sábado, mayo 22, 2010

Una historia



Caminaba resuelto con mil cosas en la mente, mirando las caras, tropezando con las gentes. La soledad se me había afianzado al brazo y ya la tenía como pareja en todos mis andares.
Me concentraba en los proyectos para otros, ocupando mi mente y mis energías en tiempos ajenos. El mío, siempre solo.

Recuerdo que buscaba unos papeles para dar explicaciones e ideas en las que se ejecutaría el plan de aquel día, un beso en la camisa de parte de una amiga que por joder maldad me hacía y allí de pronto encontré la conección de tu mirada. No lo sabía, ni siquiera lo imaginaba.
Mi mente ocupada no tuvo tiempo de ver lo que sí vieron el corazón y el alma, porque al final de aquella breve reunión caminábamos sonreídos como si nos conociéramos de mucho antes.

Y poco a poco fueron sucediendo sucesos que atrapaban los suspiros de parte y parte en soledades compartidas de sueños truncados.Y poco a poco se fueron concertando las condiciones. Las emociones se abrieron a la piel.

La paz llegaba con el mero acto de una palabra, de una lectura y entonces allí en una mesa de aquel recinto del Sur me sentí aceptado, no me sentí solo, porque desde antes ya el alma y el corazón sabían que no lo estaban.

Y pasó el tiempo y ante la necesidad del alma, de las almas, y los corazones de ese deseo de vida, de ese deseo de existir en otro; las miradas se cruzaron y en un momento de osadía frente al mar nuestros labios sellaron el sentimiento. Y ya no hubo marcha atrás. La realidad se hizo evidente. De aquellas miradas y sonrisas surgió algo que era muy fuerte, más fuerte que todo lo que nos rodeaba. Que cualquier otra circunstancia, y solo fue cuestión de tiempo que nuestros cuerpos conjugaran el verbo amar en acción de amarse y poseerse.
Y hoy el aire que mi ser respira es tóxico sin tu presencia me muero sin ti, y tengo la vida en un hilo cuando no estás.

Te amo