Las dos hermanas...
Me muevo por las sombras, reflejos destellan cerca de mis pies.
Voy descalzo, sintiendo las húmedas piedras besadas por la mar.
Pauso el caminar y miro el panorama, arriba entre las ramas la lumbre
lunar parece sedada.
Oculta la mirada en
un velo gris que sube,
una lágrima de nube
me alienta a despertar.
Se acerca una tormenta
y en un claro que está oscuro
comienzo a levantar mi aposento temporal
consistente en dos estacas y una tienda
de acampar.
Coloco pequeña estera para posar mis asientos,
de cara doy al viento que
me invita a cavilar.
Extiendo la mano, nada que atrapar,
vuelan las ideas, y los tantos recuerdos.
Alegrías y lamentos
esperanzas por lograr.
Cierro mis ojos, respiro profundo
Todo arrojo es mi corazón
al mundo.
La noche lozana comienza a lucir
sus galas, luces de estrellas la engalanan.
Tu voz se me hace presente, el viento la trae
y me levanta. Miro a la lontanaza y el silencio
lacera como lanza haciéndome sangrar realidad.
Miro dentro de la caseta de acampar y allí te veo acostada
invitándome a pasar.
Me niego rotundamente no deseo a tu lado estar
Juagas con mi mente me susurras vente que te voy
confortar..que me harás el amor ardiente, que me morderé los dientes
y que me abrazarás hasta el alba, que te me darás toda con calma que me dejarás
sudar.
Miro hacia el otro lado, me levanto y dando tumbos me alejo.
Del sueño que llevaba solo un dejo del amor que tengo...un todo a quién dar.
Volví la mirada al mar, a ese que me comprende, y sin dejarme intimidar me acerqué
a sus llanuras.
Hundiendo el rostro en sus frescas aguas
siento de pronto un escalofrío
un río de contracción se me sube por la espalda.
De un salto salvo la guarda
y volteo a ver la visita.
Y allí con una camisita de muchas estrellas, estaba ella,
la otra...obviamente de ella, ambas eran doncellas.
Hoy andaban juntas como hacía tiempo no se encontraban.
Hoy me hablaban desde los árboles y sus ramas, desde la mar y sus espumas
desde la noche desde la luna, donde quiera que mirara eran dos Insomnia y Soledad
las dos hermanas.
Voy descalzo, sintiendo las húmedas piedras besadas por la mar.
Pauso el caminar y miro el panorama, arriba entre las ramas la lumbre
lunar parece sedada.
Oculta la mirada en
un velo gris que sube,
una lágrima de nube
me alienta a despertar.
Se acerca una tormenta
y en un claro que está oscuro
comienzo a levantar mi aposento temporal
consistente en dos estacas y una tienda
de acampar.
Coloco pequeña estera para posar mis asientos,
de cara doy al viento que
me invita a cavilar.
Extiendo la mano, nada que atrapar,
vuelan las ideas, y los tantos recuerdos.
Alegrías y lamentos
esperanzas por lograr.
Cierro mis ojos, respiro profundo
Todo arrojo es mi corazón
al mundo.
La noche lozana comienza a lucir
sus galas, luces de estrellas la engalanan.
Tu voz se me hace presente, el viento la trae
y me levanta. Miro a la lontanaza y el silencio
lacera como lanza haciéndome sangrar realidad.
Miro dentro de la caseta de acampar y allí te veo acostada
invitándome a pasar.
Me niego rotundamente no deseo a tu lado estar
Juagas con mi mente me susurras vente que te voy
confortar..que me harás el amor ardiente, que me morderé los dientes
y que me abrazarás hasta el alba, que te me darás toda con calma que me dejarás
sudar.
Miro hacia el otro lado, me levanto y dando tumbos me alejo.
Del sueño que llevaba solo un dejo del amor que tengo...un todo a quién dar.
Volví la mirada al mar, a ese que me comprende, y sin dejarme intimidar me acerqué
a sus llanuras.
Hundiendo el rostro en sus frescas aguas
siento de pronto un escalofrío
un río de contracción se me sube por la espalda.
De un salto salvo la guarda
y volteo a ver la visita.
Y allí con una camisita de muchas estrellas, estaba ella,
la otra...obviamente de ella, ambas eran doncellas.
Hoy andaban juntas como hacía tiempo no se encontraban.
Hoy me hablaban desde los árboles y sus ramas, desde la mar y sus espumas
desde la noche desde la luna, donde quiera que mirara eran dos Insomnia y Soledad
las dos hermanas.

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