unas flores, por eso de ayudarles a hacer algo en su Navidad,
me dió hambre.
Hombre
si no he comido en todo el día,
tengo que estar esmallao.
Busqué uno de esos restaurantes baratos que hacen comida criolla,
desde la puerta se sentía el aroma de la olla
y la tripa se llenó de esperanza.
Iba a llenar la panza
y a nadie le haría daño.
Total lo que gastaría
se iría más tarde por el caño.
Cualquier cosa es buena señor
una voz me dijo desde el suelo.
La gente cogía vuelo o
ponía cara de espanto,
al ver al pordiosero deseando
un poco de tanto.
Lo miré con recelo, con el temor de que te
pillen y te conviertan en otra estadística del crimen.
Sus piernas eran pura acción
de las llagas
hijas de la adicción.
Me acerqué y vi en sus ojos
la agonía, de aquel que ha perdido su orgullo
y que se le escapó su valía.
Cualquier cosa es buena señor,
tengo hambre.
Callé por unos segundos, callé por una eternidad.
La respuesta no salió de mis labios.
Miré dentro del restaurante y muchos rostros observaban destemplados
platos de comida desamparados
esperando ser comidos por físicos saludables.
Una pareja miraba hacia otro lado
Dos jóvenes se divertían con lo más moderno de
los celulares, una familia se apartaba del camino por el asco y el dueño del restaurante
justo iba a desahuciar al deambulante por espantar a sus clientes.
Déme dos órdenes y dos refrescos le dije a la dependienta.
¿Para llevar? preguntó
No para comer aquí.
Acto seguido me senté a esperar la comida.
Cuando llegó salí y llamé al hombre que me miró sin decir nada.
Tenga le dije. Buen provecho.
Gracias, gracias,
Dios le multiplique en bendiciones su generosidad, me dijo.
No sé por qué lo hice, pero en el fondo algo o alguien me dijo que era lo correcto. ¿quíen soy para juzgar al deambulante por su condición?, luego de ver todo lo que vi ese día podría decir sin temor a equivocarme que la culpa de esa situación en parte y en gran medida es causada por la indiferencia a nuestros problemas, enajenándonos de la realidad que nos rodea.
Al terminar esa noche, me acosté en paz aunque fuese un sólo día y escuché unas palabras muy claras....PORQUE TUVE HAMBRE Y ME DISTEIS DE COMER
FELIZ NAVIDAD

2 Comments:
hola
espero que estés muy bien. que hayas pasado lindos días navideños y que este año nuevo la pases muy bien.
Te dejo un beso enorme.
Besos Sr. R!
Y feliz 2008.
He regresado!
Te mandé unos e mails, pero no sé si te han llegado.
Besos!
Publicar un comentario
<< Home