lunes, diciembre 03, 2007

CUENTO DE NAVIDAD cap III

Yo viajé con los tres Reyes Magos




Capítulo III

Entonces me fijé en el cielo y allí estaba, la estrella de seis puntas, iluminando la ruta. El camello trotaba libremente hacia ella, ¡de veras se conocía la ruta!

Según avanzábamos nos acercamos a la costa de una tierra desconocida. No veía nada que me fuera familiar. No era la costa de Puerto Rico llena de hoteles y casas a la orilla del mar.

Apenas se distinguía la luz de unas lámparas de queroseno iluminando unas frágiles casitas de madera con techo de zinc.
Al acercarnos a una de ellas(el camello y yo),desde la ventana pude distinguir una cajita con pasto o hierba para el camello. Me bajé de la montura y silenciosamente me acerqué y entré silenciosamente al humilde aposento.

En una esquina un diminuto pesebre iluminado con dos velas. Un cuartito separaba lo que sería el comedor, sala y cocina. Allí dormían una mujer y su hija. La niña no tendría más de 7 años, y eran la esposa e hija de un hombre que se había embarcado hacía 5 días en busca de un mejor porvenir para su familia. No sé como lo supe pero en mi mente tuve esa imagen clara como el agua.

Me acerqué a la cajita donde había una nota que decía:

Queridos reyes Magos no quiero nada para mí, solo les pido que cuiden a mi papito que está sólo en el mar y dicen que es un mar muy malo. El me prometió que me mandaría a buscar junto con mi mamá a ese país donde dicen que están mucho mejor que aquí y que podré ir a una buena escuela y tendré buenos doctores que me curen mi enfermedad…mi papá se llama Marcelo.

Les dejé comida a los camellos. Los quiero.

Rosaura

Miré la niña que dormía plácidamente y un nudo se me atoró en el corazón. Tenía la cara desfigurada con una fea partidura en el labio. Al verla noté que dormía con sus ojos entre abiertos y vi un hermoso color verde que hacía un contraste perfecto con aquella piel canela. Padecía de paladar hendido. Por los escasos recursos que tenía aquella familia no habían podido ayudar a su hija.

Me acordé de las palabras de Gaspar, "un solo regalo por hogar".

¿Qué le podía regalar a esa niña? Entonces reparé en que no tenía nada para dejarle.

Miré a todas partes buscando ayuda,y entonces vi el lápiz con el cual la niña había escrito su carta. Cerré mis ojos y entonces me di cuenta de lo que tenía que hacer.

Querida Rosaura

Dios te bendice. Se que tus palabras salen del corazón. Ve a la orilla del mar y cierra tus ojos. Cuando los abras regresa que tienes noticias de tu padre.

Tu fe dará frutos.

Firman

Los Reyes Magos


Ella no necesitaba saber que era uno sólo y fatulo. Luego de contestar su carta busqué en la montura algo que pudiese dejar de valor, me toqué la túnica y el turbante,ahhhh…ya sé.
Me acordé de la esmeralda que adornaba el turbante. Seguro que Baltasar no me lo perdonará.
No lo pensé dos veces. Desprendí la esmeralda y la coloqué junto al pequeño pesebre con la carta.

El camello se comió todo lo que le puso la niña. Era una combinación de coco rayado con un pasto muy fino y de aroma agradable. La verdad hasta me dio envidia el camello. Yo tenía algo de hambre.